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miércoles, 2 de noviembre de 2022
viernes, 19 de mayo de 2017
Protección del medio ambiente. No es oro todo lo que reluce
Conferencia "Protección del medio ambiente. No es oro todo lo que reluce", por el periodista Ángel Cuaresma en la XXXII Semana Diocesana del Enfermo de Valladolid.
18-5-2017
Ángel Cuaresma es un gran periodista y mejor persona, y le aprecio mucho. Sin embargo, creo que está muy equivocado en muchas de las cosas que dice en esta charla. Pero bueno, abierto está el debate.
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miércoles, 15 de marzo de 2017
El paradigma de las minas a cielo abierto
En mi entorno territorial próximo, han surgido en los últimos meses algunos proyectos de explotaciones mineras a cielo abierto. Estaba pensando, a este respecto, lo bonito que suena el nombre: "a cielo abierto". Debe ser el nombre lo único bonito que tienen, porque todo son perjuicios. De hecho, quizás deberían denominarse minas "a tierra abierta", por el tajo que producen a la superficie terrestre.
Pero, aparte de las consideraciones de nomenclatura, confluyen en las minas a cielo abierto una serie de circunstancias que reúno aquí en lo que he denominado "el paradigma de las minas a cielo abierto". Mis argumentos son los siguientes:
-La minería en general es insostenible por definición, ya que explotan unos recursos naturales no renovables (el material mineral extraído).
-Estas minas destruyen otros recursos naturales que no son objeto del aprovechamiento minero en sí. Por ejemplo: destruyen el paisaje, la vegetación, el suelo (con su capacidad productiva para cultivos y ecosistemas, y su papel como sumidero de carbono).
-Afectan negativamente a aspectos medioambientales diversos, como la fauna, los climas locales y los microclimas, el ciclo hidrológico local de las cuencas afectadas, etc.
-Desde el punto de vista socioeconómico, en la minería a cielo abierto -y en la minería en general- una empresa particular aprovecha unos recursos que son `de todos´, sin dejar apenas beneficios para las poblaciones locales.
Es cierto que la normativa obliga a unas medidas correctoras de los impactos ambientales. Es cierto también que, en algunos casos, puede existir un `interés general´ en estas explotaciones, de tal manera que la sociedad en general obtenga un beneficio, aunque este no lo reciba directamente la población local.
Sin embargo, en la mayoría de los casos, la minería a cielo abierto, rompe el modelo de desarrollo de las comarcas donde se establece, en muchos casos zonas de gran interés paisajístico y natural o histórico-cultural, en cuya economía tienen una significativa participación actividades relacionadas con el entorno natural como son el turismo rural o de naturaleza, aprovechamientos micológicos, agricultura, ganadería, selvicultura, apicultura, etc.
El papa Francisco en su conocida encíclica Laudato si´sobre el cuidado de la `casa común´, escribe algunas frases tremendamente elocuentes. Pongo algunos ejemplos directamente aplicables al asunto que nos ocupa:
-"La exposición a los contaminantes atmosféricos produce un amplio espectro de efectos sobre la salud, especialmente de los más pobres, provocando millones de muertes prematuras".
-"La tierra, nuestra casa, parece convertirse cada vez más en un inmenso depósito de porquería. En muchos lugares del planeta, los ancianos añoran los paisajes de otros tiempos, que ahora se ven inundados de basura".
-"La humanidad está llamada a tomar conciencia de la necesidad de realizar cambios de estilos de vida, de producción y de consumo, para combatir este calentamiento [global] o, al menos, las causas humanas que lo producen o acentúan".
-"Conocemos bien la imposibilidad de sostener el actual nivel de consumo de los países más desarrollados y de los sectores más ricos de las sociedades, donde el hábito de gastar y tirar alcanza niveles inauditos. Ya se han rebasado ciertos límites máximos de explotación del planeta, sin que hayamos resuelto el problema de la pobreza".
-"El agua potable y limpia representa una cuestión de primera importancia, porque es indispensable para la vida humana y para sustentar los ecosistemas terrestres y acuáticos".
-"Las aguas subterráneas en muchos lugares están amenazadas por la contaminación que producen algunas actividades extractivas, agrícolas e industriales, sobre todo en países donde no hay una reglamentación y controles suficientes".
-"Los recursos de la tierra también están siendo depredados a causa de formas inmediatistas de entender la economía y la actividad comercial y productiva".
-"El cuidado de los ecosistemas supone una mirada que vaya más allá de lo inmediato, porque cuando sólo se busca un rédito económico rápido y fácil, a nadie le interesa realmente su preservación. Pero el costo de los daños que se ocasionan por el descuido egoísta es muchísimo más alto que el beneficio económico que se pueda obtener".
-"Si tenemos en cuenta que el ser humano también es una criatura de este mundo, que tiene derecho a vivir y a ser feliz, y que además tiene una dignidad especialísima, no podemos dejar de considerar los efectos de la degradación ambiental, del actual modelo de desarrollo".
Frente a un modelo de desarrollo basado en el inmediatismo económico y en el consumo insostenible de recursos naturales, la sociedad debe asumir y promover un nuevo modelo que, sin oponerse al progreso, se base en la conservación de los recursos naturales y en las personas, con su historia, su cultura y su derecho a vivir feliz.
Pero, aparte de las consideraciones de nomenclatura, confluyen en las minas a cielo abierto una serie de circunstancias que reúno aquí en lo que he denominado "el paradigma de las minas a cielo abierto". Mis argumentos son los siguientes:
-La minería en general es insostenible por definición, ya que explotan unos recursos naturales no renovables (el material mineral extraído).
-Estas minas destruyen otros recursos naturales que no son objeto del aprovechamiento minero en sí. Por ejemplo: destruyen el paisaje, la vegetación, el suelo (con su capacidad productiva para cultivos y ecosistemas, y su papel como sumidero de carbono).
-Afectan negativamente a aspectos medioambientales diversos, como la fauna, los climas locales y los microclimas, el ciclo hidrológico local de las cuencas afectadas, etc.
-Desde el punto de vista socioeconómico, en la minería a cielo abierto -y en la minería en general- una empresa particular aprovecha unos recursos que son `de todos´, sin dejar apenas beneficios para las poblaciones locales.
Es cierto que la normativa obliga a unas medidas correctoras de los impactos ambientales. Es cierto también que, en algunos casos, puede existir un `interés general´ en estas explotaciones, de tal manera que la sociedad en general obtenga un beneficio, aunque este no lo reciba directamente la población local.
Sin embargo, en la mayoría de los casos, la minería a cielo abierto, rompe el modelo de desarrollo de las comarcas donde se establece, en muchos casos zonas de gran interés paisajístico y natural o histórico-cultural, en cuya economía tienen una significativa participación actividades relacionadas con el entorno natural como son el turismo rural o de naturaleza, aprovechamientos micológicos, agricultura, ganadería, selvicultura, apicultura, etc.
El papa Francisco en su conocida encíclica Laudato si´sobre el cuidado de la `casa común´, escribe algunas frases tremendamente elocuentes. Pongo algunos ejemplos directamente aplicables al asunto que nos ocupa:
-"La exposición a los contaminantes atmosféricos produce un amplio espectro de efectos sobre la salud, especialmente de los más pobres, provocando millones de muertes prematuras".
-"La tierra, nuestra casa, parece convertirse cada vez más en un inmenso depósito de porquería. En muchos lugares del planeta, los ancianos añoran los paisajes de otros tiempos, que ahora se ven inundados de basura".
-"La humanidad está llamada a tomar conciencia de la necesidad de realizar cambios de estilos de vida, de producción y de consumo, para combatir este calentamiento [global] o, al menos, las causas humanas que lo producen o acentúan".
-"Conocemos bien la imposibilidad de sostener el actual nivel de consumo de los países más desarrollados y de los sectores más ricos de las sociedades, donde el hábito de gastar y tirar alcanza niveles inauditos. Ya se han rebasado ciertos límites máximos de explotación del planeta, sin que hayamos resuelto el problema de la pobreza".
-"El agua potable y limpia representa una cuestión de primera importancia, porque es indispensable para la vida humana y para sustentar los ecosistemas terrestres y acuáticos".
-"Las aguas subterráneas en muchos lugares están amenazadas por la contaminación que producen algunas actividades extractivas, agrícolas e industriales, sobre todo en países donde no hay una reglamentación y controles suficientes".
-"Los recursos de la tierra también están siendo depredados a causa de formas inmediatistas de entender la economía y la actividad comercial y productiva".
-"El cuidado de los ecosistemas supone una mirada que vaya más allá de lo inmediato, porque cuando sólo se busca un rédito económico rápido y fácil, a nadie le interesa realmente su preservación. Pero el costo de los daños que se ocasionan por el descuido egoísta es muchísimo más alto que el beneficio económico que se pueda obtener".
-"Si tenemos en cuenta que el ser humano también es una criatura de este mundo, que tiene derecho a vivir y a ser feliz, y que además tiene una dignidad especialísima, no podemos dejar de considerar los efectos de la degradación ambiental, del actual modelo de desarrollo".
Frente a un modelo de desarrollo basado en el inmediatismo económico y en el consumo insostenible de recursos naturales, la sociedad debe asumir y promover un nuevo modelo que, sin oponerse al progreso, se base en la conservación de los recursos naturales y en las personas, con su historia, su cultura y su derecho a vivir feliz.
Mina a cielo abierto en Nuevo México (Estados Unidos). Fuente: wikipedia
martes, 22 de noviembre de 2016
Before the flood
Recientemente National Geographic estrenó el documental "Before the flood" (Antes de la inundación), presentado por el actor estadounidense Leonardo DiCaprio.
Lo mejor que tiene es que expone de manera más o menos objetiva algunos de los principales problemas ambientales, y que invita a la reflexión sobre el tema, que siempre es deseable.
Sin embargo, el documental es, en mi opinión, demasiado personalista, centrada en la vida y experiencias del actor protagonista. Quizás, asimismo, demasiado dirigido a la opinión pública estadounidense, sobre la que quiere influir para variar el sentido de su voto.
En algunos momentos es excesivamente catastrófica, en la línea de algunos profetas del ecologismo y de otros documentales de NG. No obstante, son interesantes los casos que muestra en China, Indonesia o India.
La aparición de líderes mundiales como el papa Francisco, Obama o Ban Ki-moon, le dan cierto empaque, pero el desarrollo general del documental es un tanto caótico y suena en ocasiones a propagandístico.
Si sirve para promover un debate serio sobre el cambio climático y el cambio global, bienvenido sea.
Aquí dejamos el enlace al trailer de la película en youtube.
Lo mejor que tiene es que expone de manera más o menos objetiva algunos de los principales problemas ambientales, y que invita a la reflexión sobre el tema, que siempre es deseable.
Sin embargo, el documental es, en mi opinión, demasiado personalista, centrada en la vida y experiencias del actor protagonista. Quizás, asimismo, demasiado dirigido a la opinión pública estadounidense, sobre la que quiere influir para variar el sentido de su voto.
En algunos momentos es excesivamente catastrófica, en la línea de algunos profetas del ecologismo y de otros documentales de NG. No obstante, son interesantes los casos que muestra en China, Indonesia o India.
La aparición de líderes mundiales como el papa Francisco, Obama o Ban Ki-moon, le dan cierto empaque, pero el desarrollo general del documental es un tanto caótico y suena en ocasiones a propagandístico.
Si sirve para promover un debate serio sobre el cambio climático y el cambio global, bienvenido sea.
Aquí dejamos el enlace al trailer de la película en youtube.
lunes, 19 de septiembre de 2016
Declaración de Torreciudad (Declaración Interreligiosa sobre Cooperación entre Ciencia y Religión para el Cuidado Ambiental)
Esta declaración es el resultado del Seminario Internacional sobre Cooperación entre Ciencia y Religión para el Cuidado Ambiental (http://www.issrec.org/), basado en la Encíclica Laudato si’ del Papa Francisco.
En el seminario participaron científicos, teólogos y líderes religiosos con interés ambiental, provenientes de las principales tradiciones espirituales del planeta. La declaración está abierta a quienes reconozcan la importancia de los problemas ambientales y la necesidad de promover una mayor cooperación entre las ciencias y las principales tradiciones religiosas y espirituales de la humanidad para contribuir a la solución de los mismos.
1. La gran mayoría de la población que habita nuestro planeta cree en la importancia de las tradiciones espirituales y religiosas en su vida diaria. Estas tradiciones constituyen una importante fuente de inspiración y una base que sustenta sus valores morales, así como una cosmovisión sobre quiénes somos en relación con Dios, con la Tierra y con el resto de los seres humanos. Como se indica en la Laudato si’: “esto debería provocar a las religiones a entrar en un diálogo entre ellas orientado al cuidado de la naturaleza, a la defensa de los pobres, a la construcción de redes de respeto y de fraternidad” (§201). De modo similar, otros líderes religiosos han señalado la importancia de la cooperación entre las principales religiones y tradiciones espirituales para abordar los problemas ambientales. Además, en los últimos años se han firmado declaraciones interreligiosas que subrayan que la degradación de la naturaleza es también un problema moral y espiritual, y no sólo económico o técnico. Entre ellas se encuentran la declaración conjunta de 2002 del Papa Juan Pablo II y el Patriarca Bartolomé I; el Manifiesto Interreligioso de Uppsala sobre Cambio Climático en 2008, y las Declaraciones Islámica y Budista sobre Cambio Climático en 2015. Sin embargo, aún se requieren acciones más firmes para cambiar los actuales modelos económicos y sociales hacia otros ambientalmente más amigables.
2. La Ciencia juega un papel crítico en la comprensión de los problemas ambientales, así como en el seguimiento y en la proyección de sus tendencias. La degradación del medio ambiente es global, tanto en lo que se refiere a la superficie como a las temáticas que afecta. El cambio climático, la acidificación de los océanos, la contaminación del agua y del aire, la pérdida de biodiversidad y de hábitats, y muchos otros problemas tienen que ser enfrentados mediante la integración de diferentes disciplinas, incluyendo las ciencias naturales, las ciencias sociales y las humanidades. Se requiere una cooperación más estrecha entre esas disciplinas, que son clave para alcanzar una visión más comprehensiva de los retos ambientales a los que nos enfrentamos, así como de sus complejas interrelaciones. Tal y como indica la Encíclica del Papa Francisco, “la especialización tiende a convertirse en aislamiento y en absolutización del propio saber. Esto impide afrontar adecuadamente los problemas del medio ambiente” (Laudato si’, §201).
3. La Ciencia en solitario no puede resolver la actual crisis ecológica. Se necesita una mayor cooperación de todos los actores que afectan a las decisiones y a las actitudes sociales y ambientales, incluyendo grupos políticos, organizaciones no gubernamentales y empresas. Las tradiciones religiosas y espirituales son la fuente más antigua de valores morales, sabiduría e inspiración. Ellas nos proponen modelos para vivir con justicia, paz y armonía. Los valores espirituales y culturales nos estimulan a evitar el consumismo, uno de los principales responsables de la degradación ambiental; nos animan a cultivar las virtudes y a mostrar compasión hacia el resto de los seres humanos, los animales y plantas, así como a apreciar hondamente el aire, la tierra y los océanos donde habitan: nuestra Hermana y Madre Tierra. Por estas razones, se requiere una cooperación más estrecha entre científicos y líderes religiosos para promover una mayor conciencia y una acción ambiental más efectiva.
4. Las comunidades religiosas y espirituales tienen un papel prominente en la educación, particularmente en lo que respecta a los jóvenes. Por ello, es esencial que los líderes de todas las confesiones y a todos los niveles comprendan los problemas ambientales a los que nos enfrentamos y promuevan una “conversión ecológica”, que modifique nuestros actuales estilos de vida, ambientalmente insostenibles. Los cambios radicales que se requieren implican no sólo prestar más atención a los temas ambientales o reducir superficialmente nuestros patrones de consumo. Se trata más bien de promover “…una mirada distinta, un pensamiento, una política, un programa educativo, un estilo de vida y una espiritualidad que conformen una resistencia ante el avance del paradigma tecnocrático” (Laudato si’, §111). Las escuelas, parroquias, templos, mezquitas, madrasas, sinagogas, monasterios y otras instituciones religiosas, deberían estar más activamente implicadas en que seamos custodios responsables de la Tierra, en lugar de ser sus devastadores.
5. La gravedad de los problemas ambientales y sus tendencias ponen en serio riesgo la habitabilidad de nuestro planeta. Las evidencias científicas muestran la escala y la relevancia de los impactos causados por la intervención humana en muchos procesos naturales. Somos responsables del cambio climático reciente, debido al uso intensivo de combustibles fósiles, con impactos ambientales y sociales potencialmente catastróficos. Estamos causando extinciones masivas de especies, la mayoría de ellas desconocidas e irreparablemente perdidas, tanto para nosotros como para nuestros descendientes. Estamos contaminando el aire y el agua, perturbando los ecosistemas, talando los bosques, destruyendo suelos fértiles y despilfarrando recursos. La población más vulnerable —en particular los pobres, marginados y excluidos— ya está sufriendo gravemente los efectos. Los problemas ambientales y sociales a menudo tienen las mismas raíces y, por ello, deben ser abordados conjuntamente: “Las líneas para la solución requieren una aproximación integral para combatir la pobreza, para devolver la dignidad a los excluidos y simultáneamente para cuidar la naturaleza” (Laudato si’, §139). Dependemos de los sistemas naturales para conservar este planeta como nuestro hogar para las generaciones presentes y futuras. Sin embargo, como el Papa indica, “…no basta pensar en las distintas especies sólo como eventuales «recursos» explotables, olvidando que tienen un valor en sí mismas. Cada año desaparecen miles de especies vegetales y animales que ya no podremos conocer, que nuestros hijos ya no podrán ver, perdidas para siempre (Laudato si’, §33).
6. Necesitamos revertir urgentemente las tendencias más amenazantes de degradación ambiental. Necesitamos alentar un nuevo modelo de progreso que integre la ecología humana y natural, que promueva energías limpias y economías sostenibles. Necesitamos encontrar modos de vida creativos que se concentren en los valores esenciales en lugar de dirigirnos hacia un consumismo absurdo (menos es más); necesitamos un pensamiento realista y esperanzador que haga nuestras vidas más felices, al tiempo que incentive el cuidado del resto de las personas, de los seres vivos y hábitats. Necesitamos que la Ciencia y la Religión trabajen juntas para que ese cambio tan necesario ocurra.
Santuario de Torreciudad, España, 21 de junio de 2016.
Enlace para adherirse
En el seminario participaron científicos, teólogos y líderes religiosos con interés ambiental, provenientes de las principales tradiciones espirituales del planeta. La declaración está abierta a quienes reconozcan la importancia de los problemas ambientales y la necesidad de promover una mayor cooperación entre las ciencias y las principales tradiciones religiosas y espirituales de la humanidad para contribuir a la solución de los mismos.
1. La gran mayoría de la población que habita nuestro planeta cree en la importancia de las tradiciones espirituales y religiosas en su vida diaria. Estas tradiciones constituyen una importante fuente de inspiración y una base que sustenta sus valores morales, así como una cosmovisión sobre quiénes somos en relación con Dios, con la Tierra y con el resto de los seres humanos. Como se indica en la Laudato si’: “esto debería provocar a las religiones a entrar en un diálogo entre ellas orientado al cuidado de la naturaleza, a la defensa de los pobres, a la construcción de redes de respeto y de fraternidad” (§201). De modo similar, otros líderes religiosos han señalado la importancia de la cooperación entre las principales religiones y tradiciones espirituales para abordar los problemas ambientales. Además, en los últimos años se han firmado declaraciones interreligiosas que subrayan que la degradación de la naturaleza es también un problema moral y espiritual, y no sólo económico o técnico. Entre ellas se encuentran la declaración conjunta de 2002 del Papa Juan Pablo II y el Patriarca Bartolomé I; el Manifiesto Interreligioso de Uppsala sobre Cambio Climático en 2008, y las Declaraciones Islámica y Budista sobre Cambio Climático en 2015. Sin embargo, aún se requieren acciones más firmes para cambiar los actuales modelos económicos y sociales hacia otros ambientalmente más amigables.
2. La Ciencia juega un papel crítico en la comprensión de los problemas ambientales, así como en el seguimiento y en la proyección de sus tendencias. La degradación del medio ambiente es global, tanto en lo que se refiere a la superficie como a las temáticas que afecta. El cambio climático, la acidificación de los océanos, la contaminación del agua y del aire, la pérdida de biodiversidad y de hábitats, y muchos otros problemas tienen que ser enfrentados mediante la integración de diferentes disciplinas, incluyendo las ciencias naturales, las ciencias sociales y las humanidades. Se requiere una cooperación más estrecha entre esas disciplinas, que son clave para alcanzar una visión más comprehensiva de los retos ambientales a los que nos enfrentamos, así como de sus complejas interrelaciones. Tal y como indica la Encíclica del Papa Francisco, “la especialización tiende a convertirse en aislamiento y en absolutización del propio saber. Esto impide afrontar adecuadamente los problemas del medio ambiente” (Laudato si’, §201).
3. La Ciencia en solitario no puede resolver la actual crisis ecológica. Se necesita una mayor cooperación de todos los actores que afectan a las decisiones y a las actitudes sociales y ambientales, incluyendo grupos políticos, organizaciones no gubernamentales y empresas. Las tradiciones religiosas y espirituales son la fuente más antigua de valores morales, sabiduría e inspiración. Ellas nos proponen modelos para vivir con justicia, paz y armonía. Los valores espirituales y culturales nos estimulan a evitar el consumismo, uno de los principales responsables de la degradación ambiental; nos animan a cultivar las virtudes y a mostrar compasión hacia el resto de los seres humanos, los animales y plantas, así como a apreciar hondamente el aire, la tierra y los océanos donde habitan: nuestra Hermana y Madre Tierra. Por estas razones, se requiere una cooperación más estrecha entre científicos y líderes religiosos para promover una mayor conciencia y una acción ambiental más efectiva.
4. Las comunidades religiosas y espirituales tienen un papel prominente en la educación, particularmente en lo que respecta a los jóvenes. Por ello, es esencial que los líderes de todas las confesiones y a todos los niveles comprendan los problemas ambientales a los que nos enfrentamos y promuevan una “conversión ecológica”, que modifique nuestros actuales estilos de vida, ambientalmente insostenibles. Los cambios radicales que se requieren implican no sólo prestar más atención a los temas ambientales o reducir superficialmente nuestros patrones de consumo. Se trata más bien de promover “…una mirada distinta, un pensamiento, una política, un programa educativo, un estilo de vida y una espiritualidad que conformen una resistencia ante el avance del paradigma tecnocrático” (Laudato si’, §111). Las escuelas, parroquias, templos, mezquitas, madrasas, sinagogas, monasterios y otras instituciones religiosas, deberían estar más activamente implicadas en que seamos custodios responsables de la Tierra, en lugar de ser sus devastadores.
5. La gravedad de los problemas ambientales y sus tendencias ponen en serio riesgo la habitabilidad de nuestro planeta. Las evidencias científicas muestran la escala y la relevancia de los impactos causados por la intervención humana en muchos procesos naturales. Somos responsables del cambio climático reciente, debido al uso intensivo de combustibles fósiles, con impactos ambientales y sociales potencialmente catastróficos. Estamos causando extinciones masivas de especies, la mayoría de ellas desconocidas e irreparablemente perdidas, tanto para nosotros como para nuestros descendientes. Estamos contaminando el aire y el agua, perturbando los ecosistemas, talando los bosques, destruyendo suelos fértiles y despilfarrando recursos. La población más vulnerable —en particular los pobres, marginados y excluidos— ya está sufriendo gravemente los efectos. Los problemas ambientales y sociales a menudo tienen las mismas raíces y, por ello, deben ser abordados conjuntamente: “Las líneas para la solución requieren una aproximación integral para combatir la pobreza, para devolver la dignidad a los excluidos y simultáneamente para cuidar la naturaleza” (Laudato si’, §139). Dependemos de los sistemas naturales para conservar este planeta como nuestro hogar para las generaciones presentes y futuras. Sin embargo, como el Papa indica, “…no basta pensar en las distintas especies sólo como eventuales «recursos» explotables, olvidando que tienen un valor en sí mismas. Cada año desaparecen miles de especies vegetales y animales que ya no podremos conocer, que nuestros hijos ya no podrán ver, perdidas para siempre (Laudato si’, §33).
6. Necesitamos revertir urgentemente las tendencias más amenazantes de degradación ambiental. Necesitamos alentar un nuevo modelo de progreso que integre la ecología humana y natural, que promueva energías limpias y economías sostenibles. Necesitamos encontrar modos de vida creativos que se concentren en los valores esenciales en lugar de dirigirnos hacia un consumismo absurdo (menos es más); necesitamos un pensamiento realista y esperanzador que haga nuestras vidas más felices, al tiempo que incentive el cuidado del resto de las personas, de los seres vivos y hábitats. Necesitamos que la Ciencia y la Religión trabajen juntas para que ese cambio tan necesario ocurra.
Santuario de Torreciudad, España, 21 de junio de 2016.
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Medio Ambiente
lunes, 4 de abril de 2016
Parque Nacional Torres de Paine (Chile)
Aquí os dejo esta presentación sobre el Parque Nacional Torres de Paine (Chile), que merece la pena conocer.
Enlace presentación
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Conservación de la Naturaleza,
Medio Ambiente
Riesgo de la deforestación para el pueblo pigmeo
Aquí os dejo un artículo de El Español en el que se habla del riesgo que supone la deforestación para el pueblo pigmeo.
Enlace noticia
martes, 11 de agosto de 2015
Dos enlaces
Os dejo dos enlaces muy interesantes, referidos al profesor Emilio Chuvieco:
Libro: Cuidar la Tierra. Razones para conservar la Naturaleza.
Artículo: La cuestión ecológica no es opcional.
Libro: Cuidar la Tierra. Razones para conservar la Naturaleza.
Artículo: La cuestión ecológica no es opcional.
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Universidad
lunes, 13 de julio de 2015
Comentario sobre el Capítulo Primero de Laudato Si'
Os dejo el texto de mi intervención en la presentación de la encíclica Laudato Si' en la diócesis de Ávila. Intervinieron el Sr. Obispo, don Jesús García Burillo, los teólogos don Olegario González de Cardedal y don Jorge Zazo y un servidor. Entended que no es un texto elaborado sino más bien un esquema de mi intervención oral.
Señor Obispo, amigos todos:
En primer lugar me gustaría agradecer a don Jesús su confianza por la invitación a participar en este acto, invitación realizada a través de la Rectora de la Universidad Católica “Santa Teresa de Jesús” de Ávila.
Queridos amigos, la publicación de la encíclica Laudato Si’ del papa Francisco es ya un acontecimiento histórico que supondrá un antes y un después en la visión y la comprensión del medio ambiente por parte de los habitantes del mundo. Es esta una encíclica muy esperada, certera, abierta a todos -no sólo a los católicos-, fácil de leer, preciosa. Y como muestra de ello os dejo una primera frase: “El suelo, el agua, las montañas, todo es caricia de Dios” (84). ¿Hay forma más bonita y fiel de definir la creación?
Estructura de la Carta Encíclica (Introducción+6 capítulos):
1. Lo que está pasando a nuestra casa
2. El evangelio de la creación
3. Raíz humana de la crisis ecológica
4. Una ecología integral
5. Algunas líneas de orientación y acción
6. Educación y espiritualidad ecológica
Antecedentes
La encíclica LS no sale de la nada. El papa “no se ha hecho ecologista de repente”. La doctrina social de la Iglesia y diversos documentos del Magisterio han tratado ya la cuestión ambiental:
Juan XXIII: Pacem in terris
Pablo VI: Octogesima adveniens, discurso en la FAO 1970
Juan Pablo II: Redemptor hominis, Centesimus annus, catequesis, Sollicitudo rei socialis
Benedicto XVI: Caritas in veritate, sin duda con contenido económico, social y ambiental de gran calado, que supone una sobresaliente antesala a esta nueva encíclica de Francisco.
Me gustaría destacar la figura de San Francisco de Asis, “santo patrono de todos los que estudian y trabajan en torno a la ecología”, muestra “hasta qué punto son inseparables la preocupación por la naturaleza, la justicia con los pobres, el compromiso con la sociedad y la paz interior”. Padre de la espiritualidad ambiental, de la que habla también al final. Decía Francisco de Asís: “A través de la grandeza y de la belleza de las criaturas, se conoce por analogía al autor”. Algo que sabemos muy bien los que solemos pasear o hacer “trabajo de campo” en plena naturaleza.
“Llamado” del papa Francisco
-Desafío urgente de proteger nuestra casa común que incluye la preocupación de unir a toda la familia humana en la búsqueda de un desarrollo sostenible e integral
-“Invitación urgente a un nuevo diálogo sobre el modo como estamos construyendo el futuro del planeta”.
Necesitamos una “solidaridad universal nueva”. “Todos podemos colaborar como instrumentos de Dios para el cuidado de la creación, cada uno desde su cultura, su experiencia, sus iniciativas y sus capacidades”
En el Capítulo Primero el papa hace un diagnóstico de la situación ambiental actual de nuestra “casa común”, para “tomar dolorosa conciencia, atrevernos a convertir en sufrimiento personal lo que le pasa al mundo, y así reconocer cuál es la contribución que cada uno puede aportar” (19).
Quizás no sea necesario explicarlo, pero la palabra ecología se compone de oikos (casa) y logía (estudio de). De ahí que Francisco hable de “lo que le está pasando a nuestra casa”.
Apartados:
I. Contaminación y cambio climático
Contaminación, basura y cultura del descarte
El clima como bien común
20-22
23-26
II. La cuestión del agua
27-31
III. Pérdida de biodiversidad
32-42
IV. Deterioro de la calidad de la vida humana y degradación social
43-47
V. Inequidad planetaria
48-52
VI. La debilidad de las reacciones
53-59
VII. Diversidad de opiniones
60-61
El papa empieza la encíclica constatando que se está produciendo una aceleración de los cambios de la humanidad y del planeta, así como de los ritmos de vida y del trabajo (“rapidación”) (18). Para después reflexionar:
“El cambio es algo deseable, pero se vuelve preocupante cuando se convierte en deterioro del mundo y de la calidad de vida de gran parte de la humanidad” (18)
Este primer capítulo podría dividirse en tres partes:
1º Principales problemas ambientales (del “ambiente natural”): contaminación, cambio climático, el agua y pérdida de biodiversidad. En otros capítulos añade otros problemas: desertificación, uso de transgénicos o experimentación con embriones humanos.
2º Problemas del “ambiente humano”: deterioro de la calidad de la vida humana, degradación social, desigualdades sociales.
3º Estado actual del debate ambiental en el mundo: reacciones a la crisis ambiental, diversidad de opiniones.
I. Contaminación y cambio climático
Contaminación, basura y cultura del descarte
La contaminación afecta a la salud de las personas, especialmente a los pobres (20). Es patente en nuestro planeta una contaminación por residuos, incluyendo residuos peligrosos: “La tierra, nuestra casa, parece convertirse cada vez más en un inmenso depósito de porquería” (21). Y es que vivimos en una cultura del descarte, “que afecta tanto a seres humanos excluidos como a las cosas, que rápidamente se convierten en basura” (22). Los ecosistemas tienen un funcionamiento ejemplar, en cuanto al uso y reciclaje de recursos. No ocurre lo mismo con los sistemas industriales, que no ha desarrollado la capacidad de absorber y reutilizar residuos. (22)
Para contrarrestar la cultura del descarte: “limitar al máximo el uso de recursos no renovables, moderar el consumo, maximizar la eficiencia del aprovechamiento, reutilizar y reciclar” (22)
El clima como bien común
“El clima es un bien común, de todos y para todos”, muy relacionado con muchas condiciones esenciales para la vida humana (23).
El papa es prudente en el tratamiento del tema del cambio climático: estado actual de la ciencia y respuesta moral.
Existe un consenso científico sobre calentamiento del sistema climático, que a su vez implica ascenso del nivel del mar y mayor frecuencia de fenómenos meteorológicos extremos. Este cambio climático está motivado o acentuado por causas humanas (aumento de concentración de gases invernadero: CO2, NH4, óxidos de N, etc.) y naturales (vulcanismo, variaciones de la órbita y del eje de la Tierra, o el ciclo solar).
Pero es necesario actuar frente a las causas antrópicas mediante cambios de estilos de vida, de producción y de consumo. En concreto en lo que se refiere al uso de combustibles fósiles y a la deforestación para agricultura (23).
Consecuencias del calentamiento global: sobre el ciclo del C, derretimiento de hielos polares, acidificación de los océanos, subida del nivel del mar (el 25% de la población vive junto al mar) (24)
“El cambio climático es un problema global con graves dimensiones ambientales, sociales, económicas, distributivas y políticas” (25). Los más perjudicados por el cambio climático serán los pobres, debido a que sus medios de subsistencia dependen en gran medida de las reservas naturales y servicios ecosistémicos como agricultura, pesca y aprovechamientos forestales. (25)
Denuncia de la general indiferencia antes estos dramas humanos que suceden en distintas partes del mundo (25).
Denuncia que muchos ricos y poderosos se centran en enmascarar los problemas o en ocultar los síntomas, tratando sólo de reducir algunos impactos negativos (26).
Se ha vuelto urgente e imperioso el desarrollo de políticas que reduzcan urgentemente la utilización de combustibles fósiles y potencien el uso de energías renovables (26).
II. La cuestión del agua
No sólo se refiere al agua, sino por extensión: Agotamiento de los recursos naturales, por consumo irracional, y hábitos de gastar y tirar (27).
“El agua potable y limpia representa una cuestión de primera importancia, porque es indispensable para la vida humana y para sustentar los ecosistemas terrestres y acuáticos”. (28)
Destaca la situación en África (“Pobreza del agua social”), algunos países con desigualdades en la distribución del agua. (28)
La contaminación del agua provoca muertes a diario (29). Algunos estudios hablan de entre 8.000 y 25.000 muertes por escasez de agua o falta de calidad, la mitad niños (los datos no son de la encíclica).
Riesgo de privatización del agua: “El acceso al agua potable y segura es un derecho humano básico, fundamental y universal, porque determina la sobrevivencia de las personas, y por lo tanto en condición para el ejercicio de los demás derechos humanos” (30).
Negarles el agua potable a los pobres es “negarles el derecho a la vida radicado en su dignidad inalienable” (30).
Además, la escasez de agua provocará mayor coste de los alimentos (30) y posiblemente se convierta en una de las principales fuentes de grandes conflictos de este siglo.
III. Pérdida de biodiversidad
Los recursos de la tierra también están siendo depredados a causa de “formas inmediatistas” de entender la economía, el comercio y la producción (32). La pérdida de biodiversidad implica la pérdida de recursos clave para la alimentación y la medicina (32). Pero las especies también tienen valor en sí mismas.
“Por nuestra causa, miles de especies ya no darán gloria a Dios con su existencia ni podrán comunicarnos su propio mensaje. No tenemos derecho” (33).
Refiriéndose a iniciativas de intervención humana para restaurar: “Parece que pretendiéramos sustituir una belleza irreemplazable e irrecuperable, por otra creada por nosotros” (34).
Pérdida de biodiversidad por actividades humanas: nuevas carreteras, cultivos, alambradas, embalses… (35)
Indica casos concretos sobre pérdida de biodiversidad (38-41): Amazonia, cuenca fluvial del Congo, monocultivos forestales, desaparición de humedales, extracciones pesqueras abusivas, etc.
Como ejemplo de lugares críticos de biodiversidad menciona la Amazonia y la cuenca fluvial del Congo (38) “pulmones del planeta repletos de biodiversidad”
“El reemplazo de la flora silvestre por áreas forestadas con árboles, que generalmente son monocultivos, tampoco suele ser objeto de un adecuado análisis. Porque puede afectar gravemente a una biodiversidad que no es albergada por las nuevas especies que se implantan”. (39)
También las zonas húmedas que se sustituyen por cultivos pierden enorme biodiversidad (39)
Océanos, aprovechamientos pesqueros (40). Pérdida de biodiversidad por extracciones abusivas.
“¿Quién ha convertido el maravilloso mundo marino en cementerios subacuáticos despojados de vida y de color?” Se refiere a las barreras de coral (41)
Necesidad de invertir en investigación sobre el funcionamiento de los ecosistemas y de inventariar las especies, para desarrollar programas de protección, especialmente para especies en vías de extinción (42).
(Aquí terminaría la parte de diagnóstico de los principales problemas ambientales y pasaría a hablar de los problemas de la ecología humana).
IV. Deterioro de la calidad de la vida humana y degradación social
El ser humano es una criatura de este mundo, que tiene derecho a vivir y a ser feliz, y que tiene una “dignidad especialísima” (43). Sin embargo, muchos vivimos en ciudades insalubres, con crecimiento desmedido, ineficaces, que gastan energía y agua en exceso. “No es propio de habitantes de este planeta vivir cada vez más inundados de cemento, asfalto, vidrio y metales, privados de contacto físico con la naturaleza” (44). Esto me recordaba una frase del salmo 119 utilizada en uno de sus cuadros por San Rafael Arnáiz “soy forastero en la tierra”.
Problemas sociales intrínsecos al cambio global: exclusión social, desigualdad en la disponibilidad y consumo de energía, fragmentación social, violencia, narcotráfico y consumo de drogas, etc. Son signos de que el crecimiento de los dos últimos siglos no ha significado un progreso integral y una mejora en la calidad de vida (46).
Los medios de comunicación digitales cuando son omnipresentes no favorecen el desarrollo de una capacidad de vivir sabiamente, de pensar en profundidad y de amar con generosidad (47). Es necesario un esfuerzo para que estos medios sean un nuevo desarrollo cultural de la humanidad y no un deterioro de su riqueza más profunda.
V. Inequidad (desigualdad) planetaria
El medio ambiente natural y humano se degradan juntos. Los efectos de las agresiones ambientales los sufren especialmente los más pobres, y no suele haber clara conciencia de los problemas que afectan a los más desfavorecidos.
“El ambiente humano y el ambiente natural se degradan juntos, y no podremos afrontar adecuadamente la degradación ambiental si no prestamos atención a las causas que tienen que ver con la degradación humana y social” (48)
“Tanto la experiencia común de la vida ordinaria como la investigación científica demuestran que los más graves efectos de todas las agresiones ambientales los sufre la gente más pobre” (48)
En el punto 49, el papa advierte que “no suele haber conciencia clara de los problemas que afectan particularmente a los excluidos”. Esto ocurre porque la mayor parte de los análisis sobre los pobres y sus problemas se hacen desde la comodidad de una calidad de vida que no están al alcance de la mayoría de la población.
“Un verdadero planteamiento ecológico se convierte siempre en un planteamiento social” (…) “Para escuchar tanto el clamor de la tierra como el clamor de los pobres”. (49)
En lugar de resolver los problemas de los pobres y pensar en un mundo diferente algunos atinan sólo a proponer la reducción de la natalidad (50). A este respecto, el crecimiento demográfico es compatible con un desarrollo integral y solidario. No hay que culpar de los problemas al aumento de la población sino al consumismo extremo.
“Si bien es cierto que la desigual distribución de la población y de los recursos disponibles crean obstáculos al desarrollo y al uso sostenible del ambiente, debe reconocerse que el crecimiento demográfico es plenamente compatible con un desarrollo integral y solidario” (50)
“Culpar al aumento de la población y no al consumismo extremo y selectivo de algunos es un modo de no enfrentar los problemas”. “Se pretende legitimar así el modelo distributivo actual, donde una minoría se cree con el derecho de consumir en una proporción que sería imposible generalizar”.
En este sentido: “Se desperdicia un tercio de los alimentos que se producen, y el alimento que se desecha es como si se robara de la mesa del pobre (Esta frase ya la dijo en una catequesis) (50)
Existe también una desigualdad entre países, que obliga a pensar en una ética de las relaciones internacionales. Hay una “deuda ecológica” entre Norte y Sur, por desequilibrios comerciales, con consecuencias ecológicas (51), que los países desarrollados deben compensar.
La deuda externa de los países pobres se ha convertido en un instrumento de control pero no así la deuda ecológica. Y es obligatorio que los países desarrollados salden esta deuda. Por otra parte, hay que fortalecer la conciencia de que somos una sola familia humana (52).
VI. La debilidad de las reacciones
“Estas situaciones provocan un gemido de la hermana tierra, que se une al gemido de los abandonados del mundo, con un clamor que nos reclama otro rumbo” (53).
No hemos maltratado más la tierra como en estos últimos 200 años. Pero “estamos llamados a ser los instrumentos del Padre Dios para que nuestro planeta sea lo que él soñó al crearlo y responda a su proyecto de paz, belleza y plenitud”. (53)
“Se vuelve indispensable crear un sistema normativo que incluya límites infranqueables y asegure la protección de los ecosistemas, antes de que las nuevas formas de poder derivadas del paradigma tecnoeconómico terminen arrasando no sólo con la política sino también con la libertad y la justicia” (53).
Ante la crisis ecológica, social y humana, se produce una débil reacción política internacional, sometida a la tecnología y a las finanzas. Como se dice en el documento de Aparecida “que en las intervenciones sobre los recursos naturales no predominen los intereses de grupos económicos que arrasan irracionalmente las fuentes de vida” (54).
“Cualquier cosa que sea frágil, como el medio ambiente, queda indefensa ante los intereses del mercado divinizado, convertidos en regla absoluta” (56).
Pero no sólo el Papa denuncia a los poderes económicos y políticos, sino que nos implica a todos. Aunque no tengamos conciencia de ello, todos somos culpables de esta situación, ya sea por acción o por omisión.
Riesgo de guerra, con el pretexto del agotamiento de algunos recursos. La guerra siempre es perjudicial para el medio ambiente. Armas dañinas. (57)
VII. Diversidad de opiniones
Dos opiniones extremas (60):
1) Mito del progreso. Los problemas ecológicos se resolverán simplemente con nuevas aplicaciones técnicas, sin consideraciones éticas ni cambios de fondo (Visión tecnocrática y economicista).
2) El ser humano, con sus intervenciones, sólo puede ser una amenaza y perjudicar al medio ambiente, por lo que conviene reducir su presencia en el planeta e impedirle todo tipo de intervención (visión ecologista).
El Papa se desmarca de ambas ideas, no por un afán injustificado de centrismo o equidistancia sino por el compromiso de la Iglesia con el hombre.
De todos modos la Iglesia no da una palabra definitiva, sino que escucha y promueve el debate científico y político, respetando la diversidad de opiniones (esto lo repite varias veces a lo largo de la encíclica).
Síntesis y conclusiones
-Existe un gran deterioro de la casa común: “Si la mirada recorre las regiones de nuestro planeta, enseguida nos damos cuenta de que la humanidad ha defraudado las expectativas divinas”.
-Graves consecuencias humanas y sociales de los problemas ambientales: crisis ecológica=crisis humana y social
-La raíz humana de la crisis ecológica (101, cap. 3).
El hombre está en el centro del ecosistema global y de la crisis ecológica. El origen de los problemas ambientales está en el corazón del hombre. Pero no hay que eliminar al hombre de ese ecosistema global, sino aprovechar su capacidad de hacer el bien para que sea instrumento de Dios para el cambio. El hombre es capaz de intervenir positivamente (58).
-Queridos amigos, termino con una frase de esas certeras del papa Francisco: “La Naturaleza está llena de palabras de amor” (225). Escuchemos y leamos esas palabras, trabajemos y cuidemos nuestra casa común, para que todos los que vivimos bajo el mismo cielo podamos llamarnos verdaderamente hermanos.
jueves, 25 de junio de 2015
jueves, 18 de junio de 2015
lunes, 15 de junio de 2015
jueves, 28 de mayo de 2015
Documentos de interés
Os dejo a continuación unos documentos que pueden resultar de interés.
-Acaparamiento de tierras en África
-Agricultura familiar, una estrategia para el desarrollo
-Carta de la Tierra (edición infantil)
-Alimentar al mundo, cuidar el planeta
-Ecología, una cuestión que afecta a todos
-El desequilibrio está en el hombre
-Mujer africana y ecología
-La visión cristiana de la ecología
-Cristianismo y ecología
-Acaparamiento de tierras en África
-Agricultura familiar, una estrategia para el desarrollo
-Carta de la Tierra (edición infantil)
-Alimentar al mundo, cuidar el planeta
-Ecología, una cuestión que afecta a todos
-El desequilibrio está en el hombre
-Mujer africana y ecología
-La visión cristiana de la ecología
-Cristianismo y ecología
miércoles, 18 de febrero de 2015
Movimiento Católico Global por el Clima
Noticia de http://www.periodistadigital.com/religion
El cardenal Tagle, arzobispo de Manila, presentará la iniciativa a Francisco
Lanzan el 'Movimiento Católico Global por el Clima' antes de la visita papal a Filipinas
"La creación y su orden es buena, que es un bien que debemos abrazar y cuidar"
Un conjunto de organizaciones y líderes católicos de todo el mundo anunciaron hoy su colaboración como un movimiento que trabaja hacia un futuro climático sostenible. Compuesto por laicos y clérigos, teólogos, científicos y activistas, el Movimiento Católico Global por el Clima (MCGC) emitió una declaración que contiene sus creencias y misión, constituyendo la primera vez que un grupo católico de este tipo ha unido sus fuerzas para trabajar en la problemática del cambio climático.
La declaración apoya las enseñanzas Católicas en temas de medio ambiente y hace un llamamiento a la oración y la acción entre la comunidad católica del mundo. ElCardenal Tagle, Arzobispo de Manila
, le presentará la iniciativa al Papa Francisco esta semana durante su viaje a Filipinas.
Según el Dr. Pablo Canziani, un científico del clima de la Argentina que participa en el MCGC: "Las conversaciones sobre la crisis climática se han enfocado históricamente más sobre argumentos intelectuales que sobre las profundas implicaciones de carácter espiritual y moral de nuestra incapacidad para cuidar de la creación de Dios".
"Las preocupaciones de nuestro grupo se basan en las Sagradas Escrituras y en la tradición de la Iglesia. Desde el Génesis hasta el Apocalipsis, los Católicos aceptan como revelación la verdad que la creación y su fin es un bien que debemos abrazar y cuidar. En respuesta a lo que Dios le ha dado a la raza humana -aire puro, el agua para mantener la vida, el fruto de las cosechas de la tierra, y la generosidad del mar- somos llamados a honrar a Dios nuestro Creador por estas muchas bendiciones", dijo el Dr. Canziani.
Patrick Carolan, director ejecutivo de la Red de Acción Franciscana, que también es un miembro del grupo, explicó la declaración diciendo: "Citando enseñanzas del Papa Francisco y los obispos de Filipinas, este comunicado llama a los católicos a promover las enseñanzas de la iglesia, apreciar su responsabilidad moral de actuar, y crear conciencia sobre el cambio climático y sus efectos, sobre todo en los pobres y las generaciones futuras. Se invita a los Católicos a participar en futuras acciones que busquen un fuerte acuerdo internacional sobre el clima, y encomienda todos nuestros esfuerzos a Jesucristo, que hace nuevas todas las cosas".
Desde Filipinas, la coordinadora de la Pastoral de Ecología de la Arquidiócesis de Manila,Lou Arsenio, agregó: "El movimiento planea promover la creación de redes y el intercambio de información sobre el cambio climático entre las organizaciones católicas a través de fronteras nacionales, para lograr una mayor comprensión de la enseñanza católica sobre el cuidado de la creación de Dios, y para responder a las preocupaciones del Papa Francisco y otros líderes de la iglesia sobre el cambio climático. Invitamos a todos los laicos y organizaciones católicas a unirse a este esfuerzo enwww.CatholicClimateMovement.global/espanol, tanto para generar conciencia sobre este importante tema y actuar en la esfera pública".
El lanzamiento del MCGC coincide con el viaje del Papa Francisco a las Filipinas, donde se reunirá con sobrevivientes de súper tifón Haiyan, que se considera que está relacionado con el cambio climático, y que tiene lugar en un momento en que la comunidad Católica está a la espera de la próxima encíclica sobre la ecología.
Enlace a la noticia
Movimiento Católico Global por el Clima
Nuestra Declaración a la Iglesia y el Mundo
El Movimiento Católico Global por el Clima es la primera coalición internacional de su clase compuesta por Católicos de muchas naciones, continentes y clases sociales. Somos laicos, religiosos, y clérigos, teólogos, científicos y activistas de Argentina, Filipinas, el Reino Unido, Kenia, Australia, Estados Unidos y muchas otras naciones. Estamos unidos por nuestra fe católica y nuestro trabajo en diversos roles y organizaciones sobre los problemas del cambio climático.
Nuestra colaboración se hace eco de las dimensiones globales de la Iglesia Católica y de un sentido compartido de responsabilidad sobre el cuidado de la bella creación de Dios, dadora de vida. Nos inspiramos en las enseñanzas de la Iglesia y estamos guiados por la virtud de la prudencia -entendida por Santo Tomás de Aquino como "la recta razón aplicada a la acción." Aceptamos las conclusiones de los líderes científicos, como el Panel Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), que las emisiones de gas del efecto invernadero de la humanidad están contribuyendo a cambios generalizados y en su mayoría nocivos para los sistemas planetarios. Estamos seguros de que el cambio climático antropogénico [causado por el hombre] pone en peligro la creación de Dios y de todos nosotros, especialmente los pobres, cuyas voces ya han hablado de los impactos que tienen las alteraciones climáticas.
Qué es lo que creemos y por qué
Los fundamentos de nuestra preocupación se encuentran en las Escrituras y está fundada en la tradición de la Iglesia. Desde el Génesis hasta el Apocalipsis, los Católicos aceptan como verdad revelada que la creación y su orden es buena, que es un bien que debemos abrazar y cuidar. Esto ha sido sostenido en palabras y acciones por los líderes de la Iglesia a lo largo de dos milenios. En respuesta a lo que Dios le ha dado a la raza humana -aire puro, el agua para mantener la vida, el fruto de las cosechas de la tierra, y la generosidad del mar- somos llamados a honrar a Dios nuestro Creador por estas muchas bendiciones. Estamos obligados a respetar estos dones, que son para todas las personas. Por esta razón, el cambio climático es para los católicos una cuestión profundamente espiritual, ética y moral. Mientras que las discusiones sobre cambio climático implican el debate de teoría económica y pueden también involucrar cuestiones de políticas partidarias así como la acción de grupos de presión con intereses sectoriales y particulares, nuestro eje se ubica en las cuestiones morales y espirituales involucradas. El cambio climático se refiere a nuestra responsabilidad como hijos de Dios y personas de fe para cuidar la vida humana, especialmente las generaciones futuras, mediante el cuidado de toda la magnífica creación de Dios.
La interdependencia de la creación y la humanidad se está subrayando en la visita del Papa Francisco a las Filipinas. Los impactos de los fenómenos meteorológicos extremos en los vulnerables y marginados se vuelven claros al tiempo que nos unimos al Santo Padre en oración por todas las familias que fueron afectadas por el súper tifón Haiyan -por los muchos miles de muertos o desaparecidos y los incontables más que permanecen sin hogar.
Un llamado a la oración, una llamada a la acción
Los obispos de Filipinas escribieron una vez "Somos un pueblo de esperanza". Al igual que ellos creemos juntos y con la gracia de Dios "podemos cambiar el curso de los acontecimientos."
En primer lugar, reconocemos que las conversaciones sobre la crisis climática han sido históricamente más acerca de argumentos intelectuales que sobre las profundas implicaciones espirituales y morales de nuestra falta de cuidado de la creación de Dios.
Los líderes católicos están llamados así a hablar con una voz profética y en un diálogo espiritual con todas las personas, especialmente los líderes políticos y de negocios y los consumidores que participan en políticas y prácticas climáticamente destructivas. Y reconocemos nuestra propia necesidad de conversión permanente para vivir más de acuerdo con las Intenciones del creador de la vida en abundancia para todos los pueblos del mundo. En tanto las implicaciones morales de cambio climático antropogénico no sean claramente establecidas y aceptadas, es poco probable que las sociedades puedan hacer o hagan la transición en un plazo adecuado hacia las tecnologías, economías y estilos de vida sostenibles.
Y así, a la vista de la creciente evidencia científica y las experiencias del mundo real, ofrecemos nuestras oraciones por la gracia sanadora de Dios mientras trabajamos en el mundo para cuidar y abogar por los necesitados.
Lo hacemos pidiendo a nuestros hermanos y hermanas en Cristo que defiendan el bien común reconociendo a aquellos que son menos capaces de defenderse a sí mismos, los ciudadanos del mundo que vive en la pobreza, nuestros hijos, nacidos y no nacidos, las generaciones futuras, y todas las formas de vida que pueblan la creación de Dios.
Sabiendo que hay abundantes soluciones positivas disponibles, ofrecemos ayudar a esas voces que demandan fuertes acuerdos internacionales sobre el clima, además de llamar y fomentar la conversión de los corazones endurecidos.
Instamos a todos los católicos a explorar los problemas del cambio climático y a unirse a futuras acciones -tanto para crear conciencia sobre este importante tema y actuar en el ámbito público.
Y finalmente nos encomendamos todos nuestros esfuerzos a Jesucristo, que hace nuevas todas las cosas.
Conclusión: una continuación de las enseñanzas católicasEl Papa Francisco dará a conocer una encíclica sobre el cuidado del medio ambiente. Este documento dará continuidad a las enseñanzas de la Iglesia que nos ha dado San Juan Pablo II y Benedicto XVI, así como numerosos obispos de todo el mundo. Ya hemos escuchado esta continuidad en el palabras del Para Francisco. Con esta declaración, los abajo firmantes ahora tratamos de ayudar a llevar estas enseñanzas de la Iglesia al mundo.
Por lo tanto concluimos con estas palabras de esperanza, ofrecidas en la apertura del Papado del Santo Padre:
''También hoy, en medio de tanta oscuridad, tenemos que ver la luz de la esperanza y ser hombres y mujeres que traen esperanza a los demás. Para proteger la creación, para proteger a todo hombre y toda mujer, para contemplarlos con ternura y amor, hemos de abrir un horizonte de esperanza; hemos de dejar que un rayo de luz rompa a través de las densas nubes; hemos de llevar el calor de la esperanza! Para los creyentes, para nosotros los cristianos, como Abraham, como San José, la esperanza que llevamos se fija en el horizonte de Dios, que se ha abierto ante nosotros en Cristo. Es una esperanza construida sobre la roca que es Dios."
Firmantes:
Catholic Earthcare Australia (Australia)
Franciscan Action Network (USA)
Acción Católica Argentina (Argentina)
Catholic Youth Network for Environmental Sustainability in Africa (Africa)
Archdiocese of Manila Ecology Ministry (Philippines)
Franciscans International
Jesuit European Social Centre (Europe)
Columban Center for Advocacy and Outreach (USA)
EcoJesuit (Europe/Asia)
Reconciliation with Creation, Jesuit Conference Asia Pacific (Asia)
CatholicEcology.net (USA)
Ciara Shannon, Our Voices (China)
Jeffry Odell Korgen, Our Voices and GreenFaith (USA)
Dan Misleh, Catholic Climate Covenant (USA)
Dr. Pablo Canziani, Red Argentina de Laicos, Acción Católica Argentina and Conicet (Argentina)
Dr. Tobias Winright, Saint Louis University (USA)
Dr. Charles Camosy, Fordham University (USA)
Dr. Holly Taylor Coolman, Providence College (USA)
John Berkman, Regis College, University of Toronto (USA)
Dr. Erin Lothes, College of Saint Elizabeth (USA)
Columban Missionary Society, Philippine Region (Philippines)
Lindo Lío (Argentina)
Leadership Conference of Women Religious (USA)
Catholic Rural Life (USA)
Sisters of Mercy of the Americas' Institute Leadership Team (USA)
EDiPA Equipo Diocesano de Pastoral Ambiental, Obispado de San Isidro (Argentina)
English Speaking Conference of the Order of Friars Minor
Catholic Charities (USA)
El cardenal Tagle, arzobispo de Manila, presentará la iniciativa a Francisco
Lanzan el 'Movimiento Católico Global por el Clima' antes de la visita papal a Filipinas
"La creación y su orden es buena, que es un bien que debemos abrazar y cuidar"
Un conjunto de organizaciones y líderes católicos de todo el mundo anunciaron hoy su colaboración como un movimiento que trabaja hacia un futuro climático sostenible. Compuesto por laicos y clérigos, teólogos, científicos y activistas, el Movimiento Católico Global por el Clima (MCGC) emitió una declaración que contiene sus creencias y misión, constituyendo la primera vez que un grupo católico de este tipo ha unido sus fuerzas para trabajar en la problemática del cambio climático.
La declaración apoya las enseñanzas Católicas en temas de medio ambiente y hace un llamamiento a la oración y la acción entre la comunidad católica del mundo. ElCardenal Tagle, Arzobispo de Manila
, le presentará la iniciativa al Papa Francisco esta semana durante su viaje a Filipinas.
Según el Dr. Pablo Canziani, un científico del clima de la Argentina que participa en el MCGC: "Las conversaciones sobre la crisis climática se han enfocado históricamente más sobre argumentos intelectuales que sobre las profundas implicaciones de carácter espiritual y moral de nuestra incapacidad para cuidar de la creación de Dios".
"Las preocupaciones de nuestro grupo se basan en las Sagradas Escrituras y en la tradición de la Iglesia. Desde el Génesis hasta el Apocalipsis, los Católicos aceptan como revelación la verdad que la creación y su fin es un bien que debemos abrazar y cuidar. En respuesta a lo que Dios le ha dado a la raza humana -aire puro, el agua para mantener la vida, el fruto de las cosechas de la tierra, y la generosidad del mar- somos llamados a honrar a Dios nuestro Creador por estas muchas bendiciones", dijo el Dr. Canziani.
Patrick Carolan, director ejecutivo de la Red de Acción Franciscana, que también es un miembro del grupo, explicó la declaración diciendo: "Citando enseñanzas del Papa Francisco y los obispos de Filipinas, este comunicado llama a los católicos a promover las enseñanzas de la iglesia, apreciar su responsabilidad moral de actuar, y crear conciencia sobre el cambio climático y sus efectos, sobre todo en los pobres y las generaciones futuras. Se invita a los Católicos a participar en futuras acciones que busquen un fuerte acuerdo internacional sobre el clima, y encomienda todos nuestros esfuerzos a Jesucristo, que hace nuevas todas las cosas".
Desde Filipinas, la coordinadora de la Pastoral de Ecología de la Arquidiócesis de Manila,Lou Arsenio, agregó: "El movimiento planea promover la creación de redes y el intercambio de información sobre el cambio climático entre las organizaciones católicas a través de fronteras nacionales, para lograr una mayor comprensión de la enseñanza católica sobre el cuidado de la creación de Dios, y para responder a las preocupaciones del Papa Francisco y otros líderes de la iglesia sobre el cambio climático. Invitamos a todos los laicos y organizaciones católicas a unirse a este esfuerzo enwww.CatholicClimateMovement.global/espanol, tanto para generar conciencia sobre este importante tema y actuar en la esfera pública".
El lanzamiento del MCGC coincide con el viaje del Papa Francisco a las Filipinas, donde se reunirá con sobrevivientes de súper tifón Haiyan, que se considera que está relacionado con el cambio climático, y que tiene lugar en un momento en que la comunidad Católica está a la espera de la próxima encíclica sobre la ecología.
Enlace a la noticia
Movimiento Católico Global por el Clima
Nuestra Declaración a la Iglesia y el Mundo
El Movimiento Católico Global por el Clima es la primera coalición internacional de su clase compuesta por Católicos de muchas naciones, continentes y clases sociales. Somos laicos, religiosos, y clérigos, teólogos, científicos y activistas de Argentina, Filipinas, el Reino Unido, Kenia, Australia, Estados Unidos y muchas otras naciones. Estamos unidos por nuestra fe católica y nuestro trabajo en diversos roles y organizaciones sobre los problemas del cambio climático.
Nuestra colaboración se hace eco de las dimensiones globales de la Iglesia Católica y de un sentido compartido de responsabilidad sobre el cuidado de la bella creación de Dios, dadora de vida. Nos inspiramos en las enseñanzas de la Iglesia y estamos guiados por la virtud de la prudencia -entendida por Santo Tomás de Aquino como "la recta razón aplicada a la acción." Aceptamos las conclusiones de los líderes científicos, como el Panel Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), que las emisiones de gas del efecto invernadero de la humanidad están contribuyendo a cambios generalizados y en su mayoría nocivos para los sistemas planetarios. Estamos seguros de que el cambio climático antropogénico [causado por el hombre] pone en peligro la creación de Dios y de todos nosotros, especialmente los pobres, cuyas voces ya han hablado de los impactos que tienen las alteraciones climáticas.
Qué es lo que creemos y por qué
Los fundamentos de nuestra preocupación se encuentran en las Escrituras y está fundada en la tradición de la Iglesia. Desde el Génesis hasta el Apocalipsis, los Católicos aceptan como verdad revelada que la creación y su orden es buena, que es un bien que debemos abrazar y cuidar. Esto ha sido sostenido en palabras y acciones por los líderes de la Iglesia a lo largo de dos milenios. En respuesta a lo que Dios le ha dado a la raza humana -aire puro, el agua para mantener la vida, el fruto de las cosechas de la tierra, y la generosidad del mar- somos llamados a honrar a Dios nuestro Creador por estas muchas bendiciones. Estamos obligados a respetar estos dones, que son para todas las personas. Por esta razón, el cambio climático es para los católicos una cuestión profundamente espiritual, ética y moral. Mientras que las discusiones sobre cambio climático implican el debate de teoría económica y pueden también involucrar cuestiones de políticas partidarias así como la acción de grupos de presión con intereses sectoriales y particulares, nuestro eje se ubica en las cuestiones morales y espirituales involucradas. El cambio climático se refiere a nuestra responsabilidad como hijos de Dios y personas de fe para cuidar la vida humana, especialmente las generaciones futuras, mediante el cuidado de toda la magnífica creación de Dios.
La interdependencia de la creación y la humanidad se está subrayando en la visita del Papa Francisco a las Filipinas. Los impactos de los fenómenos meteorológicos extremos en los vulnerables y marginados se vuelven claros al tiempo que nos unimos al Santo Padre en oración por todas las familias que fueron afectadas por el súper tifón Haiyan -por los muchos miles de muertos o desaparecidos y los incontables más que permanecen sin hogar.
Un llamado a la oración, una llamada a la acción
Los obispos de Filipinas escribieron una vez "Somos un pueblo de esperanza". Al igual que ellos creemos juntos y con la gracia de Dios "podemos cambiar el curso de los acontecimientos."
En primer lugar, reconocemos que las conversaciones sobre la crisis climática han sido históricamente más acerca de argumentos intelectuales que sobre las profundas implicaciones espirituales y morales de nuestra falta de cuidado de la creación de Dios.
Los líderes católicos están llamados así a hablar con una voz profética y en un diálogo espiritual con todas las personas, especialmente los líderes políticos y de negocios y los consumidores que participan en políticas y prácticas climáticamente destructivas. Y reconocemos nuestra propia necesidad de conversión permanente para vivir más de acuerdo con las Intenciones del creador de la vida en abundancia para todos los pueblos del mundo. En tanto las implicaciones morales de cambio climático antropogénico no sean claramente establecidas y aceptadas, es poco probable que las sociedades puedan hacer o hagan la transición en un plazo adecuado hacia las tecnologías, economías y estilos de vida sostenibles.
Y así, a la vista de la creciente evidencia científica y las experiencias del mundo real, ofrecemos nuestras oraciones por la gracia sanadora de Dios mientras trabajamos en el mundo para cuidar y abogar por los necesitados.
Lo hacemos pidiendo a nuestros hermanos y hermanas en Cristo que defiendan el bien común reconociendo a aquellos que son menos capaces de defenderse a sí mismos, los ciudadanos del mundo que vive en la pobreza, nuestros hijos, nacidos y no nacidos, las generaciones futuras, y todas las formas de vida que pueblan la creación de Dios.
Sabiendo que hay abundantes soluciones positivas disponibles, ofrecemos ayudar a esas voces que demandan fuertes acuerdos internacionales sobre el clima, además de llamar y fomentar la conversión de los corazones endurecidos.
Instamos a todos los católicos a explorar los problemas del cambio climático y a unirse a futuras acciones -tanto para crear conciencia sobre este importante tema y actuar en el ámbito público.
Y finalmente nos encomendamos todos nuestros esfuerzos a Jesucristo, que hace nuevas todas las cosas.
Conclusión: una continuación de las enseñanzas católicasEl Papa Francisco dará a conocer una encíclica sobre el cuidado del medio ambiente. Este documento dará continuidad a las enseñanzas de la Iglesia que nos ha dado San Juan Pablo II y Benedicto XVI, así como numerosos obispos de todo el mundo. Ya hemos escuchado esta continuidad en el palabras del Para Francisco. Con esta declaración, los abajo firmantes ahora tratamos de ayudar a llevar estas enseñanzas de la Iglesia al mundo.
Por lo tanto concluimos con estas palabras de esperanza, ofrecidas en la apertura del Papado del Santo Padre:
''También hoy, en medio de tanta oscuridad, tenemos que ver la luz de la esperanza y ser hombres y mujeres que traen esperanza a los demás. Para proteger la creación, para proteger a todo hombre y toda mujer, para contemplarlos con ternura y amor, hemos de abrir un horizonte de esperanza; hemos de dejar que un rayo de luz rompa a través de las densas nubes; hemos de llevar el calor de la esperanza! Para los creyentes, para nosotros los cristianos, como Abraham, como San José, la esperanza que llevamos se fija en el horizonte de Dios, que se ha abierto ante nosotros en Cristo. Es una esperanza construida sobre la roca que es Dios."
Firmantes:
Catholic Earthcare Australia (Australia)
Franciscan Action Network (USA)
Acción Católica Argentina (Argentina)
Catholic Youth Network for Environmental Sustainability in Africa (Africa)
Archdiocese of Manila Ecology Ministry (Philippines)
Franciscans International
Jesuit European Social Centre (Europe)
Columban Center for Advocacy and Outreach (USA)
EcoJesuit (Europe/Asia)
Reconciliation with Creation, Jesuit Conference Asia Pacific (Asia)
CatholicEcology.net (USA)
Ciara Shannon, Our Voices (China)
Jeffry Odell Korgen, Our Voices and GreenFaith (USA)
Dan Misleh, Catholic Climate Covenant (USA)
Dr. Pablo Canziani, Red Argentina de Laicos, Acción Católica Argentina and Conicet (Argentina)
Dr. Tobias Winright, Saint Louis University (USA)
Dr. Charles Camosy, Fordham University (USA)
Dr. Holly Taylor Coolman, Providence College (USA)
John Berkman, Regis College, University of Toronto (USA)
Dr. Erin Lothes, College of Saint Elizabeth (USA)
Columban Missionary Society, Philippine Region (Philippines)
Lindo Lío (Argentina)
Leadership Conference of Women Religious (USA)
Catholic Rural Life (USA)
Sisters of Mercy of the Americas' Institute Leadership Team (USA)
EDiPA Equipo Diocesano de Pastoral Ambiental, Obispado de San Isidro (Argentina)
English Speaking Conference of the Order of Friars Minor
Catholic Charities (USA)
martes, 24 de junio de 2014
La desertificación distingue entre ricos y pobres
"El alimento de uno de cada tres habitantes del planeta peligra por la desertificación del suelo. El 40% de las tierras es árido, entre un 15% y un 25% más que en 1990, según los datos de la FAO, que alerta sobre el aumento de este fenómeno que no puede desvincularse de la subida de las temperaturas que ya está provocando el cambio climático. Estos terrenos se concentran en países en vías de desarrollo o pobres.
Según la ONU, España es el país más árido de Europa. Un tercio de su superficie sufre una tasa muy elevada de desertificación y un 6% ya se ha degradado de forma irreversible. Las zonas más afectadas por este fenómeno son la vertiente mediterránea y las Islas Canarias.
La sobreexplotación de los recursos hídricos, la tala indiscriminada de bosques, la agricultura intensiva y el sobrepastoreo, los incendios, y la ocupación del suelo para el negocio inmobiliario resultan en gran parte responsables de esta situación.
A los problemas causantes de este fenómeno y de la sequía se suman los efectos que el cambio climático está provocando a nivel global. El aumento de las temperaturas y la disminución de las precipitaciones son sólo dos de los múltiples efectos producidos por el incremento de las emisiones de CO2 a la atmósfera. Las previsiones para la Península Ibérica son que los periodos de sequía serán más frecuentes y más intensos que los actuales.
“La desertificación es fundamentalmente un problema de desvinculación entre los recursos naturales y el sistema socioeconómico que los explota, o sea, es ante todo un problema de desarrollo sostenible”, advierten desde Greenpeace.
La organización reclama tomar medidas urgentes que impidan seguir perdiendo, cada año, millones de toneladas de suelo arrastrados por el agua y el viento junto con las especies que ahí se albergan como consecuencia del avance de los procesos de desertificación:
-Cambiar la política hidráulica tradicional centrada en la ejecución de grandes obras, que ha demostrado su ineficacia, hacia una gestión más hidrológica y ambientalista ya que el agua es un bien escaso y limitado, por lo que la solución a la escasez está en una gestión racional y de fomento del ahorro.
-Reducir la emisión de gases de efecto invernadero, con una fuerte apuesta para el ahorro energético y la gestión de la demanda de energía y la sustitución de las centrales térmicas y nucleares por renovables. Además pide un Plan Nacional de Asignación para 2008-2012 riguroso con el Protocolo de Kioto.
-Tomar en cuenta parámetros medioambientales en la política energética. Actualmente está centrada en producir electricidad sin tener en cuenta los efectos del cambio climático y la escasez de los recursos hídricos.
-Proporcionar una política forestal acorde con las necesidades del país más árido de Europa, con medidas de reforestación y de control del suelo urbanizable, lucha contra incendios y talas indiscriminadas, que se protejan los bosques primarios promoviendo el uso de madera certificada FSC.
-Primar la agricultura ecológica y el uso de variedades locales adaptadas al clima en detrimento de los monocultivos intensivos y de las variedades transgénicas, altamente demandantes en agua, productos químicos y petróleo.
-Poner freno a la edificación asociada a la construcción de campos de golf, sobre todo salvaguardando las costas".
Un artículo de Daniela Coello
Según la ONU, España es el país más árido de Europa. Un tercio de su superficie sufre una tasa muy elevada de desertificación y un 6% ya se ha degradado de forma irreversible. Las zonas más afectadas por este fenómeno son la vertiente mediterránea y las Islas Canarias.La sobreexplotación de los recursos hídricos, la tala indiscriminada de bosques, la agricultura intensiva y el sobrepastoreo, los incendios, y la ocupación del suelo para el negocio inmobiliario resultan en gran parte responsables de esta situación.
A los problemas causantes de este fenómeno y de la sequía se suman los efectos que el cambio climático está provocando a nivel global. El aumento de las temperaturas y la disminución de las precipitaciones son sólo dos de los múltiples efectos producidos por el incremento de las emisiones de CO2 a la atmósfera. Las previsiones para la Península Ibérica son que los periodos de sequía serán más frecuentes y más intensos que los actuales.
“La desertificación es fundamentalmente un problema de desvinculación entre los recursos naturales y el sistema socioeconómico que los explota, o sea, es ante todo un problema de desarrollo sostenible”, advierten desde Greenpeace.
La organización reclama tomar medidas urgentes que impidan seguir perdiendo, cada año, millones de toneladas de suelo arrastrados por el agua y el viento junto con las especies que ahí se albergan como consecuencia del avance de los procesos de desertificación:
-Cambiar la política hidráulica tradicional centrada en la ejecución de grandes obras, que ha demostrado su ineficacia, hacia una gestión más hidrológica y ambientalista ya que el agua es un bien escaso y limitado, por lo que la solución a la escasez está en una gestión racional y de fomento del ahorro.
-Reducir la emisión de gases de efecto invernadero, con una fuerte apuesta para el ahorro energético y la gestión de la demanda de energía y la sustitución de las centrales térmicas y nucleares por renovables. Además pide un Plan Nacional de Asignación para 2008-2012 riguroso con el Protocolo de Kioto.
-Tomar en cuenta parámetros medioambientales en la política energética. Actualmente está centrada en producir electricidad sin tener en cuenta los efectos del cambio climático y la escasez de los recursos hídricos.
-Proporcionar una política forestal acorde con las necesidades del país más árido de Europa, con medidas de reforestación y de control del suelo urbanizable, lucha contra incendios y talas indiscriminadas, que se protejan los bosques primarios promoviendo el uso de madera certificada FSC.
-Primar la agricultura ecológica y el uso de variedades locales adaptadas al clima en detrimento de los monocultivos intensivos y de las variedades transgénicas, altamente demandantes en agua, productos químicos y petróleo.
-Poner freno a la edificación asociada a la construcción de campos de golf, sobre todo salvaguardando las costas".
Un artículo de Daniela Coello
Fuente: www.otromundoesposible.net
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martes, 27 de mayo de 2014
En el viaje del papa Francisco a Tierra Santa
En su viaje a Tierra Santa, el papa Francisco afirma que habló bastante con Bartolomé I sobre la ecología, "de hacer juntos un trabajo sobre este problema".
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miércoles, 21 de mayo de 2014
La realidad que nos rodea (Papa Francisco)
Esta mañana en la audiencia general, el papa Francisco nos ha regalado unas preciosas y certeras palabras sobre el don de la ciencia y el cuidado de la Creación. Aquí os las dejamos.
Queridos hermanos y hermanas, buenos días
Hoy queremos reflexionar sobre otro don del Espíritu Santo, el don de la ciencia. Cuando se habla de ciencia, el pensamiento va inmediatamente a la capacidad del hombre de conocer cada vez mejor la realidad que le rodea y de descubrir las leyes que regulan la naturaleza y el universo. La ciencia que viene del espíritu Santo, sin embargo, no se limita al conocimiento humano: es un don especial, que nos lleva a captar, a través de la creación, la grandeza y el amor de Dios y su relación profunda con toda criatura.
Cuando nuestros ojos son iluminados por el Espíritu, se abren a la contemplación de Dios, en la belleza de la naturaleza y de la grandiosidad del cosmos, y nos llevan a descubrir cómo cada cosa nos habla de Él, todo nos habla de su amor. ¡Todo esto suscita en nosotros un gran asombro y un profundo sentido de gratitud! Es la sensación que sentimos también cuando admiramos una obra de arte o cualquier maravilla que sea fruto del ingenio y de la creatividad del hombre: frente a todo esto, el Espíritu nos lleva a alabar al Señor desde lo profundo de nuestro corazón y a reconocer, en todo lo que tenemos y somos, un don inestimable de Dios y un signo de su infinito amor por nosotros.
En el primer capítulo del Génesis, precisamente al comienzo de toda la Biblia, se pone de relieve que Dios se complace en su creación, subrayando repetidamente la belleza y la bondad de cada cosa. Al término de cada jornada, está escrito: “Y Dios vio que todo era bueno” (1,12.18.21.25). Pero si Dios ve que la creación es algo bello, algo bueno, también nosotros debemos tener esta actitud de ver la creación como bella y buena, y con el don de la ciencia, por esta belleza alabamos a Dios, damos gracias a Dios por habernos dado tanta belleza a nosotros, y este es el camino. Y cuando Dios acabó de crear al hombre, no dijo que era algo “bueno”, dijo que era “muy bueno” (v. 31). Se acerca a él, y a los ojos de Dios nosotros somos la cosa más buena, más bella y más grande de la creación. Pero padre, los ángeles… ¡No! Los ángeles están por debajo de nosotros, nosotros somos más que los ángeles. Lo hemos escuchado en el libro de los salmos. Nos quiere mucho el Señor, ¿eh? Tenemos que darle gracias por esto. El don de la ciencia nos pone en profunda sintonía con el Creador, y nos hace participar en la limpieza de su mirada y de su juicio. En esta perspectiva logramos captar en el hombre y en la mujer el culmen de la creación, como realización de un designio de amor que está impreso en cada uno de nosotros y que nos hace reconocernos como hermanos y hermanas. Lo que surge entonces es un cuadro caracterizado por una profunda armonía, donde todo remite al Creador y donde el Espíritu nos hace percibir en cada persona y en cada cosa la impronta de la grandeza y de la bondad de Dios.
Todo esto es motivo de serenidad y de paz y hace del cristiano un testigo gozoso de Dios, en la estela de san Francisco de Asís y de tantos santos que han sabido alabar y cantar su amor a través de la contemplación de la creación. Al mismo tiempo, sin embargo, el don de la ciencia nos ayuda a no caer en algunas actitudes excesivas o equivocadas. El primero lo constituye el riesgo de considerarnos amos de la creación. La creación no es una propiedad de la que podemos adueñarnos a nuestro gusto; ni, mucho menos, es una propiedad solo de algunos: la creación es un regalo, es un regalo maravilloso que Dios nos ha dado, para que lo cuidemos y lo utilicemos en beneficio de todos, siempre con gran respeto y gratitud. La segunda actitud negativa está representada por la tentación de crearnos en las criaturas, como si estas pudieran ofrecer la respuesta a todas nuestras expectativas. Y el Espíritu Santo, con el don de la ciencia, nos ayuda a no caer en esto. Pero yo quisiera volver sobre el primer camino equivocado. Custodiar la creación, no adueñarse de la creación. Debemos custodiar la creación, es un don que el Señor nos ha dado, para nosotros, es el regalo de Dios a nosotros, nosotros somos custodios de la creación. Pero cuando nosotros explotamos la creación, destruimos el signo del amor de Dios. Destruir la creación es decir a Dios: no me gusta, esto no es bueno, ¿y qué te gusta a ti? Me gusto yo mismo. Eso es el pecado, ¿habéis visto? La custodia de la creación es precisamente la custodia del amor de Dios, y también es decir a Dios gracias, yo soy el amo de la creación, pero para llevarlo adelante, yo no destruiré nunca tu regalo. Y esta debe ser nuestra actitud ante la creación, custodiarla, porque si destruimos la creación, la creación nos destruirá. No lo olvidéis.
Una vez estaba en el campo y escuché un dicho de una persona sencilla, a la que gustaban mucho las flores, él custodiaba estas flores y me decía: debemos custodiar estas cosas bellas que Dios nos ha dado. La creación es para nosotros, para que nosotros la aprovechemos bien, no la explotemos, la custodiemos. Porque usted sabe, padre – me dijo – Dios perdona siempre, sí, esto es verdad, Dios perdona siempre; nosotros, las personas humanas, hombres y mujeres perdonamos algunas veces, sí, algunas no perdonamos. Pero la creación, padre, no perdona nunca, y si tu no lo custodias, él te destruirá. Esto debe hacernos pensar y pedir al Espíritu Santo el don de la ciencia para comprender bien que la creación es el regalo más bello de Dios, que Él dijo: esto es bueno, esto es bueno, esto es bueno, esto es mi regalo, pero la cosa más buena que he creado es la persona humana. Gracias.
Fuente: Radio Vaticano
Queridos hermanos y hermanas, buenos días
Hoy queremos reflexionar sobre otro don del Espíritu Santo, el don de la ciencia. Cuando se habla de ciencia, el pensamiento va inmediatamente a la capacidad del hombre de conocer cada vez mejor la realidad que le rodea y de descubrir las leyes que regulan la naturaleza y el universo. La ciencia que viene del espíritu Santo, sin embargo, no se limita al conocimiento humano: es un don especial, que nos lleva a captar, a través de la creación, la grandeza y el amor de Dios y su relación profunda con toda criatura.
Cuando nuestros ojos son iluminados por el Espíritu, se abren a la contemplación de Dios, en la belleza de la naturaleza y de la grandiosidad del cosmos, y nos llevan a descubrir cómo cada cosa nos habla de Él, todo nos habla de su amor. ¡Todo esto suscita en nosotros un gran asombro y un profundo sentido de gratitud! Es la sensación que sentimos también cuando admiramos una obra de arte o cualquier maravilla que sea fruto del ingenio y de la creatividad del hombre: frente a todo esto, el Espíritu nos lleva a alabar al Señor desde lo profundo de nuestro corazón y a reconocer, en todo lo que tenemos y somos, un don inestimable de Dios y un signo de su infinito amor por nosotros.
En el primer capítulo del Génesis, precisamente al comienzo de toda la Biblia, se pone de relieve que Dios se complace en su creación, subrayando repetidamente la belleza y la bondad de cada cosa. Al término de cada jornada, está escrito: “Y Dios vio que todo era bueno” (1,12.18.21.25). Pero si Dios ve que la creación es algo bello, algo bueno, también nosotros debemos tener esta actitud de ver la creación como bella y buena, y con el don de la ciencia, por esta belleza alabamos a Dios, damos gracias a Dios por habernos dado tanta belleza a nosotros, y este es el camino. Y cuando Dios acabó de crear al hombre, no dijo que era algo “bueno”, dijo que era “muy bueno” (v. 31). Se acerca a él, y a los ojos de Dios nosotros somos la cosa más buena, más bella y más grande de la creación. Pero padre, los ángeles… ¡No! Los ángeles están por debajo de nosotros, nosotros somos más que los ángeles. Lo hemos escuchado en el libro de los salmos. Nos quiere mucho el Señor, ¿eh? Tenemos que darle gracias por esto. El don de la ciencia nos pone en profunda sintonía con el Creador, y nos hace participar en la limpieza de su mirada y de su juicio. En esta perspectiva logramos captar en el hombre y en la mujer el culmen de la creación, como realización de un designio de amor que está impreso en cada uno de nosotros y que nos hace reconocernos como hermanos y hermanas. Lo que surge entonces es un cuadro caracterizado por una profunda armonía, donde todo remite al Creador y donde el Espíritu nos hace percibir en cada persona y en cada cosa la impronta de la grandeza y de la bondad de Dios.
Todo esto es motivo de serenidad y de paz y hace del cristiano un testigo gozoso de Dios, en la estela de san Francisco de Asís y de tantos santos que han sabido alabar y cantar su amor a través de la contemplación de la creación. Al mismo tiempo, sin embargo, el don de la ciencia nos ayuda a no caer en algunas actitudes excesivas o equivocadas. El primero lo constituye el riesgo de considerarnos amos de la creación. La creación no es una propiedad de la que podemos adueñarnos a nuestro gusto; ni, mucho menos, es una propiedad solo de algunos: la creación es un regalo, es un regalo maravilloso que Dios nos ha dado, para que lo cuidemos y lo utilicemos en beneficio de todos, siempre con gran respeto y gratitud. La segunda actitud negativa está representada por la tentación de crearnos en las criaturas, como si estas pudieran ofrecer la respuesta a todas nuestras expectativas. Y el Espíritu Santo, con el don de la ciencia, nos ayuda a no caer en esto. Pero yo quisiera volver sobre el primer camino equivocado. Custodiar la creación, no adueñarse de la creación. Debemos custodiar la creación, es un don que el Señor nos ha dado, para nosotros, es el regalo de Dios a nosotros, nosotros somos custodios de la creación. Pero cuando nosotros explotamos la creación, destruimos el signo del amor de Dios. Destruir la creación es decir a Dios: no me gusta, esto no es bueno, ¿y qué te gusta a ti? Me gusto yo mismo. Eso es el pecado, ¿habéis visto? La custodia de la creación es precisamente la custodia del amor de Dios, y también es decir a Dios gracias, yo soy el amo de la creación, pero para llevarlo adelante, yo no destruiré nunca tu regalo. Y esta debe ser nuestra actitud ante la creación, custodiarla, porque si destruimos la creación, la creación nos destruirá. No lo olvidéis.
Una vez estaba en el campo y escuché un dicho de una persona sencilla, a la que gustaban mucho las flores, él custodiaba estas flores y me decía: debemos custodiar estas cosas bellas que Dios nos ha dado. La creación es para nosotros, para que nosotros la aprovechemos bien, no la explotemos, la custodiemos. Porque usted sabe, padre – me dijo – Dios perdona siempre, sí, esto es verdad, Dios perdona siempre; nosotros, las personas humanas, hombres y mujeres perdonamos algunas veces, sí, algunas no perdonamos. Pero la creación, padre, no perdona nunca, y si tu no lo custodias, él te destruirá. Esto debe hacernos pensar y pedir al Espíritu Santo el don de la ciencia para comprender bien que la creación es el regalo más bello de Dios, que Él dijo: esto es bueno, esto es bueno, esto es bueno, esto es mi regalo, pero la cosa más buena que he creado es la persona humana. Gracias.
Fuente: Radio Vaticano
jueves, 20 de marzo de 2014
sábado, 8 de marzo de 2014
La dimensión ambiental de Evangelii Gaudium
Como no podía ser de otra forma, el Papa Francisco, en su Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium, dedica algunas líneas a los problemas medioambientales que afectan a nuestro mundo. Es en el punto 215 donde dice:
ocupados con todo tipo de tareas […] Los pájaros volaban por el aire, sus plumas brillantes y sus diferentes cantos añadían color y melodía al verde de los bosques [...] Dios quiso esta tierra para nosotros, sus criaturas especiales, pero no para que pudiéramos destruirla y convertirla en un páramo [...] Después de una sola noche de lluvia, mira hacia los ríos de marrón chocolate de tu localidad, y recuerda que se llevan la sangre viva de la tierra hacia el mar [...] ¿Cómo van a poder nadar los peces en alcantarillas como el río Pasig y tantos otros ríos que hemos contaminado? ¿Quién ha convertido el maravilloso mundo marino en cementerios subacuáticos despojados de vida y de color? »".
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domingo, 8 de diciembre de 2013
Home
La película Home, dirigida en 2009 por Yann Arthus-Bertrand, es una excelente visión de los principales problemas ambientales de nuestro planeta. A pesar de que tenga algunas cuestiones discutibles, la fuerza de los datos es definitiva. Merece la pena verla, con espíritu crítico y ganas de disfrutar de su fotografía. Dura una hora y media.
Para verla en You Tube, pincha aquí.
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