Mostrando entradas con la etiqueta Hambre. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Hambre. Mostrar todas las entradas

martes, 17 de enero de 2017

Enlázate por la justicia

¿Existen realmente problemas ambientales? ¿Son tan importantes? ¿Están relacionados con la pobreza y la desigualdad? ¿Qué tiene que ver todo ello con nosotros, con nuestros modos de vida, con nuestra fe?

Os invitamos a visitar la web enlázate por la justicia

Una iniciativa de: Cáritas, Confer, Justicia y Paz, Manos Unidas y Redes.


martes, 24 de junio de 2014

La desertificación distingue entre ricos y pobres

"El alimento de uno de cada tres habitantes del planeta peligra por la desertificación del suelo. El 40% de las tierras es árido, entre un 15% y un 25% más que en 1990, según los datos de la FAO, que alerta sobre el aumento de este fenómeno que no puede desvincularse de la subida de las temperaturas que ya está provocando el cambio climático. Estos terrenos se concentran en países en vías de desarrollo o pobres.
Según la ONU, España es el país más árido de Europa. Un tercio de su superficie sufre una tasa muy elevada de desertificación y un 6% ya se ha degradado de forma irreversible. Las zonas más afectadas por este fenómeno son la vertiente mediterránea y las Islas Canarias.

La sobreexplotación de los recursos hídricos, la tala indiscriminada de bosques, la agricultura intensiva y el sobrepastoreo, los incendios, y la ocupación del suelo para el negocio inmobiliario resultan en gran parte responsables de esta situación.

A los problemas causantes de este fenómeno y de la sequía se suman los efectos que el cambio climático está provocando a nivel global. El aumento de las temperaturas y la disminución de las precipitaciones son sólo dos de los múltiples efectos producidos por el incremento de las emisiones de CO2 a la atmósfera. Las previsiones para la Península Ibérica son que los periodos de sequía serán más frecuentes y más intensos que los actuales.

“La desertificación es fundamentalmente un problema de desvinculación entre los recursos naturales y el sistema socioeconómico que los explota, o sea, es ante todo un problema de desarrollo sostenible”, advierten desde Greenpeace.

La organización reclama tomar medidas urgentes que impidan seguir perdiendo, cada año, millones de toneladas de suelo arrastrados por el agua y el viento junto con las especies que ahí se albergan como consecuencia del avance de los procesos de desertificación:

-Cambiar la política hidráulica tradicional centrada en la ejecución de grandes obras, que ha demostrado su ineficacia, hacia una gestión más hidrológica y ambientalista ya que el agua es un bien escaso y limitado, por lo que la solución a la escasez está en una gestión racional y de fomento del ahorro.

-Reducir la emisión de gases de efecto invernadero, con una fuerte apuesta para el ahorro energético y la gestión de la demanda de energía y la sustitución de las centrales térmicas y nucleares por renovables. Además pide un Plan Nacional de Asignación para 2008-2012 riguroso con el Protocolo de Kioto.

-Tomar en cuenta parámetros medioambientales en la política energética. Actualmente está centrada en producir electricidad sin tener en cuenta los efectos del cambio climático y la escasez de los recursos hídricos.

-Proporcionar una política forestal acorde con las necesidades del país más árido de Europa, con medidas de reforestación y de control del suelo urbanizable, lucha contra incendios y talas indiscriminadas, que se protejan los bosques primarios promoviendo el uso de madera certificada FSC.

-Primar la agricultura ecológica y el uso de variedades locales adaptadas al clima en detrimento de los monocultivos intensivos y de las variedades transgénicas, altamente demandantes en agua, productos químicos y petróleo.

-Poner freno a la edificación asociada a la construcción de campos de golf, sobre todo salvaguardando las costas".


Un artículo de Daniela Coello

miércoles, 11 de diciembre de 2013

Una sola familia humana, alimentos para todos

"Es necesario encontrar la manera de que todos puedan beneficiarse de los frutos de la tierra"

El Papa Francisco reclama que "la voz de los que sufren hambre se convierta en un rugido capaz de sacudir al mundo".

En un vídeomensaje emitido con motivo del lanzamiento en todo el mundo de la campaña de Cáritas Internationalis “Una Sola Familia Humana, Alimentos para Todos”.En España, Cáritas y Manos Unidas se unen para impulsar esta campaña.



domingo, 8 de diciembre de 2013

Home

La película Home, dirigida en 2009 por Yann Arthus-Bertrand, es una excelente visión de los principales problemas ambientales de nuestro planeta. A pesar de que tenga algunas cuestiones discutibles, la fuerza de los datos es definitiva. Merece la pena verla, con espíritu crítico y ganas de disfrutar de su fotografía. Dura una hora y media.

Para verla en You Tube, pincha aquí.

lunes, 10 de junio de 2013

Nota de Cáritas Española en el Día Mundial del Medio Ambiente

En el Día Mundial del Medio Ambiente, que se celebra hoy, Cáritas Española llama la atención sobre la responsabilidad de todos para preservar la integridad del entorno natural en todo el mundo e insiste en que los graves problemas ecológicos actuales requieren un cambio efectivo de mentalidad que nos lleve a adoptar nuevos estilos de vida.

Apelación a la ciudadanía, a los Gobiernos y a la comunidad internacional

Esta apelación a favor del medio ambiente no se dirige solamente a los ciudadanos sino también a los Gobiernos y a la comunidad internacional, a los que Cáritas reclama un mayor compromiso y un apoyo decidido tanto a la hora de apoyar un acuerdo global que frene el cambio climático, un fenómeno susceptible de poner en riesgo la supervivencia de todos, como de destinar fondos de ayudar a las comunidades vulnerables más afectadas por las fluctuaciones climáticas.

Campaña ”Sembremos Justicia Climática”

Cáritas Española viene impulsando esta línea de sensibilización e incidencia desde el año 2008, en el marco de la campaña “Sembremos Justicia Climática” puesta en marcha por Cáritas Internationalis, en colaboración con CIDSE, una alianza internacional de agencias católicas de desarrollo involucradas en la justicia global. Más tarde, en 2010, la Confederación dio un paso más en ese compromiso con la puesta en marcha de su estrategia de defensa de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM), uno de los cuales, el número 7, se centra de manera específica en ese reto, al señalar la necesidad de “promover el desarrollo sostenible y disminuir la pérdida de recursos ambientales, aumentar el acceso al agua limpia y reducir la pérdida de la biodiversidad”.

“Sembremos Justicia Climática” es una campaña de carácter global apoyada por 180 organizaciones católicas para el desarrollo de todo el mundo y que reclama el acceso universal de los bienes para todas los seres humanos, porque la Creación es de todos. Esta defensa se hace especialmente en nombre de quienes más sufren las consecuencias del cambio climático y que no tienen oportunidad de exigir en los foros internacionales que los países industrializados se comprometan a reducir sus emisiones de gases de invernadero y a implementar políticas ambientales en Administraciones, empresas y familias.

En el marco de esta campaña, la red Cáritas organiza desde 2008 una intensa agenda de eventos ecuménicos y de elaboración de documentos, además de están presente de forma activa en las sucesivas cumbres internacionales sobre cambio climático, como las celebradas en Durban en 2011 y en Doha en 2012. En esta última cita, CIDSE y Cáritas Internationalis pidieron mayores recortes a las emisiones de gases de efecto invernadero, más fondos para que los países en vías de desarrollo puedan mitigar los efectos del cambio climático y adaptarse a ellos, y un plan de trabajo claro que permita alcanzar un acuerdo mundial sobre el clima en 2015.

Cáritas en acción

Junto a esta labor de incidencia, toda la red Cáritas lucha desde hace décadas para paliar el impacto de las crisis y emergencias relacionadas con el cambio climático, cuya frecuencia e intensidad no dejan de aumentar en los últimos años. De hecho, en la actualidad siete de cada diez catástrofes naturales tienen que ver el clima.

También está aumentando la población vulnerable a los efectos del cambio climático. Se estima que la supervivencia de unos 2.000 millones de personas en todo el mundo depende de unos ecosistemas muy frágiles localizados en zonas áridas y semiáridas. Y son los agricultores, pastores y pescadores pobres los más afectados por este fenómeno, y los que disponen de menos medios para adaptarse a estos cambios.

Esta es la razón por la que uno de los ejes estratégicos de la Confederación Cáritas Española en el ámbito de la cooperación internacional se dirija a la puesta en marcha en terceros países de programas de acompañamiento a las comunidades más vulnerables ante el cambio climático. Las acciones se centran en aquellas actividades relacionadas con la prevención ante futuros desastres, la consolidación de sistemas de agricultura sostenible, el cuidado del medio ambiente y la seguridad alimentaria, entre otros.

Agricultura sostenible en Filipinas

Un ejemplo de este trabajo es el apoyo al programa de desarrollo comunitario rural que, de la mano de la Cáritas local, se lleva a cabo actualmente en Filipinas, cuyo objetivo es promover la práctica de la agricultura sostenible y la gestión de los recursos naturales para posibilitar la protección del medio ambiente. Este proyecto, localizado en Luzón, una de las islas del archipiélago filipino más vulnerable a los efectos del cambio climático y al azote de los tifones, se orienta, también, a la transformación económica y social de las comunidades locales.

Huertos comunitarios en Burkina Faso

En África, las consecuencias del cambio climático son distintas, provocadas sobre todo por la sequía y que en el último año ha causado una grave crisis alimentaria en toda la Franja del Sahel. Cáritas está apoyando programas de desarrollo en toda la región para anticiparse a posibles adversidades meteorológicas y mejorar la seguridad alimentaria de la población. Una muestra de esa intervención que viene ejecutándose desde hace años, es el programa de creación de huertos comunitarios en Barsalgo (Burkina Faso), una zona donde las malas cosechas impulsan a las familias a buscar alternativas de generación de ingresos con el que comprar los cereales que logran obtener con las cosechas anuales.

La creación y el sostenimiento de huertos comunitarios –que incluye la excavación de pozos, la plantación de árboles y construcción de almacene– está permitiendo a las familias cultivar tomates, cebollas y frutas, que, además de garantizarles una fuente de ingresos, ayudan a la comunidad local a diversificar su alimentación y mejorar sus aportes vitamínicos.

Modelo alternativo de producción agrícola en Nicaragua

La seguridad alimentaria es también el objetivo del proyecto que Cáritas acaba de poner en marcha en nueve comunidades de los departamentos nicaragüenses de Estelí, Matagalpa y Juigalpa. Se trata de un programa trienal dirigido a consolidar un modelo alternativo de producción de alimentos mediante la aplicación de fórmulas de agricultura sostenible desde un punto de vista social, económico y medioambiental. Ese objetivo quiere alcanzarse mediante la conservación de la sabiduría agrícola ancestral de los campesinos de la zona y el uso de materiales biológicos conocidos y validados por la población local tras siglos de prácticas agrícolas.

Con esta iniciativa –que promueve la producción de alimentos en 270 huertos comunitarios y la creación de nueve bancos de semillas criollas–, Cáritas quiere contribuir a garantizar la alimentación de la población y mejorar su capacidad de adaptación ante las fluctuaciones impuestas por el cambio climático. Y es que esta propuesta surgió a la vista de las consecuencias de la depresión tropical que afectó a Nicaragua en 2011 y que puso de manifiesto la vulnerabilidad de estas comunidades, con vías de acceso muy precarias y poco acompañamiento, y que, cada año, sufren escasez de semillas y alimentos, debido a las variaciones climatológicas.


(www.caritas.es)

El Papa Francisco en el Día Mundial del Medio Ambiente

Este es el texto completo de la catequesis del Papa Francisco del día 5 de junio, día mundial del medio ambiente. En mi opinión se trata de toda una declaración de intenciones sobre este tema.

Queridos hermanos y hermanas, ¡Buenos días!
Hoy quiero centrarme en el tema del medio ambiente, como ya he tenido ocasión de hacerlo en varias ocasiones. Me lo sugiere el Día Mundial del Medio Ambiente que celebramos hoy, patrocinado por las Naciones Unidas, que lanza un fuerte llamado a de la necesidad de eliminar los desperdicios y la destrucción de los alimentos.
Cuando hablamos de medio ambiente, de la creación, mi pensamiento se dirige a las primeras páginas de la Biblia, al Libro del Génesis, donde se afirma que Dios puso al hombre y a la mujer en la tierra para que la cultivaran y la cuidaran (cf. 2:15). Y me pregunto: ¿Qué significa cultivar y cuidar la tierra? ¿Realmente estamos cultivando y resguardando lo creado?, ¿o lo estamos explotando y descuidando?
El verbo "cultivar" me recuerda la atención que el agricultor tiene por su tierra, para que dé frutos, y éstos sean compartidos: ¡cuánta atención, pasión y dedicación! Cultivar y cuidar la creación es una indicación de Dios dada no sólo al principio de la historia, sino a cada uno de nosotros; es parte de su proyecto; significa hacer crecer el mundo con responsabilidad, transformarlo para que sea un jardín, un lugar habitable para todos. Y Benedicto XVI ha recordado en varias ocasiones que esta tarea, confiada a nosotros por Dios Creador, requiere que se capte el ritmo y la lógica de la creación.
Nosotros, en cambio, a menudo llevados por la soberbia del dominio, del poseer, de manipular, de explotar; no, no "custodiamos la creación", no la respetamos, no la consideramos como un don gratuito que debemos cuidar. Estamos perdiendo la actitud de la admiración, de la contemplación, de la escucha de la creación; y por lo tanto ya no somos capaces de leer lo que Benedicto XVI llama "el ritmo de la historia de amor entre Dios y el hombre." ¿Por qué sucede esto? Porque pensamos y vivimos de una manera horizontal, nos hemos alejado de Dios, no leemos sus signos.
Pero "cultivar y cuidar" incluye no sólo la relación entre nosotros y el medio ambiente, entre el hombre y la creación, sino que comprende también las relaciones humanas. Los Papas han hablado de ecología humana, estrechamente vinculado a la ecología ambiental. Estamos viviendo un momento de crisis; lo vemos en el ambiente, pero sobre todo lo vemos en el hombre. ¡La persona humana está en peligro! – esto es cierto ¡hoy la persona humana está en peligro! ¡He aquí la urgencia de la ecología humana! Y el peligro es grave porque la causa del problema no es superficial, sino profunda: no es sólo una cuestión de economía, sino de ética y de antropología.
La Iglesia lo ha subrayado tantas veces. Y muchos dicen: sí es justo, es verdad... pero el sistema sigue como antes, porque las que dominan son las dinámicas de una economía y de una finanza que carecen de ética. El que manda hoy no es el hombre, es el dinero, el dinero. El dinero manda. Dios, nuestro Padre ha dado la tarea de custodiar la tierra, no el dinero. Sino de custodiarnos, a los hombres y las mujeres. Tenemos este deber.
Por lo tanto, hombres y mujeres son sacrificados a los ídolos de la ganancia y del consumo: es ‘la cultura del descarte’. Si se estropea un ordenador es una tragedia, pero la pobreza, las necesidades y los dramas de tantas personas acaban entrando en la normalidad... Si una noche de invierno, aquí cerca - en la plaza Ottaviano, por ejemplo, muere una persona, esa no es una noticia. Si en tantas partes del mundo hay niños que no tienen qué comer, esa no es una noticia, parece normal. ¡Esto no puede ser! Y estas cosas entran en la normalidad.
Que algunas personas sin techo se mueran de frío en la calle no es noticia. Por el contrario, por ejemplo, una bajada de diez puntos en las bolsas de algunas ciudades, eso sí se vuelve una tragedia. La persona que muere no es noticia, pero si las bolsas bajan diez puntos, es una tragedia. De este modo, las personas son descartables, nosotros las personas somos descartables, como desechos.
Esta "cultura del descarte" tiende a convertirse en mentalidad común, que contagia a todos. La vida humana, la persona ya no se perciben como un valor primordial que ha de ser respetado y protegido, especialmente si son pobres o discapacitados, si aún no sirve -como el niño que está por nacer- o ya no es necesario -como los ancianos. Esta cultura del descarte nos ha hecho insensibles incluso a los desperdicios, a los residuos de los alimentos, que es aún más despreciable, cuando en todo el mundo, por desgracia, muchas personas y familias sufren hambre y desnutrición.
En el pasado, nuestros abuelos eran muy cuidadosos de no tirar nada de los restos de comida. El consumismo nos ha habituado tanto a lo superfluo y al desperdicio de la comida diaria, que a veces ya no somos capaces de dar el justo valor, que va mucho más allá de los simples parámetros económicos. ¡Recordemos bien, sin embargo, que la comida que se tira es como si fuera robada de la mesa de los pobres y de los hambrientos! Invito a todos a reflexionar sobre el problema del desperdicio y del derroche de los alimentos y buscar los medios que, abordando seriamente esta problemática, sean un vehículo de solidaridad y de compartir con los más necesitados.
Hace unos días, en la fiesta del Corpus Christi, hemos leído la historia del milagro de los panes: Jesús da de comer a la multitud con cinco panes y dos peces. Y la conclusión del pasaje es importante: " Todos comieron hasta saciarse y con lo que sobró se llenaron doce canastas". (Lc 9:17) ¡Jesús pide a sus discípulos que no se pierda nada: que no haya desperdicios! Y hay este hecho de las doce cestas: ¿Por qué doce? ¿Qué quiere decir esto? Doce es el número de las tribus de Israel, simbólicamente representa a todo el pueblo. Y esto nos explica que cuando la comida se comparte de manera justa, solidaria, no se priva a nadie de lo necesario, cada comunidad puede satisfacer las necesidades de los más pobres. La ecología humana y la ecología ambiental caminan juntas.
Quisiera, pues, que tomásemos todos el serio compromiso de respetar y proteger la creación, de estar atentos con todas las personas, de contrarrestar la cultura de los desperdicios y de descarte, para promover una cultura de la solidaridad y del encuentro. ¡Gracias!

jueves, 31 de enero de 2013

Esperanza para la Creación

Esta Navidad, leyendo el libro de Joseph Ratzinger "Y Dios se hizo hombre" (Ed. Encuentro), encontré estos párrafos, extraídos de una homilía:

"En efecto, sigue siendo siempre válida la palabra de Dios revelada por medio del profeta Isaías: "La oscuridad cubre la tierra, y espesa nube a los pueblos, mas sobre ti amanece el Señor y su gloria sobre ti aparece" (Is 60, 2). Lo que el profeta anuncia a Jerusalén se cumple en la Iglesia de Cristo: "A tu luz caminarán las naciones, y los reyes al resplandor de tu aurora" (Is 60, 3).
Con Jesucristo la bendición de Abrahán se extendió a todos los pueblos, a la Iglesia universal como nuevo  Israel que acoge en su seno a la humanidad entera. Con todo, también hoy sigue siendo verdad lo que decía el profeta: "Espesa nube cubre los pueblos" y nuestra historia. En efecto, no se puede decir que la globalización sea sinónimo de orden mundial; todo lo contrario. Los conflictos por la supremacía económica y el acaparamiento de los recursos energéticos e hídricos, y de las materias primas, dificultan el trabajo de quienes, en todos los niveles, se esfuerzan por construir un mundo justo y solidario.
Es necesaria una esperanza mayor, que permita preferir el bien común de todos al lujo de pocos y a la miseria de muchos. "Esta gran esperanza solo puede ser Dios, (...) pero no cualquier dios, sino el Dios que tiene un rostro humano" (Spe salvi, 31), el Dios que se manifestó en el niño de Belén y en el Crucificado Resucitado".

Si el verde es el color de la esperanza, podríamos decir que Cristo es verde, puesto que Él es nuestra Esperanza y la de toda la Creación.

domingo, 23 de octubre de 2011

Palabras de Benedicto XVI: recursos, sostenibilidad

Palabras del Papa Benedicto XVI con motivo de la Jornada Mundial de la Alimentación de la FAO (16 de octubre de 2011): 
Se trata, en definitiva, de asumir una actitud interior de responsabilidad, capaz de inspirar un estilo de vida distinto, con la sobriedad necesaria en el comportamiento y el consumo, para favorecer el bien de la sociedad. Y que valga también para las generaciones futuras, por su sostenibilidad, tutela de los bienes de la creación, distribución de los recursos y, sobre todo, el compromiso concreto por el desarrollo de pueblos y naciones enteras".

martes, 17 de noviembre de 2009

Benedicto XVI en la FAO (16-Noviembre-2009)

Benedicto XVI pronunció un discurso en la sede de la FAO en Roma, con motivo de la apertura de la Cumbre Mundial sobre Seguridad Alimentaria. A continuación insertamos un extracto del discurso, en lo referente al agua y al medio ambiente, aunque por su interés recomendamos la lectura del documento completo, que está disponible en la zona de descargas (menú de la izquierda).
"7. Tampoco se han de olvidar los derechos fundamentales de la persona entre los que destaca el derecho a una alimentación suficiente, sana y nutritiva, y el derecho al agua; éstos revisten un papel importante en la consecución de otros derechos, empezando por el derecho primario a la vida. Es necesario, por lo tanto, que madure "una conciencia solidaria que considere la alimentación y el acceso al agua como derechos universales de todos los seres humanos, sin distinciones ni discriminaciones" (Caritas in veritate, 27). Todo lo que la FAO ha realizado con paciencia, aunque por un lado ha favorecido la ampliación de los objetivos de este derecho sólo respecto a garantizar la satisfacción de las necesidades primarias, por otro lado, ha puesto de manifiesto la necesidad de una reglamentación adecuada.
8. Los métodos de producción alimentaria imponen igualmente un análisis atento de la relación entre el desarrollo y la tutela ambiental. El deseo de poseer y de usar en manera excesiva y desordenada los recursos del planeta es la primera causa de toda degradación ambiental. El cuidado ambiental, en efecto, se presenta como un desafío actual de garantizar un desarrollo armónico, respetuoso con el plan de la creación de Dios y, por lo tanto, capaz de salvaguardar el planeta (cf. ibíd., 48-51). Si toda la humanidad está llamada a tomar conciencia de sus propias obligaciones respecto a las generaciones venideras, es también cierto que el deber de tutelar el medio ambiente como un bien colectivo corresponde a los Estados y a las Organizaciones Internacionales. Desde este punto de vista, se debe profundizar en las conexiones existentes entre la seguridad ambiental y el fenómeno preocupante de los cambios climáticos, teniendo como focus la centralidad de la persona humana y, en particular, a las poblaciones más vulnerables ante ambos fenómenos. No bastan, sin embargo, normativas, legislaciones, planes de desarrollo e inversiones, hace falta un cambio en los estilos de vida personales y comunitarios, en el consumo y en las necesidades concretas, pero sobre todo es necesario tener presente ese deber moral de distinguir en las acciones humanas el bien del mal para redescubrir así el vínculo de comunión que une la persona y lo creado.
9. Es importante recordar -como he señalado en la Encíclica Caritas in veritate- que "la degradación de la naturaleza está estrechamente unida a la cultura que modela la convivencia humana: cuando se respeta la «ecología humana» en la sociedad, también la ecología ambiental se beneficia". Es verdad que "el sistema ecológico se apoya en un proyecto que abarca tanto la sana convivencia social como la buena relación con la naturaleza". Y que "el problema decisivo es la capacidad moral global de la sociedad". Por tanto, "los deberes que tenemos con el ambiente están relacionados con los que tenemos para con la persona considerada en sí misma y en su relación con los otros. No se pueden exigir unos y conculcar otros. Es una grave antinomia de la mentalidad y de la praxis actual, que envilece a la persona, trastorna el ambiente y daña a la sociedad" (ibíd., 51)."

lunes, 2 de noviembre de 2009

El agua (mensaje de Juan Pablo II a la FAO) (2002)

Textos extraídos del Mensaje de Juan Pablo II a la FAO, en la Jornada Mundial de la Alimentación 2002.
- El tema elegido este año: "Agua, fuente de seguridad alimentaria", es una invitación a reflexionar en la importancia del agua, sin la cual las personas y las comunidades no pueden vivir. Como factor indispensable de la actividad humana, el agua es un elemento básico de la seguridad alimentaria. Además, no podemos olvidar que el agua, símbolo usado en los ritos comunitarios de muchas religiones y culturas, significa pertenencia y purificación. En el cristianismo, el agua se usa como signo de un proceso de transformación y conversión interior. De su valor simbólico brota la invitación a ser plenamente conscientes de la importancia de este bien tan valioso y, en consecuencia, a revisar los modelos actuales de comportamiento, para garantizar, ahora y en el futuro, que todos los pueblos tengan acceso al agua indispensable para sus necesidades, y que las actividades productivas, en particular la agricultura, puedan gozar de cantidades adecuadas de este recurso inestimable. La creciente conciencia de que el agua es un recurso limitado, pero absolutamente esencial para la seguridad alimentaria, hoy está llevando a muchos a cambiar de actitud, un cambio que se ha de fomentar por el bien de las generaciones futuras.
- Las conclusiones de los recientes encuentros internacionales han demostrado que la lucha contra el hambre y la desnutrición, y más generalmente la lucha contra la pobreza y en defensa de los ecosistemas de la tierra, se ha de librar en situaciones muy diferentes y en medio de intereses opuestos. El primer paso en este esfuerzo consiste en alcanzar un equilibrio sostenible entre el consumo y los recursos disponibles.Todos somos conscientes de que este objetivo no puede alcanzarse sin prestar atención a los principios fundamentales del orden ético y moral, principios arraigados en el corazón y en la conciencia de todo ser humano. De hecho, el orden de la creación y su delicada armonía corren el peligro de quedar irremediablemente alterados. La sabiduría bíblica nos recuerda que no debemos abandonar el "manantial de aguas vivas para hacer cisternas, cisternas agrietadas" (Jr 2, 13).Podemos ver aquí una advertencia con respecto a nuestra situación actual. En otras palabras, se nos recuerda que las soluciones técnicas, independientemente de su grado de desarrollo, no son útiles si no tienen en cuenta el carácter central de la persona humana, que, en sus dimensiones espiritual y material, es la medida de todos los derechos y, por tanto, debe ser el criterio guía de los programas y de las políticas.
- Sólo si el acceso al agua se considera un derecho de las personas y de los pueblos se garantizarán, de forma legítima y respetuosa, niveles adecuados de desarrollo en todas las áreas geográficas. Para que suceda esto, la política internacional debe prestar nuevamente atención al inestimable valor de los recursos hídricos, que a menudo no son renovables y no pueden ser patrimonio exclusivo de unos pocos, puesto que son un bien común de toda la humanidad. Por su misma naturaleza, "deben llegar a todos en forma equitativa bajo la guía de la justicia y el acompañamiento de la caridad" (Gaudium et spes, 69).

(Texto completo en la zona de descargas)

Los bienes de la tierra están destinados a todos los hombres (Gaudium et spes, 69) (1965)

Dios ha destinado la tierra y cuanto ella contiene para uso de todos los hombres y pueblos. En consecuencia, los bienes creados deben llegar a todos en forma equitativa bajo la égida de la justicia y con la compañía de la caridad. Sean las que sean las formas de la propiedad, adaptadas a las instituciones legítimas de los pueblos según las circunstancias diversas y variables, jamás debe perderse de vista este destino universal de los bienes. Por tanto, el hombre, al usarlos, no debe tener las cosas exteriores que legítimamente posee como exclusivamente suyas, sino también como comunes, en el sentido de que no le aprovechen a él solamente, sino también a los demás. Por lo demás, el derecho a poseer una parte de bienes suficiente para sí mismos y para sus familias es un derecho que a todos corresponde. Es éste el sentir de los Padres y de los doctores de la Iglesia, quienes enseñaron que los hombres están obligados a ayudar a los pobres, y por cierto no sólo con los bienes superfluos. Quien se halla en situación de necesidad extrema tiene derecho a tomar de la riqueza ajena lo necesario para sí. Habiendo como hay tantos oprimidos actualmente por el hambre en el mundo, el sacro Concilio urge a todos, particulares y autoridades, a que, acordándose de aquella frase de los Padres: Alimenta al que muere de hambre, porque, si no lo alimentas, lo matas, según las propias posibilidades, comuniquen y ofrezcan realmente sus bienes, ayudando en primer lugar a los pobres, tanto individuos como pueblos, a que puedan ayudarse y desarrollarse por sí mismos.

(Texto íntegro en la zona de descargas)

martes, 27 de octubre de 2009

Campaña de Cáritas sobre cambio climático

"Sembremos Justicia Climática"
Se calcula que actualmente dos mil millones de personas dependen de los frágiles ecosistemas de áreas áridas y semiáridas, y se espera que los mismos sufran incrementos adicionales en el nivel de estrés hídrico. Alrededor de 634millones de personas, una décima parte de la población mundial, viven en zonas costeras bajas, que se encuentran en peligro. Las organizaciones de Caritas alrededor del mundo tratan constantemente con el impacto de las crisis relacionadas con el cambio climático, las cuales están aumentando tanto en frecuencia como en intensidad. En las últimas dos décadas, la cantidad de catástrofes humanitarias registradas ha aumentado de unas 200 a más de 400 y, actualmente, siete de cada diez catástrofes están relacionadas con el clima.
Desde noviembre de 2008, Cáritas Española viene participando de manera activa en la campaña coordinada por Cáritas Internationalis, en colaboración con CIDSE, bajo el lema “Grow Climate Justice” (Sembremos Justicia Climática).
Con esta iniciativa de carácter global se pretende, por una parte, impulsar la sensibilización de la opinión pública y de las comunidades cristianas sobre el reto que plantea para el futuro de la humanidad los fenómenos de desarrollo y sostenibilidad relacionados con el cambio climático, y, por otra, poner en marcha una estrategia de incidencia política que impulse medidas urgentes para paliar los efectos del cambio climático en los países más desfavorecidos.
Para descargar el material informativo, entre en la zona de descargas de la parte izquierda o en el enlace:
http://www.caritas.es/campanyas/materiales/index.php?NQ%3D%3D&Mjc2

miércoles, 10 de junio de 2009

El drama del hambre

Mons. Francisco Gil Hellín, Arzobispo de Burgos
Noviembre 2006

Lo dijo el Papa hace dos domingos: «Ochocientos millones de personas viven en una situación de desnutrición». Y añadió: «Demasiadas personas, especialmente niños, mueren de hambre» Se le hiela a uno la sangre con sólo escribir estas cifras. Porque es mucho el dolor que hay detrás de ellas. Dolor de quienes sufren la malnutrición y el hambre y de quienes se sienten impotentes para remediarlas. Sobre todo, cuando las víctimas son niños, ancianos y enfermos.Es fácil echar la culpa a Dios y escandalizarse de que permita estas cosas. Pero es más justo y sensato cargar con el peso de nuestra responsabilidad personal y social. Dios ha creado un mundo con recursos sobreabundantes para que a nadie le falte lo necesario para llevar una vida digna. Sobran bienes de producción y de consumo para todos los que vivimos en el mundo y para muchos más. Lo sabemos incluso los que no somos expertos en la materia. ¿Qué ocurre, entonces? Algo muy sencillo: Que los recursos son muy grandes, pero son todavía mayores las injusticias y la corrupción. «La mayor parte de los recursos del planeta se destinan a una minoría de la población». Son también palabras del Papa. Con este esquema, poco o nada se puede hacer. Si unos pocos se apropian de la inmensa mayoría de los bienes, no es extraño que la malnutrición, el hambre, la enfermedad y la muerte se enseñoreen del mundo.Juan Pablo II habló de «pecados que claman al cielo». El hambre de los inocentes y de los niños, cuando se provoca expresamente aunque sea de modo indirecto, es uno de ellos. ¿Cómo no va a clamar al Cielo que un quinto de la población se aproveche del ochenta por ciento de los bienes de la tierra y que se empleen en armamentos y guerras lo que Dios ha destinado a llenar de pan, de cultura, de bienestar las mesas de sus hijos hambrientos?Hay causas estructurales que están ligadas al sistema de la economía mundial. Para ello, es preciso cambiar la orientación del desarrollo mundial, de modo que no sean las leyes del neoliberalismo y del neoindividualismo quienes dinamicen las fuerzas económicas y sociales, sino las de la justicia, la solidaridad y el bien común. Los Gobiernos tienen aquí una enorme responsabilidad. Porque son ellos, quienes con sus acciones y omisiones, más contribuyen a que se trasvasen a las generaciones actuales y venideras problemas que ya deberían estar resueltos. No deberían excluir que pasen a la historia como los responsables de futuras revoluciones violentas. Pues la Televisión lleva hoy a todos los rincones situaciones enormemente diferenciadas y, por ello, irritantes y provocadoras. Junto a los Gobiernos, los trabajadores de los medios de comunicación. Es verdad que tantas veces no les resulta fácil ser veraces y creadores de una sana opinión pública. Porque el neoliberalismo se ha adueñado de ellos. Pero esta dificultad no les exime de su propia responsabilidad.Las familias tienen también unas responsabilidades específicas. Es preciso que inviertan el estilo de vida que impera actualmente. De modo que los hijos y los jóvenes sean educados sin tantos caprichos, con más sobriedad, con menos exigencias de cosas no necesarias, con mayor implicación en los sufrimientos ajenos, con un horizonte donde se valore más a las personas por sus virtudes humanas que por sus posesiones o triunfos.Los cristianos del siglo veintiuno tenemos aquí un panorama tan exigente como apasionante. El «tuve hambre y me disteis de comer», lejos de haberse borrado del evangelio, sigue gritándonos que será uno de los criterios con los que Dios juzgará nuestro paso por la tierra.

El desierto del hambre

Carta del Cardenal Carlos Amigo Vallejo, Arzobispo de Sevilla
Diciembre 2007

Estad dispuestos a dar razón de vuestra esperanza. Así quería San Pedro que se comportaran los cristianos: que expusieran las razones que motivan su conducta. También podemos preguntar a Manos Unidas por las razones que apoyan su campaña anual contra el hambre en el mundo.
Benedicto XVI ha hablado del desierto del hambre, de ese lugar, no sólo donde falta lo más indispensable para vivir, sino lleno de hombres y mujeres hambrientos y condenados a morir por inanición. Aunque nos parezca inconcebible, son víctimas de ese verdugo tan cruel del hambre que acaba con la misma vida de las personas.
Esta situación nos produce vergüenza y es un gran escándalo que irrita hasta la más mínima sensibilidad del hombre. Por eso, buscar el bien de las personas es motivo más que suficiente para emprender cualquier tipo de acción, y tratar de resolver un problema de tan inhumanas dimensiones.
Al acercarnos a ese desierto del hambre, y buscando las causas que originan tanto mal, hemos visto que no son simplemente algunas catástrofes naturales o una situación excepcional, sino que esa epidemia del hambre está provocada por el mismo hombre, efecto de guerras y enemistades entre los pueblos, de injusticias, del mal reparto de los bienes que Dios ha puesto en la mesa de este mundo para que puedan ser alimento para todos.
Es ese mismo clamor de la injusticia el que impulsa a Manos Unidas a poner en marcha unos proyectos, encaminados a que a los hombres y mujeres del mundo les sea reconocido un derecho tan fundamental como es el de vivir, y el de hacerlo con la dignidad que como a personas les corresponde.
Queremos que el asiento de todas las acciones y comportamientos cristianos tengan siempre como base la justicia y el derecho que asiste a las personas. Pero, como cristianos, tenemos también unas sólidas y fuertes razones en la que apoyarnos y que son, al mismo tiempo, el espíritu que ha de definir la identidad de manos unidas como movimiento cristiano.
Hemos visto la situación en la que se encuentran los hijos de Dios. Nuestro corazón se ha conmovido, la misericordia, que es amor cristiano, se pone en camino buscando remedio para tanto mal.
En esos hombres y mujeres hambrientos hemos reconocido el rostro y la vida de nuestro Señor Jesucristo. Él se vistió de nuestra misma naturaleza humana. También con la de los hambrientos de este mundo.
Junto a los proyectos que se proponen, tenemos que poner nuestra oración más confiada. "Danos el pan de cada día". Danos el pan a todos. Y el que más reciba, que nunca se olvide de repartirlo con los que fueron más desfavorecidos.
Son, pues, muchos y muy sólidos y arraigados los motivos que tenemos para emprender, con todo el entusiasmo, una nueva campaña de Manos Unidas. La ayuda de Dios no nos ha de faltar. También el apoyo de nuestra iglesia diocesana.
Con mi bendición.