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viernes, 16 de febrero de 2018

La Iglesia y el agua

El agua es la base de la vida humana, de la sociedad y de su desarrollo. Sin ella la vida no puede existir, y sin el derecho al acceso al agua cualquier discusión sobre los derechos humanos sería fútil. Ahora bien, una cosa es la belleza de este enunciado y otra la cruda realidad: menos del 2 por ciento
del agua de nuestro planeta es dulce y directamente accesible al ser humano, y un tercio de la población mundial vive bajo estrés hídrico (una cifra que, según estimaciones, llegará a dos tercios para 2025). Por otra parte, hay una gran diversidad entre el hemisferio norte y sur. Mientras en el primero la inmensa mayoría de la población disfruta de este preciado recurso, en el segundo casi  .000 millones de personas no tienen un acceso seguro al agua potable limpia y de calidad. La creciente preocupación de la comunidad internacional por un elemento tan esencial como el agua ha cristalizado en uno de los 17 «Objetivos de Desarrollo Sostenible», en concreto en el número 6, donde se pide que quede garantizado el acceso universal y equitativo al agua potable, a un precio asequible para todos. El acceso al agua se convierte, por tanto, en un requisito necesario para alcanzar la pretensión de la Agenda ONU 2030 de «no dejar a nadie atrás» y asegurar la libertad de cada persona. La falta de este requisito lleva consigo desigualdades, crisis, pobreza e imposibilidad
de ejercitar plenamente los derechos para vivir con dignidad.

Derecho al agua. Revista Cáritas
Mons. Fernando Chica Arellano, observador permanente de la Santa Sede ante la FAO, el IFAD y el PMA

Ver artículo completo

Ver documento Water and Human Rights. A Catholic Perspective on the
Human Right to Water

La situación del agua en el mundo a la luz de Laudato Si’

Uno de los principales problemas ambientales que el papa Francisco trata en su encíclica Laudato Si´ es el que denomina “la cuestión del agua” (capítulo primero, II, puntos 27 a 31). Se trata de un problema común al resto de los recursos naturales, en riesgo de agotamiento por consumo irracional y los perniciosos y extendidos hábitos de gastar y tirar. Dice el papa que “el agua potable y limpia representa una cuestión de primera importancia, porque es indispensable para la vida humana y para sustentar los ecosistemas terrestres y acuáticos”. Introduce el concepto de “pobreza del agua social”, describiendo la situación del continente africano, donde algunos países están afectados por una desigualdad en la distribución de este recurso. El papa denuncia que el agua provoca muertes a diario; en este sentido, hay que decir, según  datos de organismos internacionales, que mueren al día unas 10.000 personas (la mitad niños) debido a la escasez de agua o a la falta de calidad. Francisco denuncia también los peligros de la privatización del agua, indicando que “el acceso al agua potable y segura es un derecho humano básico, fundamental y universal, porque determina la sobrevivencia de las personas”, añadiendo una de esas frases tan rotundas como ciertas que abundan en esta encíclica: “este mundo tiene una grave deuda social con los pobres que no tienen acceso al agua potable, porque eso es negarles el derecho a la vida radicado en su dignidad inalienable”. Por otra parte, destaca el papa, que la escasez del agua provocará un mayor coste de los alimentos y advierte que, posiblemente, se convertirá en una de las principales fuentes de grandes conflictos en este siglo.

En el trabajo que se presenta, se analiza la situación del agua a nivel mundial, siguiendo las orientaciones establecidas por el papa Francisco en esta encíclica. Para ello se utilizan datos sobre el uso de este recurso natural que ofrecen organismos internacionales y ONG’s de prestigio, así como las normativas más importante al respecto, principalmente la Directiva Marco del Agua de la Unión Europea.

Comunicación en el CONGRESO INTERNACIONAL LAUDATO SI´ DE ECOLOGÍA INTEGRAL Y MEDIO AMBIENTE


miércoles, 15 de marzo de 2017

El paradigma de las minas a cielo abierto

En mi entorno territorial próximo, han surgido en los últimos meses algunos proyectos de explotaciones mineras a cielo abierto. Estaba pensando, a este respecto, lo bonito que suena el nombre: "a cielo abierto". Debe ser el nombre lo único bonito que tienen, porque todo son perjuicios. De hecho, quizás deberían denominarse minas "a tierra abierta", por el tajo que producen a la superficie terrestre.

Pero, aparte de las consideraciones de nomenclatura, confluyen en las minas a cielo abierto una serie de circunstancias que reúno aquí en lo que he denominado "el paradigma de las minas a cielo abierto". Mis argumentos son los siguientes:
-La minería en general es insostenible por definición, ya que explotan unos recursos naturales no renovables (el material mineral extraído).
-Estas minas destruyen otros recursos naturales que no son objeto del aprovechamiento minero en sí. Por ejemplo: destruyen el paisaje, la vegetación, el suelo (con su capacidad productiva para cultivos y ecosistemas, y su papel como sumidero de carbono).
-Afectan negativamente a aspectos medioambientales diversos, como la fauna, los climas locales y los microclimas, el ciclo hidrológico local de las cuencas afectadas, etc.
-Desde el punto de vista socioeconómico, en la minería a cielo abierto -y en la minería en general- una empresa particular aprovecha unos recursos que son `de todos´, sin dejar apenas beneficios para las poblaciones locales.

Es cierto que la normativa obliga a unas medidas correctoras de los impactos ambientales. Es cierto también que, en algunos casos, puede existir un `interés general´ en estas explotaciones, de tal manera que la sociedad en general obtenga un beneficio, aunque este no lo reciba directamente la población local.

Sin embargo, en la mayoría de los casos, la minería a cielo abierto, rompe el modelo de desarrollo de las comarcas donde se establece, en muchos casos zonas de gran interés paisajístico y natural o histórico-cultural, en cuya economía tienen una significativa participación actividades relacionadas con el entorno natural como son el turismo rural o de naturaleza, aprovechamientos micológicos, agricultura, ganadería, selvicultura, apicultura, etc.

El papa Francisco en su conocida encíclica Laudato si´sobre el cuidado de la `casa común´, escribe algunas frases tremendamente elocuentes. Pongo algunos ejemplos directamente aplicables al asunto que nos ocupa:
-"La exposición a los contaminantes atmosféricos produce un amplio espectro de efectos sobre la salud, especialmente de los más pobres, provocando millones de muertes prematuras".
-"La tierra, nuestra casa, parece convertirse cada vez más en un inmenso depósito de porquería. En muchos lugares del planeta, los ancianos añoran los paisajes de otros tiempos, que ahora se ven inundados de basura".
-"La humanidad está llamada a tomar conciencia de la necesidad de realizar cambios de estilos de vida, de producción y de consumo, para combatir este calentamiento [global] o, al menos, las causas humanas que lo producen o acentúan".
-"Conocemos bien la imposibilidad de sostener el actual nivel de consumo de los países más desarrollados y de los sectores más ricos de las sociedades, donde el hábito de gastar y tirar alcanza niveles inauditos. Ya se han rebasado ciertos límites máximos de explotación del planeta, sin que hayamos resuelto el problema de la pobreza".
-"El agua potable y limpia representa una cuestión de primera importancia, porque es indispensable para la vida humana y para sustentar los ecosistemas terrestres y acuáticos".
-"Las aguas subterráneas en muchos lugares están amenazadas por la contaminación que producen algunas actividades extractivas, agrícolas e industriales, sobre todo en países donde no hay una reglamentación y controles suficientes".
-"Los recursos de la tierra también están siendo depredados a causa de formas inmediatistas de entender la economía y la actividad comercial y productiva".
-"El cuidado de los ecosistemas supone una mirada que vaya más allá de lo inmediato, porque cuando sólo se busca un rédito económico rápido y fácil, a nadie le interesa realmente su preservación. Pero el costo de los daños que se ocasionan por el descuido egoísta es muchísimo más alto que el beneficio económico que se pueda obtener". 
-"Si tenemos en cuenta que el ser humano también es una criatura de este mundo, que tiene derecho a vivir y a ser feliz, y que además tiene una dignidad especialísima, no podemos dejar de considerar los efectos de la degradación ambiental, del actual modelo de desarrollo".

Frente a un modelo de desarrollo basado en el inmediatismo económico y en el consumo insostenible de recursos naturales, la sociedad debe asumir y promover un nuevo modelo que, sin oponerse al progreso, se base en la conservación de los recursos naturales y en las personas, con su historia, su cultura y su derecho a vivir feliz.


Mina a cielo abierto en Nuevo México (Estados Unidos). Fuente: wikipedia

lunes, 13 de marzo de 2017

Derecho humano al agua

El Papa Francisco pronunció este discurso en el Seminario sobre el Derecho Humano al Agua celebrado los pasados 23 y 24 de febrero en El Vaticano. En su intervención, el Papa incidió en las siguientes cuestiones:

“El agua está en el comienzo de todas cosas, es fuente de la vida y de la fecundidad.”
“El agua es una de las cuestiones nodales en el mundo actual.”
“Cada día, 1.000 niños mueren a causa de enfermedades relacionadas con el agua.”
“Es urgente tomar conciencia de la necesidad del agua para el bien de la humanidad.”
“El agua es condición para el ejercicio de los demás derechos humanos.”
“En el compromiso de dar al agua el lugar que le corresponde, hace falta una cultura del cuidado.”
"Es imprescindible la acción de cada Estado como garante del acceso universal al agua segura y de calidad."
El Seminario, organizado por la Cátedra del Diálogo y la Cultura del Encuentro reunió a un importante número de expertos que aportaron perspectivas multidisciplinares sobre la centralidad de las políticas públicas en las áreas de gestión del agua y el saneamiento.


 

A continuación, pueden visionarse todas las ponencias efectuadas en el evento:





Fuente: iagua

miércoles, 31 de agosto de 2016

El acceso al agua potable es un problema de justicia social

El Papa ha denunciado ante científicos que el acceso al agua potable es un problema de "justicia social" y ha elogiado la labor de los que se ocupan de la "compleja y maravillosa actividad de escrutar el universo, don incomparable del Creador".

Francisco ha hecho estas consideraciones durante la audiencia a los participantes de la Escuela de verano de Astronomía del Observatorio Vaticano, organizado por la orden de los Jesuitas.
Para el Papa la cualificada participación de personas procedentes de "varios países y diferentes culturas" es la prueba de cómo la "diversidad puede enriquecer también el trabajo de investigación en el ámbito científico".

Sobre el deseo de comprender el universo ha destacado que es algo "común a hombres y mujeres que viven en contextos culturales y religiosos diferentes".

El tema de estudio es el agua en el sistema solar y el Papa ha incidido en lo "esencial que es el agua en la tierra". Y ha agregado: "El agua nos fascina con su poder y al mismo tiempo con su humildad". Así ha denunciado que hoy el acceso al agua pura es un problema de justicia social".

El papa León XIII fundó el Observatorio Vaticano en 1891, hace 125 años. Francisco ha señalado que en estos años, esta institución científica ha realizado "las finalidades para la que ha sido querida, sirviéndose de nuevos instrumentos, como también del diálogo y del debate con otros centros de investigación".

lunes, 13 de julio de 2015

Comentario sobre el Capítulo Primero de Laudato Si'

Os dejo el texto de mi intervención en la presentación de la encíclica Laudato Si' en la diócesis de Ávila. Intervinieron el Sr. Obispo, don Jesús García Burillo, los teólogos don Olegario González de Cardedal y don Jorge Zazo y un servidor. Entended que no es un texto elaborado sino más bien un esquema de mi intervención oral.


Señor Obispo, amigos todos:
En primer lugar me gustaría agradecer a don Jesús su confianza por la invitación a participar en este acto, invitación realizada a través de la Rectora de la Universidad Católica “Santa Teresa de Jesús” de Ávila.
Queridos amigos, la publicación de la encíclica Laudato Si’ del papa Francisco es ya un acontecimiento histórico que supondrá un antes y un después en la visión y la comprensión del medio ambiente por parte de los habitantes del mundo. Es esta una encíclica muy esperada, certera, abierta a todos -no sólo a los católicos-, fácil de leer, preciosa. Y como muestra de ello os dejo una primera frase: “El suelo, el agua, las montañas, todo es caricia de Dios” (84). ¿Hay forma más bonita y fiel de definir la creación?
Estructura de la Carta Encíclica (Introducción+6 capítulos):
1. Lo que está pasando a nuestra casa
2. El evangelio de la creación
3. Raíz humana de la crisis ecológica
4. Una ecología integral
5. Algunas líneas de orientación y acción
6. Educación y espiritualidad ecológica

Antecedentes
La encíclica LS no sale de la nada. El papa “no se ha hecho ecologista de repente”. La doctrina social de la Iglesia y diversos documentos del Magisterio han tratado ya la cuestión ambiental:
Juan XXIII: Pacem in terris
Pablo VI: Octogesima adveniens, discurso en la FAO 1970
Juan Pablo II: Redemptor hominis, Centesimus annus, catequesis, Sollicitudo rei socialis
Benedicto XVI: Caritas in veritate, sin duda con contenido económico, social y ambiental de gran calado, que supone una sobresaliente antesala a esta nueva encíclica de Francisco.

Me gustaría destacar la figura de San Francisco de Asis, “santo patrono de todos los que estudian y trabajan en torno a la ecología”, muestra “hasta qué punto son inseparables la preocupación por la naturaleza, la justicia con los pobres, el compromiso con la sociedad y la paz interior”. Padre de la espiritualidad ambiental, de la que habla también al final. Decía Francisco de Asís: “A través de la grandeza y de la belleza de las criaturas, se conoce por analogía al autor”. Algo que sabemos muy bien los que solemos pasear o hacer “trabajo de campo” en plena naturaleza.

“Llamado” del papa Francisco
-Desafío urgente de proteger nuestra casa común que incluye la preocupación de unir a toda la familia humana en la búsqueda de un desarrollo sostenible e integral
-“Invitación urgente a un nuevo diálogo sobre el modo como estamos construyendo el futuro del planeta”.
Necesitamos una “solidaridad universal nueva”. “Todos podemos colaborar como instrumentos de Dios para el cuidado de la creación, cada uno desde su cultura, su experiencia, sus iniciativas y sus capacidades”

En el Capítulo Primero el papa hace un diagnóstico de la situación ambiental actual de nuestra “casa común”, para “tomar dolorosa conciencia, atrevernos a convertir en sufrimiento personal lo que le pasa al mundo, y así reconocer cuál es la contribución que cada uno puede aportar” (19).
Quizás no sea necesario explicarlo, pero la palabra ecología se compone de oikos (casa) y logía (estudio de). De ahí que Francisco hable de “lo que le está pasando a nuestra casa”.

Apartados:
I. Contaminación y cambio climático
Contaminación, basura y cultura del descarte
El clima como bien común
20-22
23-26
II. La cuestión del agua
27-31
III. Pérdida de biodiversidad
32-42
IV. Deterioro de la calidad de la vida humana y degradación social
43-47
V. Inequidad planetaria
48-52
VI. La debilidad de las reacciones
53-59
VII. Diversidad de opiniones
60-61

El papa empieza la encíclica constatando que se está produciendo una aceleración de los cambios de la humanidad y del planeta, así como de los ritmos de vida y del trabajo (“rapidación”) (18). Para después reflexionar:
“El cambio es algo deseable, pero se vuelve preocupante cuando se convierte en deterioro del mundo y de la calidad de vida de gran parte de la humanidad” (18)
Este primer capítulo podría dividirse en tres partes:
1º Principales problemas ambientales (del “ambiente natural”): contaminación, cambio climático, el agua y pérdida de biodiversidad. En otros capítulos añade otros problemas: desertificación, uso de transgénicos o experimentación con embriones humanos.
2º Problemas del “ambiente humano”: deterioro de la calidad de la vida humana, degradación social, desigualdades sociales.
3º Estado actual del debate ambiental en el mundo: reacciones a la crisis ambiental, diversidad de opiniones.

I. Contaminación y cambio climático

Contaminación, basura y cultura del descarte
La contaminación afecta a la salud de las personas, especialmente a los pobres (20). Es patente en nuestro planeta una contaminación por residuos, incluyendo residuos peligrosos: “La tierra, nuestra casa, parece convertirse cada vez más en un inmenso depósito de porquería” (21). Y es que vivimos en una cultura del descarte, “que afecta tanto a seres humanos excluidos como a las cosas, que rápidamente se convierten en basura” (22). Los ecosistemas tienen un funcionamiento ejemplar, en cuanto al uso y reciclaje de recursos. No ocurre lo mismo con los sistemas industriales, que no ha desarrollado la capacidad de absorber y reutilizar residuos. (22)
Para contrarrestar la cultura del descarte: “limitar al máximo el uso de recursos no renovables, moderar el consumo, maximizar la eficiencia del aprovechamiento, reutilizar y reciclar” (22)

El clima como bien común
“El clima es un bien común, de todos y para todos”, muy relacionado con muchas condiciones esenciales para la vida humana (23).
El papa es prudente en el tratamiento del tema del cambio climático: estado actual de la ciencia y respuesta moral.
Existe un consenso científico sobre calentamiento del sistema climático, que a su vez implica ascenso del nivel del mar y mayor frecuencia de fenómenos meteorológicos extremos. Este cambio climático está motivado o acentuado por causas humanas (aumento de concentración de gases invernadero: CO2, NH4, óxidos de N, etc.) y naturales (vulcanismo, variaciones de la órbita y del eje de la Tierra, o el ciclo solar).
Pero es necesario actuar frente a las causas antrópicas mediante cambios de estilos de vida, de producción y de consumo. En concreto en lo que se refiere al uso de combustibles fósiles y a la deforestación para agricultura (23).
Consecuencias del calentamiento global: sobre el ciclo del C, derretimiento de hielos polares, acidificación de los océanos, subida del nivel del mar (el 25% de la población vive junto al mar) (24)
“El cambio climático es un problema global con graves dimensiones ambientales, sociales, económicas, distributivas y políticas” (25). Los más perjudicados por el cambio climático serán los pobres, debido a que sus medios de subsistencia dependen en gran medida de las reservas naturales y servicios ecosistémicos como agricultura, pesca y aprovechamientos forestales. (25)
Denuncia de la general indiferencia antes estos dramas humanos que suceden en distintas partes del mundo (25).
Denuncia que muchos ricos y poderosos se centran en enmascarar los problemas o en ocultar los síntomas, tratando sólo de reducir algunos impactos negativos (26).
Se ha vuelto urgente e imperioso el desarrollo de políticas que reduzcan urgentemente la utilización de combustibles fósiles y potencien el uso de energías renovables (26).

II. La cuestión del agua
No sólo se refiere al agua, sino por extensión: Agotamiento de los recursos naturales, por consumo irracional, y hábitos de gastar y tirar (27).
“El agua potable y limpia representa una cuestión de primera importancia, porque es indispensable para la vida humana y para sustentar los ecosistemas terrestres y acuáticos”. (28)
Destaca la situación en África (“Pobreza del agua social”), algunos países con desigualdades en la distribución del agua. (28)
La contaminación del agua provoca muertes a diario (29). Algunos estudios hablan de entre 8.000 y 25.000 muertes por escasez de agua o falta de calidad, la mitad niños (los datos no son de la encíclica).
Riesgo de privatización del agua: “El acceso al agua potable y segura es un derecho humano básico, fundamental y universal, porque determina la sobrevivencia de las personas, y por lo tanto en condición para el ejercicio de los demás derechos humanos” (30).
Negarles el agua potable a los pobres es “negarles el derecho a la vida radicado en su dignidad inalienable” (30).
Además, la escasez de agua provocará mayor coste de los alimentos (30) y posiblemente se convierta en una de las principales fuentes de grandes conflictos de este siglo.

III. Pérdida de biodiversidad
Los recursos de la tierra también están siendo depredados a causa de “formas inmediatistas” de entender la economía, el comercio y la producción (32). La pérdida de biodiversidad implica la pérdida de recursos clave para la alimentación y la medicina (32). Pero las especies también tienen valor en sí mismas.
“Por nuestra causa, miles de especies ya no darán gloria a Dios con su existencia ni podrán comunicarnos su propio mensaje. No tenemos derecho” (33).
Refiriéndose a iniciativas de intervención humana para restaurar: “Parece que pretendiéramos sustituir una belleza irreemplazable e irrecuperable, por otra creada por nosotros” (34).
Pérdida de biodiversidad por actividades humanas: nuevas carreteras, cultivos, alambradas, embalses… (35)
Indica casos concretos sobre pérdida de biodiversidad (38-41): Amazonia, cuenca fluvial del Congo, monocultivos forestales, desaparición de humedales, extracciones pesqueras abusivas, etc.
Como ejemplo de lugares críticos de biodiversidad menciona la Amazonia y la cuenca fluvial del Congo (38) “pulmones del planeta repletos de biodiversidad”
“El reemplazo de la flora silvestre por áreas forestadas con árboles, que generalmente son monocultivos, tampoco suele ser objeto de un adecuado análisis. Porque puede afectar gravemente a una biodiversidad que no es albergada por las nuevas especies que se implantan”. (39)
También las zonas húmedas que se sustituyen por cultivos pierden enorme biodiversidad (39)
Océanos, aprovechamientos pesqueros (40). Pérdida de biodiversidad por extracciones abusivas.
“¿Quién ha convertido el maravilloso mundo marino en cementerios subacuáticos despojados de vida y de color?” Se refiere a las barreras de coral (41)
Necesidad de invertir en investigación sobre el funcionamiento de los ecosistemas y de inventariar las especies, para desarrollar programas de protección, especialmente para especies en vías de extinción (42).

(Aquí terminaría la parte de diagnóstico de los principales problemas ambientales y pasaría a hablar de los problemas de la ecología humana).

IV. Deterioro de la calidad de la vida humana y degradación social
El ser humano es una criatura de este mundo, que tiene derecho a vivir y a ser feliz, y que tiene una “dignidad especialísima” (43). Sin embargo, muchos vivimos en ciudades insalubres, con crecimiento desmedido, ineficaces, que gastan energía y agua en exceso. “No es propio de habitantes de este planeta vivir cada vez más inundados de cemento, asfalto, vidrio y metales, privados de contacto físico con la naturaleza” (44). Esto me recordaba una frase del salmo 119 utilizada en uno de sus cuadros por San Rafael Arnáiz “soy forastero en la tierra”.
Problemas sociales intrínsecos al cambio global: exclusión social, desigualdad en la disponibilidad y consumo de energía, fragmentación social, violencia, narcotráfico y consumo de drogas, etc. Son signos de que el crecimiento de los dos últimos siglos no ha significado un progreso integral y una mejora en la calidad de vida (46).
Los medios de comunicación digitales cuando son omnipresentes no favorecen el desarrollo de una capacidad de vivir sabiamente, de pensar en profundidad y de amar con generosidad (47). Es necesario un esfuerzo para que estos medios sean un nuevo desarrollo cultural de la humanidad y no un deterioro de su riqueza más profunda.

V. Inequidad (desigualdad) planetaria
El medio ambiente natural y humano se degradan juntos. Los efectos de las agresiones ambientales los sufren especialmente los más pobres, y no suele haber clara conciencia de los problemas que afectan a los más desfavorecidos.
“El ambiente humano y el ambiente natural se degradan juntos, y no podremos afrontar adecuadamente la degradación ambiental si no prestamos atención a las causas que tienen que ver con la degradación humana y social” (48)
“Tanto la experiencia común de la vida ordinaria como la investigación científica demuestran que los más graves efectos de todas las agresiones ambientales los sufre la gente más pobre” (48)
En el punto 49, el papa advierte que “no suele haber conciencia clara de los problemas que afectan particularmente a los excluidos”. Esto ocurre porque la mayor parte de los análisis sobre los pobres y sus problemas se hacen desde la comodidad de una calidad de vida que no están al alcance de la mayoría de la población.
“Un verdadero planteamiento ecológico se convierte siempre en un planteamiento social” (…) “Para escuchar tanto el clamor de la tierra como el clamor de los pobres”. (49)
En lugar de resolver los problemas de los pobres y pensar en un mundo diferente algunos atinan sólo a proponer la reducción de la natalidad (50). A este respecto, el crecimiento demográfico es compatible con un desarrollo integral y solidario. No hay que culpar de los problemas al aumento de la población sino al consumismo extremo.
“Si bien es cierto que la desigual distribución de la población y de los recursos disponibles crean obstáculos al desarrollo y al uso sostenible del ambiente, debe reconocerse que el crecimiento demográfico es plenamente compatible con un desarrollo integral y solidario” (50)
“Culpar al aumento de la población y no al consumismo extremo y selectivo de algunos es un modo de no enfrentar los problemas”. “Se pretende legitimar así el modelo distributivo actual, donde una minoría se cree con el derecho de consumir en una proporción que sería imposible generalizar”.
En este sentido: “Se desperdicia un tercio de los alimentos que se producen, y el alimento que se desecha es como si se robara de la mesa del pobre (Esta frase ya la dijo en una catequesis) (50)
Existe también una desigualdad entre países, que obliga a pensar en una ética de las relaciones internacionales. Hay una “deuda ecológica” entre Norte y Sur, por desequilibrios comerciales, con consecuencias ecológicas (51), que los países desarrollados deben compensar.
La deuda externa de los países pobres se ha convertido en un instrumento de control pero no así la deuda ecológica. Y es obligatorio que los países desarrollados salden esta deuda. Por otra parte, hay que fortalecer la conciencia de que somos una sola familia humana (52).

VI. La debilidad de las reacciones
“Estas situaciones provocan un gemido de la hermana tierra, que se une al gemido de los abandonados del mundo, con un clamor que nos reclama otro rumbo” (53).
No hemos maltratado más la tierra como en estos últimos 200 años. Pero “estamos llamados a ser los instrumentos del Padre Dios para que nuestro planeta sea lo que él soñó al crearlo y responda a su proyecto de paz, belleza y plenitud”. (53)
“Se vuelve indispensable crear un sistema normativo que incluya límites infranqueables y asegure la protección de los ecosistemas, antes de que las nuevas formas de poder derivadas del paradigma tecnoeconómico terminen arrasando no sólo con la política sino también con la libertad y la justicia” (53).
Ante la crisis ecológica, social y humana, se produce una débil reacción política internacional, sometida a la tecnología y a las finanzas. Como se dice en el documento de Aparecida “que en las intervenciones sobre los recursos naturales no predominen los intereses de grupos económicos que arrasan irracionalmente las fuentes de vida” (54).
“Cualquier cosa que sea frágil, como el medio ambiente, queda indefensa ante los intereses del mercado divinizado, convertidos en regla absoluta” (56).
Pero no sólo el Papa denuncia a los poderes económicos y políticos, sino que nos implica a todos. Aunque no tengamos conciencia de ello, todos somos culpables de esta situación, ya sea por acción o por omisión.
Riesgo de guerra, con el pretexto del agotamiento de algunos recursos. La guerra siempre es perjudicial para el medio ambiente. Armas dañinas. (57)

VII. Diversidad de opiniones
Dos opiniones extremas (60):
1) Mito del progreso. Los problemas ecológicos se resolverán simplemente con nuevas aplicaciones técnicas, sin consideraciones éticas ni cambios de fondo (Visión tecnocrática y economicista).
2) El ser humano, con sus intervenciones, sólo puede ser una amenaza y perjudicar al medio ambiente, por lo que conviene reducir su presencia en el planeta e impedirle todo tipo de intervención (visión ecologista).
El Papa se desmarca de ambas ideas, no por un afán injustificado de centrismo o equidistancia sino por el compromiso de la Iglesia con el hombre.
De todos modos la Iglesia no da una palabra definitiva, sino que escucha y promueve el debate científico y político, respetando la diversidad de opiniones (esto lo repite varias veces a lo largo de la encíclica).

Síntesis y conclusiones
-Existe un gran deterioro de la casa común: “Si la mirada recorre las regiones de nuestro planeta, enseguida nos damos cuenta de que la humanidad ha defraudado las expectativas divinas”.
-Graves consecuencias humanas y sociales de los problemas ambientales: crisis ecológica=crisis humana y social
-La raíz humana de la crisis ecológica (101, cap. 3).
El hombre está en el centro del ecosistema global y de la crisis ecológica. El origen de los problemas ambientales está en el corazón del hombre. Pero no hay que eliminar al hombre de ese ecosistema global, sino aprovechar su capacidad de hacer el bien para que sea instrumento de Dios para el cambio. El hombre es capaz de intervenir positivamente (58).
-Queridos amigos, termino con una frase de esas certeras del papa Francisco: “La Naturaleza está llena de palabras de amor” (225). Escuchemos y leamos esas palabras, trabajemos y cuidemos nuestra casa común, para que todos los que vivimos bajo el mismo cielo podamos llamarnos verdaderamente hermanos.

viernes, 29 de mayo de 2015

Reparto equitativo del agua

El Papa ha reclamado un reparto equitativo del agua entre las personas y las regiones del planeta al tiempo que ha subrayado que el futuro de la humanidad depende de la capacidad del hombre para "cuidar" y compartir" este elemento "esencial para la vida", durante el ángelus de este domingo.

De este modo, Francisco ha pedido a las instituciones internacionales que se comprometan a garantizar una distribución del agua equitativa en todo el mundo y ha reivindicado su cualidad de ser un elemento "común", con motivo del Día Mundial del Agua convocado por la Organización de Naciones Unidas (ONU).

"Invito a la Comunidad Internacional a vigilar hasta que las aguas del planeta sean protegidas adecuadamente y nadie sea excluido o discriminado en el uso de este bien, que es un bien común por excelencia", ha dicho ante cientos de personas reunidas en la Plaza de San Pedro.

Durante el rezo dominical, el Papa ha reflexionado sobre la Cruz, al destacar que "es la hora de la derrota de Satanas, príncipe del mal, y del anuncio misericordioso del amor de Dios".

Además ha explicado que el testimonio de fe es sobre todo "coherencia" entre la fe y la vida, entre las palabras y las acciones. "A quienes no han encontrado aún a Jesús, podemos ofrecerles el Evangelio, la cruz y nuestro testimonio: pobre, pero sincero", ha comentado.

Fuente: www.iagua.com

www.periodistadigital.com

lunes, 27 de abril de 2015

Comunicado Jornada Mundial del Turismo 2013

El 27 de septiembre celebramos la Jornada Mundial del Turismo, bajo el tema que la Organización Mundial del Turismo nos propone para el presente año: “Turismo y agua: proteger nuestro futuro común”. Éste está en línea con el “Año Internacional de la Cooperación en la Esfera del Agua”, que, en el contexto del Decenio Internacional para la Acción “El agua, fuente de vida” (2005-2015), ha sido proclamado por la Asamblea General de las Naciones Unidas con el objetivo de poner de relieve “que el agua es fundamental para el desarrollo sostenible, en particular para la integridad del medio ambiente y la erradicación de la pobreza y el hambre, es indispensable para la salud y el bienestar humanos y es crucial para lograr los Objetivos de Desarrollo del Milenio”.

También la Santa Sede desea unirse a esta conmemoración, aportando su contribución desde el ámbito que le es propio, consciente de la importancia que el fenómeno del turismo tiene en el momento actual, y de los retos y posibilidades que ofrece a nuestra acción evangelizadora. Éste es uno de los sectores económicos con un mayor y rápido crecimiento a nivel mundial. No debemos olvidar que durante el pasado año se superó el hito de mil millones de turistas internacionales, a lo que hay que sumar las cifras aún mayores del turismo local.

Para el sector turístico, el agua es de crucial importancia, un activo y un recurso. Es un activo en cuanto que la gente se siente naturalmente atraída por ella y son millones los turistas que buscan disfrutar de este elemento de la naturaleza durante sus días de descanso, eligiendo como destino ciertos ecosistemas donde el agua es su rasgo más característico (humedales, playas, ríos, lagos, cataratas, islas, glaciales o nieve, por citar algunos), o buscan aprovecharse de sus numerosos beneficios (singularmente en balnearios y centros termales). Al mismo tiempo, el agua es también un recurso para el sector turístico y es indispensable, entre otros, en hoteles, restaurantes y actividades de ocio.

Teniendo una visión de futuro, el turismo supondrá un real beneficio en la medida en que gestione los recursos de acuerdo con los criterios de una “green economy”, una economía cuyo impacto ambiental se mantenga dentro de unos límites aceptables. Estamos llamados, pues, a promover un turismo ecológico, respetuoso y sostenible, el cual puede ciertamente favorecer la creación de puestos de trabajo, apoyar la economía local y reducir la pobreza.

No hay duda de que el turismo tiene un papel fundamental en la conservación del medio ambiente, pudiendo ser su gran aliado, pero también un feroz enemigo. Si, por ejemplo, buscando un beneficio económico fácil y rápido, se consiente que la industria turística contamine un lugar, éste dejará de ser un destino deseado por los turistas.

Sabemos que el agua, clave del desarrollo sostenible, es un elemento esencial para la vida. Sin agua no hay vida. “Sin embargo, año tras año va aumentando la presión sobre este recurso. Una de cada tres personas vive en un país con escasez de agua entre moderada y alta, y es posible que para 2030 la escasez afecte a casi la mitad de la población mundial, ya que la demanda podría superar en un 40% a la oferta”. Según datos de las Naciones Unidas, en torno a 1000 millones de personas no tienen acceso al agua potable. Y los desafíos relacionados con este tema aumentarán significativamente en los próximos años, singularmente porque está mal distribuida, contaminada, desperdiciada, o se priorizan algunos usos de modo incorrecto o injusto, a lo que se unirán las consecuencias del cambio climático. También el turismo compite muchas veces con otros sectores por su uso y no pocas veces se constata que el agua es abundante y se despilfarra en las estructuras turísticas, mientras que para las poblaciones circundantes escasea.

La gestión sostenible de este recurso natural es un desafío de orden social, económico y ambiental, pero sobre todo de naturaleza ética, a partir del principio del destino universal de los bienes de la tierra, el cual es un derecho natural, originario, al que se debe subordinar todo ordenamiento jurídico relativo a dichos bienes. La Doctrina Social de la Iglesia insiste en la validez y en la aplicación de este principio, con referencias explícitas al agua.

Ciertamente, nuestro compromiso a favor del respeto de la creación nace de reconocerla como un regalo de Dios para toda la familia humana y de escuchar la petición del Creador, que nos invita a custodiarla, sabiéndonos administradores, que no señores, del don que nos hace.

La atención al medio ambiente es un tema importante para el Papa Francisco, al cual ha hecho numerosas alusiones. Ya en la celebración eucarística de inicio de su ministerio petrino invitaba a ser “custodios de la creación, del designio de Dios inscrito en la naturaleza, guardianes del otro, del medio ambiente; no dejemos – decía – que los signos de destrucción y de muerte acompañen el camino de este mundo nuestro”, recordando que “todo está confiado a la custodia del hombre, y es una responsabilidad que nos afecta a todos”.

Profundizando en esta invitación, afirmaba el Santo Padre durante una audiencia: “Cultivar y custodiar la creación es una indicación de Dios dada no sólo al inicio de la historia, sino a cada uno de nosotros; es parte de su proyecto; quiere decir hacer crecer el mundo con responsabilidad, transformarlo para que sea un jardín, un lugar habitable para todos (…) Nosotros en cambio nos guiamos a menudo por la soberbia de dominar, de poseer, de manipular, de explotar; no la ‘custodiamos’, no la respetamos, no la consideramos como un don gratuito que hay que cuidar. Estamos perdiendo la actitud del estupor, de la contemplación, de la escucha de la creación”.

Si cultivamos esta actitud de escucha, podremos descubrir cómo el agua también nos habla de su Creador y nos recuerda su historia de amor para con la humanidad. Elocuente es al respecto la oración de bendición del agua que la liturgia romana emplea tanto en la Vigilia pascual como en el ritual del bautismo, en la cual se recuerda que el Señor se ha servido de este don como signo y memoria de su bondad: la Creación, el diluvio que pone fin al pecado, el paso del mar Rojo que libera de la esclavitud, el bautismo de Jesús en el Jordán, el lavatorio de pies que se transforma en precepto de amor, el agua que mana del costado del Crucificado, el mandato del Resucitado de hacer discípulos y bautizarlos… son hitos fundamentales de la historia de la Salvación, en los que el agua adquiere un elevado valor simbólico.

El agua nos habla de vida, de purificación, de regeneración y de transcendencia. En la liturgia, el agua manifiesta la vida de Dios que se nos comunica en Cristo. El mismo Jesús se presenta como aquél que sacia la sed, de cuyas entrañas manan ríos de agua viva, y en su diálogo con la samaritana afirma: “el que beba del agua que yo le daré nunca más tendrá sed”. La sed evoca los anhelos más profundos del corazón humano, sus fracasos y sus búsquedas de una auténtica felicidad más allá de sí mismo. Y Cristo es quien ofrece el agua que sacia la sed interior, es la fuente del renacer, es el baño que purifica. Él es la fuente de agua viva.

Por esto, es importante insistir en que todos los implicados en el fenómeno del turismo tienen una seria responsabilidad a la hora de gestionar el agua, de manera que este sector sea efectivamente fuente de riqueza a nivel social, ecológico, cultural y económico. Al tiempo que se debe trabajar por reparar el mal causado, también ha de favorecerse su uso racional y minimizar el impacto, promoviendo políticas adecuadas e implementando equipamientos eficientes, que ayuden a proteger nuestro futuro común. Nuestra actitud frente a la naturaleza y la mala gestión que podamos hacer de sus recursos no pueden gravar ni sobre los demás ni, menos aún, sobre las futuras generaciones.

Es necesaria, por tanto, una mayor determinación por parte de políticos y empresarios. Pues si bien todos son conocedores de los desafíos que el problema del agua nos plantea, somos conscientes que eso debe aún concretarse en compromisos vinculantes, precisos y evaluables.

Esta situación requiere sobre todo un cambio de mentalidad que lleve a adoptar un estilo de vida diverso, caracterizado por la sobriedad y la autodisciplina. Se ha de favorecer que el turista sea consciente y reflexione sobre sus responsabilidades y sobre el impacto de su viaje. Debe poder alcanzar la convicción de que no todo está permitido, aunque personalmente pueda asumir el coste económico. Hay que educar y favorecer los pequeños gestos que nos permitan no desperdiciar ni contaminar el agua y que al mismo tiempo nos ayuden a valorar aún más su importancia.

Hacemos nuestro el deseo del Santo Padre de “que todos asumiéramos el grave compromiso de respetar y custodiar la creación, de estar atentos a cada persona, de contrarrestar la cultura del desperdicio y del descarte, para promover una cultura de la solidaridad y del encuentro”.

Con san Francisco, el “poverello” de Asís, elevamos nuestra alabanza a Dios, bendiciéndole por sus criaturas: “Loado seas, mi Señor, por la hermana agua, la cual es muy útil y humilde y preciosa y casta”.


Pontificio Consejo para la Pastoral de los Emigrantes e Itinerantes con ocasión de la Jornada Mundial del Turismo 2013
11 de julio de 2013

El agua y la vida

Cuando era estudiante de maestría en El Paso, Texas, alcanzaba a ver desde la biblioteca de la universidad, el Río Bravo que divide México de Estados Unidos, y más allá del lado mexicano, en Ciudad Juárez, unos asentamientos irregulares que carecían de todos los servicios. Uno de esos días, una nota periodística me permitió ver con más detalle el drama que mis ojos solo intuían. En la frontera hace mucho calor en verano, y mucho polvo; algunos bebés habían muerto por deshidratación, producida por diarreas, ocasionadas a su vez por falta de agua potable. Eso es lo que significa que el agua es vida, o muerte.

De acuerdo a los Objetivos del Milenio de las Naciones Unidas, 11 % de la población mundial aún carece de acceso a una fuente de agua segura para beber, equivalente a 783 millones de personas. En México, la cobertura de agua potable era del 91.6 % a finales de 2011, lo que significa que 9.5 millones de mexicanos no tenían entonces acceso a agua potable. Los índices de mortalidad de bebés y niños menores de 5 años, están asociados a la disponibilidad de agua potable de calidad, por lo que los avances en este ámbito tienen impacto en millones de personas.

El agua es un asunto demasiado importante, es literalmente vital, no solo para hombres y mujeres, sino para todo ser vivo, para el medio ambiente, y sin embargo, no le damos la importancia que requiere conservarla en cantidad suficiente y además limpia. Por alguna extraña razón, los gobiernos de los países invierten primero en otras obras de infraestructura que no son vitales, antes de trabajar en lo vital, que es proveer de agua potable.

Quizá pensamos que el agua nunca se va a terminar porque nuestra noción del ciclo hidrológico es un tanto mágica, donde el agua circula todo el tiempo entre la tierra, los seres vivos y la atmósfera, y nos parece inagotable. Y sin embargo, todos hemos visto desaparecer ríos, y hemos visto caudales contaminados con tantas sustancias que prácticamente dejamos de considerarlos ríos y lagos; y los convertimos en canales, drenajes, pantanos; o simplemente ríos, lagunas, y playas contaminadas. La contaminación y el desperdicio del agua es parte de esa cultura del descarte a la que se refirió el Papa Francisco la semana pasada. El agua se renueva, pero nosotros estamos contaminándola y convirtiéndola en fuente de enfermedades y muerte, en lugar de que sea solo fuente de vida.

El 70 % de la superficie del planeta está cubierta por agua, y quizá por eso pensamos que hay agua suficiente, sin embargo, menos del 3 % de esa cantidad es agua dulce, y la mayoría de ella está en los polos congelada. Por lo que a pesar de que la tecnología existe ya para quitar sal al agua de mar y aprovecharla como recurso, el costo asociado hace impensable utilizarla para abatir el rezago en las áreas más pobres que es donde se necesita.

“El agua es vida” solía decir mi padre, mientras observaba como las plantas se mostraban más alegres y lozanas después de una buena lluvia. Era un asomo del ciclo que mantiene vivos a plantas, animales y por supuesto a los seres humanos en este planeta.

Para las personas del campo hacer la asociación entre agua y vida es muy fácil, lamentablemente en las ciudades, entre otras cosas, perdemos el contacto con la naturaleza, y también la perspectiva entre la importancia que el agua tiene para producir alimentos y mantener en equilibrio los ecosistemas, y esto finalmente nos lleva a infravalorar el agua, a no cuidarla y ensuciarla.

En una encuesta sobre cultura del agua, se encontró que la mayoría de las personas que viven en la Ciudad de México son incapaces de asociar el agua con los ríos, los bosques, las montañas, en fin la naturaleza, y solo la asocian con la llave y el drenaje. También, en esa ciudad, sus habitantes asocian río Churubusco, río Mixcoac, río La Piedad, con vialidades y circuitos, no con los ríos que alguna vez existieron en ese lugar.

¿Por qué nuestro planeta se llama Tierra y no Agua? Quizá porque el nombre lo recibió mucho antes de que pudiéramos observar desde el espacio la cantidad de tierra y agua que lo cubre. Los científicos que exploran el espacio y sus incontables estrellas y planetas, buscan planetas donde las condiciones de los mismos permitan que exista agua en forma líquida, definiéndolos como espacios habitables. Esta asociación directa entre la posibilidad de vida y el agua, resalta la importancia que tiene el agua como elemento natural para el funcionamiento de ecosistemas.

En la perspectiva cristiana, ojalá que no seamos motivo del lamento de Dios Padre en Jeremías 2,13 “me han abandonado a mí, fuente de aguas vivas, y han cavado para sí cisternas, cisternas agrietadas que no retienen el agua.” Y qué por el contrario acojamos la invitación del Dios Hijo en Juan 7, 38 “El que cree en mí, como ha dicho la Escritura: De lo más profundo de su ser brotarán ríos de agua viva.” Y qué esos ríos, nos motiven entre otras cosas a conservar el agua, en cantidad y calidad, y hacerla disponible para todos, como buenos custodios de la creación.


Óscar Ibáñez

Artículo tomado de encuentra.com

martes, 24 de junio de 2014

La desertificación distingue entre ricos y pobres

"El alimento de uno de cada tres habitantes del planeta peligra por la desertificación del suelo. El 40% de las tierras es árido, entre un 15% y un 25% más que en 1990, según los datos de la FAO, que alerta sobre el aumento de este fenómeno que no puede desvincularse de la subida de las temperaturas que ya está provocando el cambio climático. Estos terrenos se concentran en países en vías de desarrollo o pobres.
Según la ONU, España es el país más árido de Europa. Un tercio de su superficie sufre una tasa muy elevada de desertificación y un 6% ya se ha degradado de forma irreversible. Las zonas más afectadas por este fenómeno son la vertiente mediterránea y las Islas Canarias.

La sobreexplotación de los recursos hídricos, la tala indiscriminada de bosques, la agricultura intensiva y el sobrepastoreo, los incendios, y la ocupación del suelo para el negocio inmobiliario resultan en gran parte responsables de esta situación.

A los problemas causantes de este fenómeno y de la sequía se suman los efectos que el cambio climático está provocando a nivel global. El aumento de las temperaturas y la disminución de las precipitaciones son sólo dos de los múltiples efectos producidos por el incremento de las emisiones de CO2 a la atmósfera. Las previsiones para la Península Ibérica son que los periodos de sequía serán más frecuentes y más intensos que los actuales.

“La desertificación es fundamentalmente un problema de desvinculación entre los recursos naturales y el sistema socioeconómico que los explota, o sea, es ante todo un problema de desarrollo sostenible”, advierten desde Greenpeace.

La organización reclama tomar medidas urgentes que impidan seguir perdiendo, cada año, millones de toneladas de suelo arrastrados por el agua y el viento junto con las especies que ahí se albergan como consecuencia del avance de los procesos de desertificación:

-Cambiar la política hidráulica tradicional centrada en la ejecución de grandes obras, que ha demostrado su ineficacia, hacia una gestión más hidrológica y ambientalista ya que el agua es un bien escaso y limitado, por lo que la solución a la escasez está en una gestión racional y de fomento del ahorro.

-Reducir la emisión de gases de efecto invernadero, con una fuerte apuesta para el ahorro energético y la gestión de la demanda de energía y la sustitución de las centrales térmicas y nucleares por renovables. Además pide un Plan Nacional de Asignación para 2008-2012 riguroso con el Protocolo de Kioto.

-Tomar en cuenta parámetros medioambientales en la política energética. Actualmente está centrada en producir electricidad sin tener en cuenta los efectos del cambio climático y la escasez de los recursos hídricos.

-Proporcionar una política forestal acorde con las necesidades del país más árido de Europa, con medidas de reforestación y de control del suelo urbanizable, lucha contra incendios y talas indiscriminadas, que se protejan los bosques primarios promoviendo el uso de madera certificada FSC.

-Primar la agricultura ecológica y el uso de variedades locales adaptadas al clima en detrimento de los monocultivos intensivos y de las variedades transgénicas, altamente demandantes en agua, productos químicos y petróleo.

-Poner freno a la edificación asociada a la construcción de campos de golf, sobre todo salvaguardando las costas".


Un artículo de Daniela Coello

domingo, 8 de diciembre de 2013

Home

La película Home, dirigida en 2009 por Yann Arthus-Bertrand, es una excelente visión de los principales problemas ambientales de nuestro planeta. A pesar de que tenga algunas cuestiones discutibles, la fuerza de los datos es definitiva. Merece la pena verla, con espíritu crítico y ganas de disfrutar de su fotografía. Dura una hora y media.

Para verla en You Tube, pincha aquí.

martes, 24 de septiembre de 2013

Jornada Mundial del Turismo: “Turismo y agua: protege nuestro futuro común”

Comunicado (del 11-7-2013) del Pontificio Consejo para la Pastoral de los Emigrantes e Itinerantes con ocasión de la Jornada Mundial del Turismo 2013.

El 27 de septiembre celebramos la Jornada Mundial del Turismo, bajo el tema que la Organización Mundial del Turismo nos propone para el presente año: “Turismo y agua: proteger nuestro futuro común”. Éste está en línea con el “Año Internacional de la Cooperación en la Esfera del Agua”, que, en el contexto del Decenio Internacional para la Acción “El agua, fuente de vida” (2005-2015), ha sido proclamado por la Asamblea General de las Naciones Unidas con el objetivo de poner de relieve “que el agua es fundamental para el desarrollo sostenible, en particular para la integridad del medio ambiente y la erradicación de la pobreza y el hambre, es indispensable para la salud y el bienestar humanos y es crucial para lograr los Objetivos de Desarrollo del Milenio”.

También la Santa Sede desea unirse a esta conmemoración, aportando su contribución desde el ámbito que le es propio, consciente de la importancia que el fenómeno del turismo tiene en el momento actual, y de los retos y posibilidades que ofrece a nuestra acción evangelizadora. Éste es uno de los sectores económicos con un mayor y rápido crecimiento a nivel mundial. No debemos olvidar que durante el pasado año se superó el hito de mil millones de turistas internacionales, a lo que hay que sumar las cifras aún mayores del turismo local.

Para el sector turístico, el agua es de crucial importancia, un activo y un recurso. Es un activo en cuanto que la gente se siente naturalmente atraída por ella y son millones los turistas que buscan disfrutar de este elemento de la naturaleza durante sus días de descanso, eligiendo como destino ciertos ecosistemas donde el agua es su rasgo más característico (humedales, playas, ríos, lagos, cataratas, islas, glaciales o nieve, por citar algunos), o buscan aprovecharse de sus numerosos beneficios (singularmente en balnearios y centros termales). Al mismo tiempo, el agua es también un recurso para el sector turístico y es indispensable, entre otros, en hoteles, restaurantes y actividades de ocio.

Teniendo una visión de futuro, el turismo supondrá un real beneficio en la medida en que gestione los recursos de acuerdo con los criterios de una “green economy”, una economía cuyo impacto ambiental se mantenga dentro de unos límites aceptables. Estamos llamados, pues, a promover un turismo ecológico, respetuoso y sostenible, el cual puede ciertamente favorecer la creación de puestos de trabajo, apoyar la economía local y reducir la pobreza.

No hay duda de que el turismo tiene un papel fundamental en la conservación del medio ambiente, pudiendo ser su gran aliado, pero también un feroz enemigo. Si, por ejemplo, buscando un beneficio económico fácil y rápido, se consiente que la industria turística contamine un lugar, éste dejará de ser un destino deseado por los turistas.

Sabemos que el agua, clave del desarrollo sostenible, es un elemento esencial para la vida. Sin agua no hay vida. “Sin embargo, año tras año va aumentando la presión sobre este recurso. Una de cada tres personas vive en un país con escasez de agua entre moderada y alta, y es posible que para 2030 la escasez afecte a casi la mitad de la población mundial, ya que la demanda podría superar en un 40% a la oferta”. Según datos de las Naciones Unidas, en torno a 1000 millones de personas no tienen acceso al agua potable. Y los desafíos relacionados con este tema aumentarán significativamente en los próximos años, singularmente porque está mal distribuida, contaminada, desperdiciada, o se priorizan algunos usos de modo incorrecto o injusto, a lo que se unirán las consecuencias del cambio climático. También el turismo compite muchas veces con otros sectores por su uso y no pocas veces se constata que el agua es abundante y se despilfarra en las estructuras turísticas, mientras que para las poblaciones circundantes escasea.

La gestión sostenible de este recurso natural es un desafío de orden social, económico y ambiental, pero sobre todo de naturaleza ética, a partir del principio del destino universal de los bienes de la tierra, el cual es un derecho natural, originario, al que se debe subordinar todo ordenamiento jurídico relativo a dichos bienes. La Doctrina Social de la Iglesia insiste en la validez y en la aplicación de este principio, con referencias explícitas al agua.

Ciertamente, nuestro compromiso a favor del respeto de la creación nace de reconocerla como un regalo de Dios para toda la familia humana y de escuchar la petición del Creador, que nos invita a custodiarla, sabiéndonos administradores, que no señores, del don que nos hace.

La atención al medio ambiente es un tema importante para el Papa Francisco, al cual ha hecho numerosas alusiones. Ya en la celebración eucarística de inicio de su ministerio petrino invitaba a ser “custodios de la creación, del designio de Dios inscrito en la naturaleza, guardianes del otro, del medio ambiente; no dejemos – decía – que los signos de destrucción y de muerte acompañen el camino de este mundo nuestro”, recordando que “todo está confiado a la custodia del hombre, y es una responsabilidad que nos afecta a todos”.

Profundizando en esta invitación, afirmaba el Santo Padre durante una audiencia: “Cultivar y custodiar la creación es una indicación de Dios dada no sólo al inicio de la historia, sino a cada uno de nosotros; es parte de su proyecto; quiere decir hacer crecer el mundo con responsabilidad, transformarlo para que sea un jardín, un lugar habitable para todos (…) Nosotros en cambio nos guiamos a menudo por la soberbia de dominar, de poseer, de manipular, de explotar; no la ‘custodiamos’, no la respetamos, no la consideramos como un don gratuito que hay que cuidar. Estamos perdiendo la actitud del estupor, de la contemplación, de la escucha de la creación”.

Si cultivamos esta actitud de escucha, podremos descubrir cómo el agua también nos habla de su Creador y nos recuerda su historia de amor para con la humanidad. Elocuente es al respecto la oración de bendición del agua que la liturgia romana emplea tanto en la Vigilia pascual como en el ritual del bautismo, en la cual se recuerda que el Señor se ha servido de este don como signo y memoria de su bondad: la Creación, el diluvio que pone fin al pecado, el paso del mar Rojo que libera de la esclavitud, el bautismo de Jesús en el Jordán, el lavatorio de pies que se transforma en precepto de amor, el agua que mana del costado del Crucificado, el mandato del Resucitado de hacer discípulos y bautizarlos… son hitos fundamentales de la historia de la Salvación, en los que el agua adquiere un elevado valor simbólico.

El agua nos habla de vida, de purificación, de regeneración y de transcendencia. En la liturgia, el agua manifiesta la vida de Dios que se nos comunica en Cristo. El mismo Jesús se presenta como aquél que sacia la sed, de cuyas entrañas manan ríos de agua viva, y en su diálogo con la samaritana afirma: “el que beba del agua que yo le daré nunca más tendrá sed”. La sed evoca los anhelos más profundos del corazón humano, sus fracasos y sus búsquedas de una auténtica felicidad más allá de sí mismo. Y Cristo es quien ofrece el agua que sacia la sed interior, es la fuente del renacer, es el baño que purifica. Él es la fuente de agua viva.

Por esto, es importante insistir en que todos los implicados en el fenómeno del turismo tienen una seria responsabilidad a la hora de gestionar el agua, de manera que este sector sea efectivamente fuente de riqueza a nivel social, ecológico, cultural y económico. Al tiempo que se debe trabajar por reparar el mal causado, también ha de favorecerse su uso racional y minimizar el impacto, promoviendo políticas adecuadas e implementando equipamientos eficientes, que ayuden a proteger nuestro futuro común. Nuestra actitud frente a la naturaleza y la mala gestión que podamos hacer de sus recursos no pueden gravar ni sobre los demás ni, menos aún, sobre las futuras generaciones.

Es necesaria, por tanto, una mayor determinación por parte de políticos y empresarios. Pues si bien todos son conocedores de los desafíos que el problema del agua nos plantea, somos conscientes que eso debe aún concretarse en compromisos vinculantes, precisos y evaluables.

Esta situación requiere sobre todo un cambio de mentalidad que lleve a adoptar un estilo de vida diverso, caracterizado por la sobriedad y la autodisciplina. Se ha de favorecer que el turista sea consciente y reflexione sobre sus responsabilidades y sobre el impacto de su viaje. Debe poder alcanzar la convicción de que no todo está permitido, aunque personalmente pueda asumir el coste económico. Hay que educar y favorecer los pequeños gestos que nos permitan no desperdiciar ni contaminar el agua y que al mismo tiempo nos ayuden a valorar aún más su importancia.

Hacemos nuestro el deseo del Santo Padre de “que todos asumiéramos el grave compromiso de respetar y custodiar la creación, de estar atentos a cada persona, de contrarrestar la cultura del desperdicio y del descarte, para promover una cultura de la solidaridad y del encuentro”.

Con san Francisco, el “poverello” de Asís, elevamos nuestra alabanza a Dios, bendiciéndole por sus criaturas: “Loado seas, mi Señor, por la hermana agua, la cual es muy útil y humilde y preciosa y casta”.

Lluvia criadera

Nos encantó la expresión del Arzobispo de Río de Janeiro en la pasada JMJ cuando, refiriéndose a los frutos de la JMJ, habló de la "lluvia criadera", una lluvia menuda que hace brotar las semillas.

viernes, 23 de marzo de 2012

Día del agua

La escasez de los recursos necesarios para sostener la vida de los seres humanos es un gran problema al que deben enfrentarse los gobiernos nacionales y las instituciones políticas y económicas mundiales. No olvidemos que el agua es, como recuerda Naciones Unidas, el principal recurso en la producción de alimentos. Y que su escasez, sumada a la mala gestión, es el detonante de las crisis alimentarias y de las hambrunas que han azotado recientemente el cuerno de África.
El pasado domingo, durante el rezo del Ángelus, el Papa se refería a esta cuestión y recordaba un principio fundamental en la Doctrina Social de la Iglesia: todos los hombres, sin excepciones, tienen derecho a un uso equitativo y justo de los bienes de la tierra. Lo que exige que el agua, un bien del que depende la vida buena de la población mundial, llegue a todos en condiciones de higiene y salubridad. La cuestión ecológica amenaza los recursos hidrológicos, pero también la corrupción y el uso fraudulento del agua comprometen el derecho a la vida y a la nutrición de millones de seres humanos. Ésta es una cuestión de responsabilidad y de justicia que debe primar en las políticas nacionales, y en la acción de las industrias y organismos económicos que operan a escala mundial. De ello depende, en muy poco tiempo, la vida de casi 2.000 millones de seres humanos.

Línea COPE (22-3-2012) http://www.cope.es/

martes, 17 de noviembre de 2009

Benedicto XVI en la FAO (16-Noviembre-2009)

Benedicto XVI pronunció un discurso en la sede de la FAO en Roma, con motivo de la apertura de la Cumbre Mundial sobre Seguridad Alimentaria. A continuación insertamos un extracto del discurso, en lo referente al agua y al medio ambiente, aunque por su interés recomendamos la lectura del documento completo, que está disponible en la zona de descargas (menú de la izquierda).
"7. Tampoco se han de olvidar los derechos fundamentales de la persona entre los que destaca el derecho a una alimentación suficiente, sana y nutritiva, y el derecho al agua; éstos revisten un papel importante en la consecución de otros derechos, empezando por el derecho primario a la vida. Es necesario, por lo tanto, que madure "una conciencia solidaria que considere la alimentación y el acceso al agua como derechos universales de todos los seres humanos, sin distinciones ni discriminaciones" (Caritas in veritate, 27). Todo lo que la FAO ha realizado con paciencia, aunque por un lado ha favorecido la ampliación de los objetivos de este derecho sólo respecto a garantizar la satisfacción de las necesidades primarias, por otro lado, ha puesto de manifiesto la necesidad de una reglamentación adecuada.
8. Los métodos de producción alimentaria imponen igualmente un análisis atento de la relación entre el desarrollo y la tutela ambiental. El deseo de poseer y de usar en manera excesiva y desordenada los recursos del planeta es la primera causa de toda degradación ambiental. El cuidado ambiental, en efecto, se presenta como un desafío actual de garantizar un desarrollo armónico, respetuoso con el plan de la creación de Dios y, por lo tanto, capaz de salvaguardar el planeta (cf. ibíd., 48-51). Si toda la humanidad está llamada a tomar conciencia de sus propias obligaciones respecto a las generaciones venideras, es también cierto que el deber de tutelar el medio ambiente como un bien colectivo corresponde a los Estados y a las Organizaciones Internacionales. Desde este punto de vista, se debe profundizar en las conexiones existentes entre la seguridad ambiental y el fenómeno preocupante de los cambios climáticos, teniendo como focus la centralidad de la persona humana y, en particular, a las poblaciones más vulnerables ante ambos fenómenos. No bastan, sin embargo, normativas, legislaciones, planes de desarrollo e inversiones, hace falta un cambio en los estilos de vida personales y comunitarios, en el consumo y en las necesidades concretas, pero sobre todo es necesario tener presente ese deber moral de distinguir en las acciones humanas el bien del mal para redescubrir así el vínculo de comunión que une la persona y lo creado.
9. Es importante recordar -como he señalado en la Encíclica Caritas in veritate- que "la degradación de la naturaleza está estrechamente unida a la cultura que modela la convivencia humana: cuando se respeta la «ecología humana» en la sociedad, también la ecología ambiental se beneficia". Es verdad que "el sistema ecológico se apoya en un proyecto que abarca tanto la sana convivencia social como la buena relación con la naturaleza". Y que "el problema decisivo es la capacidad moral global de la sociedad". Por tanto, "los deberes que tenemos con el ambiente están relacionados con los que tenemos para con la persona considerada en sí misma y en su relación con los otros. No se pueden exigir unos y conculcar otros. Es una grave antinomia de la mentalidad y de la praxis actual, que envilece a la persona, trastorna el ambiente y daña a la sociedad" (ibíd., 51)."

lunes, 2 de noviembre de 2009

El agua en "Caritas in veritate"

El agua es un recurso natural escaso y discontinuo en el espacio y en el tiempo. Por razones diversas, entre las que destacan los cambios climáticos, la desertificación, la sobrexplotación de aguas continentales y subterráneas, y los usos irracionales del agua, cada vez la escasez y discontinuidad se acentúan más. Además, muchas de las regiones del mundo con mayores problemas de falta de agua son también zonas donde el problema del hambre está presente en alto grado.
Benedicto XVI (como ya hiciera Juan Pablo II en 2002: http://cristianismoyecologia.blogspot.com/2009/11/el-agua-mensaje-de-juan-pablo-ii-la-fao.html ), en su última encíclica "Caritas en veritate", relaciona la falta de agua y la falta de alimento en muchos países pobres:
- "El derecho a la alimentación y al agua tiene un papel importante para conseguir otros derechos, comenzando ante todo por el derecho primario a la vida. Por tanto, es necesario que madure una conciencia solidaria que considere la alimentación y el acceso al agua como derechos universales de todos los seres humanos, sin distinciones ni discriminaciones" (27).
- "Cuando se promueve el desarrollo económico y cultural de estas poblaciones, se tutela también la naturaleza. Además, muchos recursos naturales quedan devastados con las guerras. La paz de los pueblos y entre los pueblos permitiría también una mayor salvaguardia de la naturaleza. El acaparamiento de los recursos, especialmente del agua, puede provocar graves conflictos entre las poblaciones afectadas. Un acuerdo pacífico sobre el uso de los recursos puede salvaguardar la naturaleza y, al mismo tiempo, el bienestar de las sociedades interesadas" (51).
Existen herramientas, desarrolladas por el hombre en su libertad y autonomía, que permiten un aprovechamiento sostenible del agua, la búsqueda de nuevas fuentes y la mejora del recurso en cantidad y calidad. Pero esta tecnología, hoy por hoy, no está a disposición de todas las personas. Entonces, si tenemos soluciones al problema de la escasez de agua, ¿por qué no tenemos la voluntad de aplicarlas?