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sábado, 27 de enero de 2018

El mensaje del Papa Francisco a Davos18

Para el profesor Klaus Schwab, Presidente Ejecutivo del Foro Económico Mundial

Agradezco su invitación para participar en el Foro Económico Mundial 2018 y su deseo de incluir la perspectiva de la Iglesia Católica y de la Santa Sede en la reunión en Davos. También les agradezco sus esfuerzos por acercar esta perspectiva a la atención de los participantes, incluidas las distinguidas autoridades políticas y gubernamentales presentes y todos aquellos involucrados en los negocios, la economía, el trabajo y la cultura, mientras discuten los desafíos, preocupaciones, esperanzas y perspectivas del mundo de hoy y del futuro.

El tema elegido para el foro de este año - Crear un futuro compartido en un mundo fracturado - es muy oportuno. Confío en que ayudará a orientar sus deliberaciones en la búsqueda de mejores bases para construir sociedades inclusivas, justas y solidarias, capaces de restaurar la dignidad de aquellos que viven con gran incertidumbre y que no pueden soñar con un mundo mejor.
A nivel de gobernanza global, somos cada vez más conscientes de que existe una creciente fragmentación entre los Estados y las instituciones. Están surgiendo nuevos actores, así como una nueva competencia económica y acuerdos comerciales regionales. Las nuevas tecnologías están transformando los modelos económicos y el mundo globalizado, de tal forma que, condicionadas por intereses privados y una ambición de lucro a toda costa, parecen favorecer una mayor fragmentación e individualismo, en lugar de facilitar enfoques que sean más inclusivos.

La inestabilidad financiera han traído nuevos problemas y serios desafíos que los gobiernos deben enfrentar, como el aumento del desempleo y de la pobreza, la ampliación de la brecha socioeconómica y las nuevas formas de esclavitud, a menudo enraizadas en situaciones de conflicto, migración y diversos problemas sociales. "Junto a ello, encontramos ciertos estilos de vida bastante egoístas, marcados por una opulencia que ya no es sostenible y con frecuencia indiferentes al mundo que nos rodea, y especialmente a los más pobres entre los pobres. Para nuestra sorpresa, vemos que las cuestiones técnicas y económicas dominan el debate político, en detrimento de una preocupación genuina por los seres humanos. Los hombres y las mujeres corren el riesgo de verse reducidos a meros engranajes en una maquinaria que los considera meros artículos de consumo para ser explotados, con el resultado de que cada vez que una vida humana ya no es útil para esa maquinaria, se descarta con pocos reparos” (Discurso en el Parlamento Europeo, Estrasburgo, 25 de noviembre de 2014).

En este contexto, es vital salvaguardar la dignidad de la persona humana, en particular ofreciendo a todas las personas oportunidades reales para el desarrollo humano integral y aplicando políticas económicas que favorezcan a la familia. "La libertad económica no debe prevalecer sobre la libertad del hombre y sus derechos, y el mercado no debe ser absoluto, sino respetar las exigencias de la justicia” (Discurso a la Confederación General de la Industria Italiana, 27 de febrero de 2016). Por lo tanto, los modelos económicos también deben observar una ética del desarrollo sostenible e integral, basada en los valores que colocan al ser humano a la persona y sus derechos en el centro.

"Ante las numerosas barreras de la injusticia, la soledad, la desconfianza y la sospecha en nuestros días, el mundo del trabajo está llamado a dar pasos valientes para que 'ser y trabajar juntos' no sea simplemente un eslogan sino un programa para el presente y el futuro” (Ibid.). Solo a través de una resolución firme compartida por todos los actores económicos podemos dar una nueva dirección al destino de nuestro mundo. También la inteligencia artificial, la robótica y otras innovaciones tecnológicas deben emplearse de tal manera que contribuyan al servicio de la humanidad y a la protección de nuestro mundo, y no lo contrario, como lamentablemente algunas estimaciones prevén.

miércoles, 15 de marzo de 2017

El paradigma de las minas a cielo abierto

En mi entorno territorial próximo, han surgido en los últimos meses algunos proyectos de explotaciones mineras a cielo abierto. Estaba pensando, a este respecto, lo bonito que suena el nombre: "a cielo abierto". Debe ser el nombre lo único bonito que tienen, porque todo son perjuicios. De hecho, quizás deberían denominarse minas "a tierra abierta", por el tajo que producen a la superficie terrestre.

Pero, aparte de las consideraciones de nomenclatura, confluyen en las minas a cielo abierto una serie de circunstancias que reúno aquí en lo que he denominado "el paradigma de las minas a cielo abierto". Mis argumentos son los siguientes:
-La minería en general es insostenible por definición, ya que explotan unos recursos naturales no renovables (el material mineral extraído).
-Estas minas destruyen otros recursos naturales que no son objeto del aprovechamiento minero en sí. Por ejemplo: destruyen el paisaje, la vegetación, el suelo (con su capacidad productiva para cultivos y ecosistemas, y su papel como sumidero de carbono).
-Afectan negativamente a aspectos medioambientales diversos, como la fauna, los climas locales y los microclimas, el ciclo hidrológico local de las cuencas afectadas, etc.
-Desde el punto de vista socioeconómico, en la minería a cielo abierto -y en la minería en general- una empresa particular aprovecha unos recursos que son `de todos´, sin dejar apenas beneficios para las poblaciones locales.

Es cierto que la normativa obliga a unas medidas correctoras de los impactos ambientales. Es cierto también que, en algunos casos, puede existir un `interés general´ en estas explotaciones, de tal manera que la sociedad en general obtenga un beneficio, aunque este no lo reciba directamente la población local.

Sin embargo, en la mayoría de los casos, la minería a cielo abierto, rompe el modelo de desarrollo de las comarcas donde se establece, en muchos casos zonas de gran interés paisajístico y natural o histórico-cultural, en cuya economía tienen una significativa participación actividades relacionadas con el entorno natural como son el turismo rural o de naturaleza, aprovechamientos micológicos, agricultura, ganadería, selvicultura, apicultura, etc.

El papa Francisco en su conocida encíclica Laudato si´sobre el cuidado de la `casa común´, escribe algunas frases tremendamente elocuentes. Pongo algunos ejemplos directamente aplicables al asunto que nos ocupa:
-"La exposición a los contaminantes atmosféricos produce un amplio espectro de efectos sobre la salud, especialmente de los más pobres, provocando millones de muertes prematuras".
-"La tierra, nuestra casa, parece convertirse cada vez más en un inmenso depósito de porquería. En muchos lugares del planeta, los ancianos añoran los paisajes de otros tiempos, que ahora se ven inundados de basura".
-"La humanidad está llamada a tomar conciencia de la necesidad de realizar cambios de estilos de vida, de producción y de consumo, para combatir este calentamiento [global] o, al menos, las causas humanas que lo producen o acentúan".
-"Conocemos bien la imposibilidad de sostener el actual nivel de consumo de los países más desarrollados y de los sectores más ricos de las sociedades, donde el hábito de gastar y tirar alcanza niveles inauditos. Ya se han rebasado ciertos límites máximos de explotación del planeta, sin que hayamos resuelto el problema de la pobreza".
-"El agua potable y limpia representa una cuestión de primera importancia, porque es indispensable para la vida humana y para sustentar los ecosistemas terrestres y acuáticos".
-"Las aguas subterráneas en muchos lugares están amenazadas por la contaminación que producen algunas actividades extractivas, agrícolas e industriales, sobre todo en países donde no hay una reglamentación y controles suficientes".
-"Los recursos de la tierra también están siendo depredados a causa de formas inmediatistas de entender la economía y la actividad comercial y productiva".
-"El cuidado de los ecosistemas supone una mirada que vaya más allá de lo inmediato, porque cuando sólo se busca un rédito económico rápido y fácil, a nadie le interesa realmente su preservación. Pero el costo de los daños que se ocasionan por el descuido egoísta es muchísimo más alto que el beneficio económico que se pueda obtener". 
-"Si tenemos en cuenta que el ser humano también es una criatura de este mundo, que tiene derecho a vivir y a ser feliz, y que además tiene una dignidad especialísima, no podemos dejar de considerar los efectos de la degradación ambiental, del actual modelo de desarrollo".

Frente a un modelo de desarrollo basado en el inmediatismo económico y en el consumo insostenible de recursos naturales, la sociedad debe asumir y promover un nuevo modelo que, sin oponerse al progreso, se base en la conservación de los recursos naturales y en las personas, con su historia, su cultura y su derecho a vivir feliz.


Mina a cielo abierto en Nuevo México (Estados Unidos). Fuente: wikipedia

lunes, 13 de marzo de 2017

Derecho humano al agua

El Papa Francisco pronunció este discurso en el Seminario sobre el Derecho Humano al Agua celebrado los pasados 23 y 24 de febrero en El Vaticano. En su intervención, el Papa incidió en las siguientes cuestiones:

“El agua está en el comienzo de todas cosas, es fuente de la vida y de la fecundidad.”
“El agua es una de las cuestiones nodales en el mundo actual.”
“Cada día, 1.000 niños mueren a causa de enfermedades relacionadas con el agua.”
“Es urgente tomar conciencia de la necesidad del agua para el bien de la humanidad.”
“El agua es condición para el ejercicio de los demás derechos humanos.”
“En el compromiso de dar al agua el lugar que le corresponde, hace falta una cultura del cuidado.”
"Es imprescindible la acción de cada Estado como garante del acceso universal al agua segura y de calidad."
El Seminario, organizado por la Cátedra del Diálogo y la Cultura del Encuentro reunió a un importante número de expertos que aportaron perspectivas multidisciplinares sobre la centralidad de las políticas públicas en las áreas de gestión del agua y el saneamiento.


 

A continuación, pueden visionarse todas las ponencias efectuadas en el evento:





Fuente: iagua

jueves, 1 de septiembre de 2016

Mensaje del Papa Francisco para la Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación

Usemos misericordia con nuestra casa común

En unión con los hermanos y hermanas ortodoxos, y con la adhesión de otras Iglesias y Comunidades cristianas, la Iglesia católica celebra hoy la anual «Jornada mundial de oración por el cuidado de la creación». La jornada pretende ofrecer «a cada creyente y a las comunidades una valiosa oportunidad de renovar la adhesión personal a la propia vocación de custodios de la creación, elevando a Dios una acción de gracias por la maravillosa obra que él ha confiado a nuestro cuidado, invocando su ayuda para la protección de la creación y su misericordia por los pecados cometidos contra el mundo en el que vivimos».

Es muy alentador que la preocupación por el futuro de nuestro planeta sea compartida por las Iglesias y las Comunidades cristianas junto a otras religiones. En efecto, en los últimos años, muchas iniciativas han sido emprendidas por las autoridades religiosas y otras organizaciones para sensibilizar en mayor medida a la opinión pública sobre los peligros del uso irresponsable del planeta. Quisiera aquí mencionar al Patriarca Bartolomé y a su predecesor Demetrio, que durante muchos años se han pronunciado constantemente contra el pecado de causar daños a la creación, poniendo la atención sobre la crisis moral y espiritual que está en la base de los problemas ambientales y de la degradación. Respondiendo a la creciente atención por la integridad de la creación, la Tercera Asamblea Ecuménica Europea (Sibiu 2007) proponía celebrar un «Tiempo para la creación», con una duración de cinco semanas entre el 1 de septiembre (memoria ortodoxa de la divina creación) y el 4 de octubre (memoria de Francisco de Asís en la Iglesia católica y en algunas otras tradiciones occidentales). Desde aquel momento dicha iniciativa, con el apoyo del Consejo Mundial de las Iglesias, ha inspirado muchas actividades ecuménicas en diversos lugares.

Debe ser también un motivo de alegría que, en todo el mundo, iniciativas parecidas que promueven la justicia ambiental, la solicitud hacia los pobres y el compromiso responsable con la sociedad, están fomentando el encuentro entre personas, sobre todo jóvenes, de diversos contextos religiosos. Los Cristianos y los no cristianos, las personas de fe y de buena voluntad, hemos de estar unidos en el demostrar misericordia con nuestra casa común la tierra y valorizar plenamente el mundo en el cual vivimos como lugar del compartir y de comunión.

1. La tierra grita…

Con este Mensaje, renuevo el diálogo con «toda persona que vive en este planeta» respecto a los sufrimientos que afligen a los pobres y la devastación del medio ambiente. Dios nos hizo el don de un jardín exuberante, pero lo estamos convirtiendo en una superficie contaminada de «escombros, desiertos y suciedad» (Laudato si’, 161). No podemos rendirnos o ser indiferentes a la pérdida de la biodiversidad y a la destrucción de los ecosistemas, a menudo provocados por nuestros comportamientos irresponsables y egoístas. «Por nuestra causa, miles de especies ya no darán gloria a Dios con su existencia ni podrán comunicarnos su propio mensaje. No tenemos derecho» (ibíd., 33).

El planeta continúa a calentarse, en parte a causa de la actividad humana: el 2015 ha sido el año más caluroso jamás registrado y probablemente el 2016 lo será aún más. Esto provoca sequía, inundaciones, incendios y fenómenos meteorológicos extremos cada vez más graves. Los cambios climáticos contribuyen también a la dolorosa crisis de los emigrantes forzosos. Los pobres del mundo, que son los menos responsables de los cambios climáticos, son los más vulnerables y sufren ya los efectos.

Como subraya la ecología integral, los seres humanos están profundamente unidos unos a otros y a la creación en su totalidad. Cuando maltratamos la naturaleza, maltratamos también a los seres humanos. Al mismo tiempo, cada criatura tiene su propio valor intrínseco que debe ser respetado. Escuchemos «tanto el clamor de la tierra como el clamor de los pobres» (ibíd., 49), y busquemos comprender atentamente cómo poder asegurar una respuesta adecuada y oportuna.

2. …porque hemos pecado

Dios nos ha dado la tierra para cultivarla y guardarla (cf. Gn. 2,15) con respeto y equilibrio. Cultivarla «demasiado» esto es abusando de ella de modo miope y egoísta, y guardarla poco es pecado.

Con valentía, el querido Patriarca Bartolomé, repetidamente y proféticamente, ha puesto de manifiesto nuestros pecados contra la creación: «Que los seres humanos destruyan la diversidad biológica en la creación divina; que los seres humanos degraden la integridad de la tierra y contribuyan al cambio climático, desnudando la tierra de sus bosques naturales o destruyendo sus zonas húmedas; que los seres humanos contaminen las aguas, el suelo, el aire. Todo esto es pecado». Porque «un crimen contra la naturaleza es un crimen contra nosotros mismos y un pecado contra Dios».

Ante lo que está sucediendo en nuestra casa, que el Jubileo de la Misericordia pueda llamar de nuevo a los fieles cristianos «a una profunda conversión interior» (Laudato si’, 217), sostenida particularmente por el sacramento de la Penitencia. En este Año Jubilar, aprendamos a buscar la misericordia de Dios por los pecados cometidos contra la creación, que hasta ahora no hemos sabido reconocer ni confesar; y comprometámonos a realizar pasos concretos en el camino de la conversión ecológica, que pide una clara toma de conciencia de nuestra responsabilidad con nosotros mismos, con el prójimo, con la creación y con el creador (cf. ibíd., 10; 229).

3. Examen de conciencia y arrepentimiento

El primer paso en este camino es siempre un examen de conciencia, que «implica gratitud y gratuidad, es decir, un reconocimiento del mundo como un don recibido del amor del Padre, que provoca como consecuencia actitudes gratuitas de renuncia y gestos generosos […] También implica la amorosa conciencia de no estar desconectados de las demás criaturas, de formar con los demás seres del universo una preciosa comunión universal. Para el creyente, el mundo no se contempla desde fuera sino desde dentro, reconociendo los lazos con los que el Padre nos ha unido a todos los seres» (ibíd., 220).

A este Padre lleno de misericordia y de bondad, que espera el regreso de cada uno de sus hijos, podemos dirigirnos reconociendo nuestros pecados contra la creación, los pobres y las futuras generaciones. «En la medida en que todos generamos pequeños daños ecológicos», estamos llamados a reconocer «nuestra contribución –pequeña o grande– a la desfiguración y destrucción de la creación». Este es el primer paso en el camino de la conversión.

En el 2000, también un Año Jubilar, mi predecesor san Juan Pablo II invitó a los católicos a arrepentirse por la intolerancia religiosa pasada y presente, así como por las injusticias cometidas contra los hebreos, las mujeres, los pueblos indígenas, los inmigrantes, los pobres y los no nacidos. En este Jubileo Extraordinario de la Misericordia, invito a cada uno a hacer lo mismo. Como personas acostumbradas a estilos de vida inducidos por una malentendida cultura del bienestar o por un «deseo desordenado de consumir más de lo que realmente se necesita» (ibíd., 123), y como partícipes de un sistema que «ha impuesto la lógica de las ganancias a cualquier costo sin pensar en la exclusión social o la destrucción de la naturaleza», arrepintámonos del mal que estamos haciendo a nuestra casa común.

Después de un serio examen de conciencia y llenos de arrepentimiento, podemos confesar nuestros pecados contra el Creador, contra la creación, contra nuestros hermanos y hermanas. «El Catecismo de la Iglesia Católica nos hace ver el confesionario como un lugar en el que la verdad nos hace libres para un encuentro». Sabemos que «Dios es más grande que nuestro pecado», de todos los pecados, incluidos aquellos contra la creación. Allí confesamos porque estamos arrepentidos y queremos cambiar. Y la gracia misericordiosa de Dios que recibimos en el sacramento nos ayudará a hacerlo.

4. Cambiar de ruta

El examen de conciencia, el arrepentimiento y la confesión al Padre rico de misericordia, nos conducen a un firme propósito de cambio de vida. Y esto debe traducirse en actitudes y comportamientos concretos más respetuosos con la creación, como, por ejemplo, hacer un uso prudente del plástico y del papel, no desperdiciar el agua, la comida y la energía eléctrica, diferenciar los residuos, tratar con cuidado a los otros seres vivos, utilizar el transporte público y compartir el mismo vehículo entre varias personas, entre otras cosas (cf. Laudado si’, 211). No debemos pensar que estos esfuerzos sean demasiado pequeños para mejorar el mundo. Estas acciones «provocan en el seno de esta tierra un bien que siempre tiende a difundirse, a veces invisiblemente» (ibíd., 212) y refuerzan «un estilo de vida profético y contemplativo, capaz de gozar profundamente sin obsesionarse por el consumo» (ibíd., 222).

Igualmente, el propósito de cambiar de vida debe atravesar el modo en el que contribuimos a construir la cultura y la sociedad de la cual formamos parte: «El cuidado de la naturaleza es parte de un estilo de vida que implica capacidad de convivencia y de comunión» (ibíd., 228). La economía y la política, la sociedad y la cultura, no pueden estar dominadas por una mentalidad del corto plazo y de la búsqueda de un inmediato provecho financiero o electoral. Por el contrario, estas deben ser urgentemente reorientadas hacia el bien común, que incluye la sostenibilidad y el cuidado de la creación.

Un caso concreto es el de la «deuda ecológica» entre el norte y el sur del mundo (cf. ibíd., 51-52). Su restitución haría necesario que se tomase cuidado de la naturaleza de los países más pobres, proporcionándoles recursos financiaros y asistencia técnica que les ayuden a gestionar las consecuencias de los cambios climáticos y a promover el desarrollo sostenible.

La protección de la casa común necesita un creciente consenso político. En este sentido, es motivo de satisfacción que en septiembre de 2015 los países del mundo hayan adoptado los Objetivos del Desarrollo Sostenible, y que, en diciembre de 2015, hayan aprobado el Acuerdo de París sobre los cambios climáticos, que marca el costoso, pero fundamental objetivo de frenar el aumento de la temperatura global. Ahora los Gobiernos tienen el deber de respetar los compromisos que han asumido, mientras las empresas deben hacer responsablemente su parte, y corresponde a los ciudadanos exigir que esto se realice, es más, que se mire a objetivos cada vez más ambiciosos.

Cambiar de ruta significa, por lo tanto, «respetar escrupulosamente el mandamiento originario de preservar la creación de todo mal, ya sea por nuestro bien o por el bien de los demás seres humanos». Una pregunta puede ayudarnos a no perder de vista el objetivo: «¿Qué tipo de mundo queremos dejar a quienes nos sucedan, a los niños que están creciendo?» (Laudato si’, 160).

5. Una nueva obra de misericordia

«Nada une más con Dios que un acto de misericordia, bien sea que se trate de la misericordia con que el Señor nos perdona nuestros pecados, o bien de la gracia que nos da para practicar las obras de misericordia en su nombre».

Parafraseando a Santiago, «la misericordia sin las obras está muerta en sí misma. […] A causa de los cambios de nuestro mundo globalizado, algunas pobrezas materiales y espirituales se han multiplicado: por lo tanto, dejemos espacio a la fantasía de la caridad para encontrar nuevas modalidades de acción. De este modo la vía de la misericordia se hará cada vez más concreta».

La vida cristiana incluye la práctica de las tradicionales obras de misericordia corporales y espirituales. «Solemos pensar en las obras de misericordia de una en una, y en cuanto ligadas a una obra: hospitales para los enfermos, comedores para los que tienen hambre, hospederías para los que están en situación de calle, escuelas para los que tienen que educarse, el confesionario y la dirección espiritual para el que necesita consejo y perdón… Pero, si las miramos en conjunto, el mensaje es que el objeto de la misericordia es la vida humana misma y en su totalidad».

Obviamente «la misma vida humana en su totalidad» incluye el cuidado de la casa común. Por lo tanto, me permito proponer un complemento a las dos listas tradicionales de siete obras de misericordia, añadiendo a cada una el cuidado de la casa común.

Como obra de misericordia espiritual, el cuidado de la casa común precisa de «la contemplación agradecida del mundo» (Laudato si’, 214) que «nos permite descubrir a través de cada cosa alguna enseñanza que Dios nos quiere transmitir» (ibíd., 85). Como obra de misericordia corporal, el cuidado de la casa común, necesita «simples gestos cotidianos donde rompemos la lógica de la violencia, del aprovechamiento, del egoísmo […] y se manifiesta en todas las acciones que procuran construir un mundo mejor» (ibíd., 230-231).

6. En conclusión, oremos

A pesar de nuestros pecados y los tremendos desafíos que tenemos delante, no perdamos la esperanza: «El Creador no nos abandona, nunca hizo marcha atrás en su proyecto de amor, no se arrepiente de habernos creado […] porque se ha unido definitivamente a nuestra tierra, y su amor siempre nos lleva a encontrar nuevos caminos» (ibíd., 13;245). El 1 de septiembre en particular, y después durante el resto del año, recemos:

«Oh Dios de los pobres,
ayúdanos a rescatar a los abandonados
y a los olvidados de esta tierra
que son tan valiosos a tus ojos. […]
Dios de amor,
muéstranos nuestro lugar en este mundo
como instrumentos de tu cariño
por todos los seres de esta tierra (ibíd., 246).
Dios de Misericordia, concédenos recibir tu perdón
y de transmitir tu misericordia en toda nuestra casa común.
Alabado seas.
Amen.

Vaticano, 1 de septiembre de 2016

FRANCISCO

martes, 9 de febrero de 2016

martes, 27 de octubre de 2015

Llamamiento católico por el cambio climático

REUTERS

Los líderes católicos de todo el mundo hicieron el lunes un llamamiento conjunto para que la próxima conferencia de las Naciones Unidas sobre el cambio climático genere un acuerdo "justo, vinculante y verdaderamente transformador".

Cardenales y obispos firmaron el documento en el Vaticano, argumentando que el cambio climático estaba vinculado "a la injusticia social y a la exclusión social de los más pobres y los más vulnerables de nuestros ciudadanos".

El mensaje que consta de 10 puntos se basa en la encíclica "Laudato Si" que el Papa Francisco publicó en junio pasado y en la que demanda una acción urgente para salvar el planeta de la ruina ambiental.

"Creyentes o no, estamos de acuerdo hoy que la tierra es esencialmente una herencia compartida, cuyos frutos tienen el propósito de beneficiar a todos", dijeron los líderes católicos en el documento que será entregado en la Cumbre de París, que se realizará del 30 noviembre al 11 diciembre.

"Para los creyentes, esto se convierte en una cuestión de fidelidad al Creador, ya que Dios creó el mundo para todos. Por lo tanto cada enfoque ecológico necesita incorporar una perspectiva social que tenga en cuenta los derechos fundamentales de los pobres y los desfavorecidos", sostuvo.

Las disputas sobre la financiación para los países pobres han obstaculizado las negociaciones entre casi 200 naciones, que están en una carrera contrarreloj para sellar un acuerdo en la cumbre de París sobre combatir el calentamiento global.


THE NEW YORK TIMES

Roman Catholic cardinals, patriarchs and bishops from around the world on Monday appealed to climate-change negotiators to approve a “fair, legally binding and truly transformational climate agreement” when they meet at a widely anticipated United Nations conference in Paris next month.

Representatives of the church from five continents signed the appeal in Vatican City. They said it was inspired by Pope Francis’ sweeping encyclical on the environment, “Laudato Si,” issued in June, which forcefully calls for action to stem environmental destruction and climate change.

The prelates’ appeal calls for a “major breakthrough in Paris” that puts “the common good ahead of national interests,” and advances a 10-point policy proposal “drawing on the concrete experience of people across the continents, and linking climate change to social injustice and the social exclusion of the poorest and most vulnerable of our citizens,” they wrote.

The proposal includes putting “an end to the fossil fuel era,” phasing out emissions by midcentury and providing “affordable, reliable and safe renewable energy access for all.” It also calls for the development of “new models of development and lifestyle.”

Governments must also set limits to global temperature increases, the appeal stated. Decisions made in Paris must be legally binding, the prelates said.

“It’s not a wish or a recommendation but something that is going to tie the hands of governments, we hope,” Cardinal Oswald Gracias, archbishop of Mumbai, India, said at a news conference Monday.

The church has a duty, he said, to bring “ethical considerations” to the forefront of the climate talks in Paris from Nov. 30 to Dec. 11.

The appeal, Cardinal Gracias said, was a “historic occasion” and the first time that Catholic leaders representing all regional and national bishops conferences had presented a joint appeal.

The reason for the petition was simple, he said: “We are experiencing very much the effects of climate change.”

Archbishop John Ribat of Port Moresby, Papua New Guinea, who is the president of the Federation of Episcopal Conferences of Oceania, said islands had been especially hard hit by climate-induced rising sea levels. “Our life,” in Oceania, “is at stake,” he said.

He called the Paris meeting a critical turning point. “Business as usual is neither viable nor respecting human dignity, cultures that have evolved over ten thousand years will be extinguished,” if Paris fails, he said.

Pope Francis has made care for the environment one of the platforms of his papacy, and the Vatican has organized international conferences to press the issue.

“It’s very important to have a variety of actors like the church who take a stance, because the changes that are required involve much more than decisions at the political and economic level,” said Prof. Jean-Pascal van Ypersele of the Catholic University of Leuven in Belgium, a former vice president of the Intergovernmental Panel on Climate Change. “They involve a cultural change everywhere around the planet. The church can be a very important player in that context.”

The church has also been attuned to the social injustice effected by climate change. “A common rule is that the poor are the most vulnerable, while they are also the least responsible for the greenhouse-gas emissions,” Professor van Ypersele said, describing it as a “double injustice.”

But the rich, he said, should not believe that they can escape the impact of climate change. “We all share the same planet, the same boat,” he said. “If we sink to the bottom of the ocean, we all sink together.”

viernes, 16 de octubre de 2015

Apoyo a la llamada del Papa por la ecología humana

A los Jefes de Estado y de Gobierno de los países participantes en la XXI Conferencia Internacional sobre el Cambio Climático (30 noviembre - 15 diciembre 2015, París).
En nombre de nuestros niños, que sin vuestro compromiso, heredarán un planeta degradado y peligroso.
En nombre de los pobres y del planeta, primeras víctimas de la contaminación y del impacto del cambio climático.
En nombre de toda la familia humana, en la que no hay fronteras y barreras políticas o sociales que os permitan eximiros de vuestra responsabilidad.
Os pido que acojáis el llamamiento que ha lanzado el Papa Francisco en la encíclica “Laudato sii’” sobre el “cuidado de la casa común”, en la que reconoce que la humanidad está aún a tiempo para evitar la catástrofe ecológica y os pide compromisos concretos por "una auténtica ecología humana”.
En las deliberaciones de vuestra Conferencia sobre el Cambio Climático, os pido que escuchéis el llamamiento lanzado por Francisco de respetar el clima como “un bien común, de todos y para todos” (n. 23).
En la encíclica, el Papa reconoce: “Los cambios climáticos son un problema global con graves implicaciones ambientales, sociales, económicas, distributivas y políticas, y constituyen uno de los principales desafíos actuales para la humanidad. Los impactos más duros probablemente recaerán en las próximas décadas sobre los países en vías de desarrollo” (n. 25).
Pos estos motivos, Francisco lanza esta petición que yo hago mía: “Se ha hecho urgente y apremiante el desarrollo de políticas para que en los próximos años, la emisión de anhídrido carbónico y de otros gases altamente contaminantes se reduzca drásticamente, por ejemplo, sustityuendo los combustibles fósiles y desarrollando fuentes de energía renovable” (n. 26).
Estamos aún a tiempo para salvar el planeta que entregaremos a nuestros hijos. Por este motivo, firmo esta petición y os pido que respondáis con compromisos concretos al llamamiento del Papa.

lunes, 15 de junio de 2015

7 pistas de Manos Unidas para leer la encíclica

Aquí os dejamos este otro enlace con siete pistas para leer la encíclica Laudato Sii.

Enlace


La encíclica Laudato Si' en los medios

A pocos días de la presentación de la nueva encíclica del papa Francisco, os dejamos este enlace de la web de Manos Unidas donde se recogen algunas noticias referidas a esta encíclica.

Enlace

martes, 28 de abril de 2015

La encíclica de medio ambiente en junio

El secretario general de Naciones Unidas (ONU), Ban Ki-moon, ha confirmado que el Papa le ha dicho que la encíclica sobre medio ambiente y ecología está terminada, se está traduciendo y en junio será publicada. El mandatario se ha reunido este martes durante media hora con el Pontífice en el Vaticano, donde le ha ha urgido a combatir el cambio climático para reducir las desigualdades en la sociedad.

Para el alto representante de la ONU, mitigar el cambio climático y adaptarse a sus efectos es "una cuestión moral" porque, según ha subrayado "es necesario para erradicar la extrema pobreza, reducir la desigualdad y garantizar un desarrollo económico equitativo y sostenible". En este sentido ha definido el compromiso para combatir los efectos del cambio climático como "una cuestión determinante" de la actualidad.

"El cambio climático está intrínsecamente vinculado a la salud pública, a la seguridad del agua y de los alimentos, a la los movimientos migratorios y a la paz y a la seguridad. Es una cuestión moral. Una cuestión de justicia social, derechos humanos y ética fundamental", ha añadido al respecto.

Precisamente, el alto representante del Vaticano ante la ONU ha asegurado que la lucha contra el cambio climático es un "imperativo moral", durante su discurso inaugural en la Conferencia organizada también en el Vaticano por Naciones Unidad y la Academia Pontifica de Ciencias y Religiones para la Paz de la Santa Sede que se titula.

Está previsto que el Papa también envíe un vídeo mensaje a los científicos, estudiosos y demás participantes de este Convenio sobre el imperativo moral que tienen los cristianos en la salvaguardia de la creación.

Fuente: www.iagua.es