miércoles, 10 de junio de 2009

Ad petendam pluviam (Oración para pedir lluvia)

Señor,
en ti vivimos, nos movemos y existimos:
concédenos la lluvia necesaria,
a fin de que ayudados con los bienes de la tierra,
anhelemos con más confianza los bienes del cielo.
Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén

Cuidado de la Naturaleza

Carta de Mons. José Sánchez González, Obispo de Sigüenza-Guadalajara
Agosto 2005

El terrible incendio del pasado 16 de julio en los bosques del Ducado de Medinaceli y del Alto Tajo, además de causar once muertos, redujo en pocos días a un negro desierto de cenizas lo que durante siglos había sido una preciosa mancha verde de pinares y de otras especies arbóreas propias de la zona.
Atravesar la zona afectada o contemplar las imágenes tomadas desde el aire produce un sentimiento de desolación y de tristeza por lo que tiene de pérdida difícilmente recuperable de un precioso patrimonio natural y por el cambio de un bello paisaje lleno de vida en un escenario de silencio y de muerte.
Excelente ocasión la que nos brindan este tétrico panorama y el incendio que lo ha causado para reflexionar sobre el trato que damos y el que debemos dar a la naturaleza. Y ¿qué mejor tiempo que el verano, estación en la que más disfrutamos de la naturaleza y en la que también más la maltratamos y abusamos de ella?
El verano es también el tiempo de más incendios. A las favorables condiciones para el fuego, propias del tiempo, como la sequía, el calor y el viento, se unen la imprudencia, los descuidos y, por desgracia, con demasiada frecuencia, la acción de personas desequilibradas o maliciosas.
Todo esto nos obliga a hacer una llamada a la responsabilidad en nuestra relación con la naturaleza. Además de las razones naturales y obvias de que no somos sus dueños, sino sólo administradores, de que ha de servir para nuestro beneficio y disfrute y también para las siguientes generaciones, los creyentes tenemos especiales razones para mantener con la naturaleza un trato adecuado. Porque creemos que Dios es su Creador y Señor y nos ha mandado cuidarla y servirnos de ella; porque toda la naturaleza, junto con las personas, están destinadas a llegar a su plenitud según el designio de Dios…
Nuestra fe es la mejor fuente y el mejor camino para una sana ecología. Ésta ha de estar lejos de dos extremos o tentaciones en las que podemos caer; a saber, una cierta divinización de la naturaleza, que tiende a convertirla en una especie de absoluto e intocable, dejando la naturaleza a sus propias fuerzas. "No tocar nada" "No arrancar una planta". "Nunca talar un árbol". En el otro extremo se sitúan los que abusan de la naturaleza en provecho propio como dueños absolutos, como si todo les fuera lícito y como si sólo ellos fueran los destinatarios de sus beneficios.
Tradicionalmente han sido los agricultores y los pastores los encargados de cuidar la naturaleza. Entre otras razones, porque sabían que sólo cuidándola tenían asegurados por ella, si el clima y otros factores acompañaban, los necesarios recursos de los que dependían ellos y sus familias. Aunque, como todo ser humano, habrán cometido fallos; pero de ellos podemos aprender mucho en el cuidado de la naturaleza.
En estos días, con ocasión del incendio en nuestra provincia, hemos oído todos frases como que "el fuego en el bosque se apaga en el invierno", significando el necesario cuidado en la limpieza del bosque y de los cortafuegos, del aprovisionamiento de agua y de la disposición de otros recursos humanos y materiales adecuados para apagar el incendio, si surge. En los habitantes de los pueblos hemos tenido ocasión de admirar sus conocimientos, su sabiduría, su trabajo abnegado, su tesón y su prudencia, combatiendo las llamas contra las que, en ocasiones, han luchado en soledad durante muchas horas.
Que el contacto con la naturaleza y con quienes habitualmente viven más integrados en ella y el recuerdo de la palabra de Dios, que nos habla del destino de la naturaleza y de nuestra relación con ella, nos ayuden a encontrar el justo equilibrio para una sana y solidaria ecología.

La maravillosa obra de la creación

Carta de Mons. Lluís Martínez Sistach, Arzobispo de Barcelona
Mayo 2006

La primavera permite contemplar con mayor facilidad y realismo la exuberancia de la naturaleza y la maravillosa obra de la creación. Desde su origen, la creación es como una cuna que espera el nacimiento del hombre. El universo, a la vez indómito y hospitalario para el hombre, le ofrece el medio donde poder vivir, pero también donde ha de morir. El hombre está llamado a hacer el mundo más humano.El mundo es hermoso. Esa belleza procede de su apertura a Aquel hacia el cual el hombre ha sido orientado. El mundo no está hecho para girar sobre sí mismo. Ha sido hecho para Cristo, ya que "el Padre ama al Hijo y todo lo ha puesto en sus manos”.Sin embargo, la creación ha sido confiada al hombre; todos los seres le han sido entregados para que viva, se sirva de ellos, haga fructificar la tierra y alabe al Creador. Toda la creación ha sido entregada al hombre: "Todo es vuestro, pero vosotros sois de Cristo y Cristo es de Dios", afirma el apóstol Pablo.La Biblia relata la creación de una manera poética, con un optimismo que contrasta con las narraciones de las religiones antiguas. A la luz de la fe en el Dios de la Alianza, el pueblo de Israel nos explica el origen del hombre. "En el principio, Dios creó el cielo y la tierra". Estas son las primeras palabras de la Biblia. Dios lo creó todo "con su palabra". "Con su aliento" dio vida al hombre, al que formó del barro de la tierra. El barro es el símbolo de la fragilidad del hombre; y el aliento, el símbolo de la vida. "Los creó hombre y mujer, a su imagen y semejanza", puesto que el hombre y la mujer son dueños de todo el universo en la medida en que son imagen de Dios; es decir, gobiernan el mundo con inteligencia y amor.La Biblia y la ciencia proponen dos perspectivas del mundo y de los hombres. La Biblia se interesa en el por qué de las cosas. La ciencia se pregunta por el cómo. Son dos perspectivas diferentes, pero complementarias, e incluso convergentes. La Biblia revela a los hombres el sentido de su existencia a fin de orientar la vida del creyente.El hombre colabora en la creación que es obra de Dios. Descubre las riquezas ocultas de la creación, inventa y halla constantemente nuevas posibilidades latentes en ese universo que Dios le ha confiado. En esto es imagen de su Creador. Pero el hombre, ¿puede permitirse todo aquello de lo que es capaz? De esa pregunta nace la moral. La inventiva del hombre ha de regirse por la ley del amor que recibe de Dios.El autor del Génesis habla del pecado original. El paraíso representa la felicidad inicial que Dios ha otorgado a Adán y Eva. Todo les ha sido dado. Pueden comer del fruto de todos los árboles, menos del "árbol del conocimiento del bien y del mal". He ahí su límite. El hombre no es el origen ni de sí mismo ni de su conciencia moral. No es él quien decide soberanamente sobre el bien y el mal, pero el hombre quiere ser como Dios y por esto se sirve del fruto del árbol que Dios se había reservado. El hombre actúa contra Dios y opta por comportarse sin Dios. Mediante el bautismo, el cristiano renace a la vida nueva en Cristo. Es liberado del pecado original, porque habita en él el Espíritu de Dios, que le ayuda a vivir del amor mismo de Dios.

El drama del hambre

Mons. Francisco Gil Hellín, Arzobispo de Burgos
Noviembre 2006

Lo dijo el Papa hace dos domingos: «Ochocientos millones de personas viven en una situación de desnutrición». Y añadió: «Demasiadas personas, especialmente niños, mueren de hambre» Se le hiela a uno la sangre con sólo escribir estas cifras. Porque es mucho el dolor que hay detrás de ellas. Dolor de quienes sufren la malnutrición y el hambre y de quienes se sienten impotentes para remediarlas. Sobre todo, cuando las víctimas son niños, ancianos y enfermos.Es fácil echar la culpa a Dios y escandalizarse de que permita estas cosas. Pero es más justo y sensato cargar con el peso de nuestra responsabilidad personal y social. Dios ha creado un mundo con recursos sobreabundantes para que a nadie le falte lo necesario para llevar una vida digna. Sobran bienes de producción y de consumo para todos los que vivimos en el mundo y para muchos más. Lo sabemos incluso los que no somos expertos en la materia. ¿Qué ocurre, entonces? Algo muy sencillo: Que los recursos son muy grandes, pero son todavía mayores las injusticias y la corrupción. «La mayor parte de los recursos del planeta se destinan a una minoría de la población». Son también palabras del Papa. Con este esquema, poco o nada se puede hacer. Si unos pocos se apropian de la inmensa mayoría de los bienes, no es extraño que la malnutrición, el hambre, la enfermedad y la muerte se enseñoreen del mundo.Juan Pablo II habló de «pecados que claman al cielo». El hambre de los inocentes y de los niños, cuando se provoca expresamente aunque sea de modo indirecto, es uno de ellos. ¿Cómo no va a clamar al Cielo que un quinto de la población se aproveche del ochenta por ciento de los bienes de la tierra y que se empleen en armamentos y guerras lo que Dios ha destinado a llenar de pan, de cultura, de bienestar las mesas de sus hijos hambrientos?Hay causas estructurales que están ligadas al sistema de la economía mundial. Para ello, es preciso cambiar la orientación del desarrollo mundial, de modo que no sean las leyes del neoliberalismo y del neoindividualismo quienes dinamicen las fuerzas económicas y sociales, sino las de la justicia, la solidaridad y el bien común. Los Gobiernos tienen aquí una enorme responsabilidad. Porque son ellos, quienes con sus acciones y omisiones, más contribuyen a que se trasvasen a las generaciones actuales y venideras problemas que ya deberían estar resueltos. No deberían excluir que pasen a la historia como los responsables de futuras revoluciones violentas. Pues la Televisión lleva hoy a todos los rincones situaciones enormemente diferenciadas y, por ello, irritantes y provocadoras. Junto a los Gobiernos, los trabajadores de los medios de comunicación. Es verdad que tantas veces no les resulta fácil ser veraces y creadores de una sana opinión pública. Porque el neoliberalismo se ha adueñado de ellos. Pero esta dificultad no les exime de su propia responsabilidad.Las familias tienen también unas responsabilidades específicas. Es preciso que inviertan el estilo de vida que impera actualmente. De modo que los hijos y los jóvenes sean educados sin tantos caprichos, con más sobriedad, con menos exigencias de cosas no necesarias, con mayor implicación en los sufrimientos ajenos, con un horizonte donde se valore más a las personas por sus virtudes humanas que por sus posesiones o triunfos.Los cristianos del siglo veintiuno tenemos aquí un panorama tan exigente como apasionante. El «tuve hambre y me disteis de comer», lejos de haberse borrado del evangelio, sigue gritándonos que será uno de los criterios con los que Dios juzgará nuestro paso por la tierra.

Ecología y Ecoética. La crisis ecológica es también un problema actual

Carta de Vicente Jiménez Zamora, Obispo de Osma-Soria
Marzo 2007

El primer libro de la Biblia define al hombre como imagen de Dios. Pero tal definición no convierte al hombre en la instancia delegada de un poder autocrático para abusar de la naturaleza, sino en el garante y custodio de la buena marcha de la Creación. En todo caso, es Dios, no el hombre, el único Señor de la Creación, ante el cual el hombre deberá responder de su gestión y administración.En las encíclicas sociales del Papa Juan Pablo II: Sollicitudo rei socialis (n. 26) y en la Centésssimus annus (nn. 37-38), se habla de que el respeto a la naturaleza reclama la necesidad de una ecología humana, que ayude a entender no sólo la tierra sino también el hombre como don de Dios, y la necesidad de una “ecología social”. El progreso de la técnica y el desarrollo de la naturaleza exigen un cultivo proporcionado de la dimensión moral y ética. La crisis ecológica es un problema también moral. Por eso la Ecología está exigiendo la “Ecoética”.El futuro de la Creación es, además, una invitación a la solidaridad y a la fraternidad. Las cosas creadas pueden convertirse en arma arrojadiza. Pero pueden y deben convertirse en ofrenda y en regalo. Tal modificación de significado no depende del cosmos, sino del hombre que lo habita, lo modifica y le otorga una significatividad. Si el hombre ha nacido del amor y en el amor encuentra su plenitud, la solidaridad humana que el amor genera y orienta pasa también por el respeto a la naturaleza.Nuestra sociedad, a pesar del desarrollo social y progreso económico, sigue generando nuevas formas de pobreza, hombres marginados, a veces, hasta desesperados. Pensemos, por ejemplo, en algunos inmigrantes que vienen a nuestra tierra. Hoy estamos invitados, desde la humanidad, la fe y el amor, a realizar gestos de generosidad, que pongan al servicio de los más pobres, los bienes y recursos que la técnica y el trabajo ponen en nuestras manos, sin miedo a empobrecernos y en aras de un amor solidario y fraterno.Hay que entrar en comunión con la Creación y el Creador a través de la contemplación, la soledad y el silencio. Ese hábito tan necesario en nuestra sociedad tan ruidosa y aturdida. Resulta difícil en nuestra época crear zonas de soledad y espacios de silencio, inmersos como estamos en el trajín de nuestras ocupaciones, en el bullicio de los acontecimientos, en el reclamo de los medios de comunicación social. Por eso encontramos no pocos obstáculos para la paz interior y los pensamientos, que deben caracterizar la existencia del hombre. Es difícil, pero también es posible lograrlo. Nuestra fe cristiana nos enseña a aceptar al Creador como Padre; a los hombres como hermanos; y a vivir el señorío bíblico sobre la Creación y la naturaleza. Es el esquema de un cambio de cultura y de modelo de existencia orientadas por la paz y el amor.

El cambio climático

Carta de Mons. Lluís Martínez Sistach, Arzobispo de Barcelona
Julio 2007

La lucha contra el cambio climático ha sido uno de los puntos destacados de la reunión que celebraron en Alemania, el pasado mes de junio, los ocho países más industrializados del mundo -grupo conocido como el G8-, con la participación también de Rusia. Los ocho países coincidieron en la necesidad de reducir a la mitad los gases contaminantes antes del 2050. Por el momento no se tomaron compromisos concretos, pero se han puesto las bases para comenzar a discutir cómo se ha de hacer esta reducción, según explicó la canciller alemana Ángela Merkel.Evidentemente, los compromisos han sido pocos y a largo plazo, pero hay que tener presente que se ha logrado el compromiso de países como Estados Unidos, que hasta ahora siempre se ha negado a fijar un límite a la emisión de gases. El G8, en esta reunión, también se reunió con los cinco países emergentes más importantes del mundo (China, India, México, Brasil y Sudáfrica) para convencerles de la necesidad de unirse a la lucha contra el cambio climático.Cito estos hechos para recordar que la salvaguardia de la creación es una de las exigencias de la visión cristiana del mundo. Por esto, ha aumentado la sensibilidad de todas las confesiones cristianas ante los problemas planteados por un desarrollo insostenible y para no comprometer el equilibrio ecológico.La doctrina social de la Iglesia ha desarrollado un cuerpo doctrinal sobre el respeto a la naturaleza. Benedicto XVI lo dice explícitamente en su primera exhortación apostólica dirigida a toda la Iglesia: "La fundada preocupación por las condiciones ecológicas en que se encuentra la creación en muchas partes del mundo encuentra motivos de tranquilidad en la perspectiva de la esperanza cristiana, que nos compromete a actuar responsablemente en defensa de la creación".En efecto, como enseña el Santo Padre en este documento, en la relación entre la Eucaristía y el universo descubrimos la unidad del plan de Dios y se nos invita a descubrir la relación profunda entre la creación y la nueva creación, inaugurada con la resurrección de Jesucristo, el nuevo Adán. Porque no podemos olvidar que se da una maravillosa armonía entre el orden de la creación y el orden de la salvación, ya que es el mismo Dios el que crea y el que salva.De todas maneras, como enseñó el Concilio Vaticano II, la esperanza en un cielo nuevo y una tierra nuevas no nos ha de llevar a disminuir nuestro compromiso en favor de este cielo nuestro -la atmósfera terrena- y esta tierra nuestra que para el creyente son un don amoroso de Dios a la humanidad. "La creación -dice también Benedicto XVI- no es una realidad neutral, mera materia que se puede usar indiferentemente siguiendo el instinto humano. Más bien forma parte del plan bondadoso de Dios, por el que todos nosotros estamos llamados a ser hijos e hijas en el Unigénito de Dios, Jesucristo."El tiempo de verano y las vacaciones propician un contacto más intenso con la naturaleza. Para el creyente es una oportunidad para alabar a Dios y admirar la belleza de su obra, no sólo en sus grandes manifestaciones naturales, sino también en las obras más pequeñas, como una flor, una hierba o la policromía de un fruto.

El desierto del hambre

Carta del Cardenal Carlos Amigo Vallejo, Arzobispo de Sevilla
Diciembre 2007

Estad dispuestos a dar razón de vuestra esperanza. Así quería San Pedro que se comportaran los cristianos: que expusieran las razones que motivan su conducta. También podemos preguntar a Manos Unidas por las razones que apoyan su campaña anual contra el hambre en el mundo.
Benedicto XVI ha hablado del desierto del hambre, de ese lugar, no sólo donde falta lo más indispensable para vivir, sino lleno de hombres y mujeres hambrientos y condenados a morir por inanición. Aunque nos parezca inconcebible, son víctimas de ese verdugo tan cruel del hambre que acaba con la misma vida de las personas.
Esta situación nos produce vergüenza y es un gran escándalo que irrita hasta la más mínima sensibilidad del hombre. Por eso, buscar el bien de las personas es motivo más que suficiente para emprender cualquier tipo de acción, y tratar de resolver un problema de tan inhumanas dimensiones.
Al acercarnos a ese desierto del hambre, y buscando las causas que originan tanto mal, hemos visto que no son simplemente algunas catástrofes naturales o una situación excepcional, sino que esa epidemia del hambre está provocada por el mismo hombre, efecto de guerras y enemistades entre los pueblos, de injusticias, del mal reparto de los bienes que Dios ha puesto en la mesa de este mundo para que puedan ser alimento para todos.
Es ese mismo clamor de la injusticia el que impulsa a Manos Unidas a poner en marcha unos proyectos, encaminados a que a los hombres y mujeres del mundo les sea reconocido un derecho tan fundamental como es el de vivir, y el de hacerlo con la dignidad que como a personas les corresponde.
Queremos que el asiento de todas las acciones y comportamientos cristianos tengan siempre como base la justicia y el derecho que asiste a las personas. Pero, como cristianos, tenemos también unas sólidas y fuertes razones en la que apoyarnos y que son, al mismo tiempo, el espíritu que ha de definir la identidad de manos unidas como movimiento cristiano.
Hemos visto la situación en la que se encuentran los hijos de Dios. Nuestro corazón se ha conmovido, la misericordia, que es amor cristiano, se pone en camino buscando remedio para tanto mal.
En esos hombres y mujeres hambrientos hemos reconocido el rostro y la vida de nuestro Señor Jesucristo. Él se vistió de nuestra misma naturaleza humana. También con la de los hambrientos de este mundo.
Junto a los proyectos que se proponen, tenemos que poner nuestra oración más confiada. "Danos el pan de cada día". Danos el pan a todos. Y el que más reciba, que nunca se olvide de repartirlo con los que fueron más desfavorecidos.
Son, pues, muchos y muy sólidos y arraigados los motivos que tenemos para emprender, con todo el entusiasmo, una nueva campaña de Manos Unidas. La ayuda de Dios no nos ha de faltar. También el apoyo de nuestra iglesia diocesana.
Con mi bendición.

¿Oración para pedir la lluvia?

Carta de Mons. Braulio Rodríguez Plaza,Arzobispo de Valladolid (actual Arzobispo Electo de Toledo)
Octubre de 2005

Sequía tan larga como la que padecemos está resultando una gran calamidad. Necesitamos lluvia abundante para los campos, alimentar las aguas subterráneas y favorecer nuestra salud. ¿Basta con escuchar las previsiones meteorológicas que, por otro lado, no indican que las lluvias estén cerca? ¿Podemos hacer algo más como cristianos? Sin duda. Nuestras comunidades cristianas deben orar insistentemente por la lluvia, pues casi se ha perdido la costumbre de orar públicamente por la lluvia. Se puede, pues, recitar la oración propia para estos casos: “para pedir la lluvia” (Ad petendam pluviam).
¿Cómo se puede entender esta petición en una sociedad nuestra tan secularizada? ¡Es problema de la sociedad secularizada!, pero no hay absolutamente ninguna razón que justifique que los creyentes no acudan y supliquen a Dios para que llueva en tiempos de sequía. El creyente reconoce así su indigencia y su incapacidad para salir de ella: confía, al menos implícitamente, que sólo Dios puede salvarlo, aunque él pueda muchas cosas. Con ese reconocimiento se pone el creyente, por lo tanto, en la verdad. Y eso es mucho, pues el creyente se acepta a sí mismo en su indigencia radical y acepta a Dios como el único que puede remediarla.
¿No estaremos de este modo volviendo a un estadio de la fe ya superado? ¿No estaremos confiando en la magia o en ritos indignos del que cree en Dios? En absoluto: nuestras oraciones –e incluso los ritos que las acompañan y sostienen– no fuerzan a Dios a concedernos lo que pedimos en ellas. Una cosa es la magia y otra, muy distinta, es la oración que nace de la fe. La magia pretende apoderarse de Dios y poner su poder al servicio de las necesidades y caprichos de quien la practica. La oración cristiana se contenta con exponer a Dios el deseo o la necesidad, confiando en que Él cumplirá o remediará cómo y cuándo su amor lo disponga. La magia tiene como raíz la voluntad de poder y dominio; la oración cristiana, en cambio, viene de la entrega confiada al Señor, a quien sabemos que nos quiere.
Así que en nuestras necesidades y angustias hemos de acudir a Dios. Por mucho que podamos intervenir en el curso de las cosas por la ciencia y por la técnica, siempre hay algo en la realidad que se nos escapa. Otra cosa es orar para que llueva a nuestro antojo y a la vez dilapidar tontamente el agua, como hemos podido hacer muchas veces. Sin duda que todos hemos de cooperar a un desarrollo sostenido y a un equilibrio ecológico; también debe crecer entre nosotros la responsabilidad personal y de los poderes públicos en cuidar globalmente del planeta Tierra, rebajando los índices de contaminación, y de no consumir desmesuradamente como si la naturaleza nunca fuera afectada. Todos somos responsColor del textoables de la Tierra y de las alteraciones innecesarias que más pronto o más tarde se vuelven contra nosotros.
Invito, pues, a cada uno en particular y a las comunidades cristianas a orar pidiendo al Señor la lluvia, que pensamos es necesaria, y confiando en Él, que conoce mejor que nosotros lo que nos hace falta: «Tú cuidas de la Tierra, la riegas y la enriqueces sin medida. La acequia de Dios va llena de agua» (Sal 65,10).

miércoles, 20 de mayo de 2009

Va por usted, ministra Aído


Fuente: El Mundo

jueves, 7 de mayo de 2009

Materiales sobre cristianismo y ecología

A partir de ahora está disponible, en la parte derecha de este blog, una carpeta en la que se irán incluyendo materiales diversos sobre ecología y cristianismo. Inicialmente se ha dejado el compendio de doctrina social de la Iglesia, y un artículo sobre gestión de recursos naturales.

El medio ambiente, un bien colectivo

Carta de Mons. Lluís Martínez Sistach, Arzobispo de Barcelona
febrero de 2007

Científicos de todo el mundo se han reunido estos días en París y han dado a conocer sus conclusiones. Parece que una de sus afirmaciones fundamentales es que el calentamiento del planeta no es obra de la naturaleza, sino que es responsabilidad del hombre, a causa del llamado “efecto invernadero”. Sin ánimo de entrar en cuestiones científicas, creo que es oportuno recordar el pensamiento de la Iglesia sobre la ecología y sobre el medio ambiente.
Esta doctrina ha adquirido una fuerte relevancia en los últimos años, tanto en los ambientes cristianos como en el de otras religiones. Hasta tal punto que ya se ha creado un importante cuerpo de doctrina, contando con una colaboración con frecuencia de carácter ecuménico.
Creo que en el centro de esta doctrina está el concepto de la responsabilidad del hombre ante la creación, lo que quedaría confirmado por una de las conclusiones del os científicos reunidos en París. Una correcta “conciencia ecológica” ha de tener en cuenta la “dimensión ética”, que ha de caracterizar siempre el desarrollo de los pueblos.
Según la Biblia, Dios puso la creación entera al servicio del hombre y bajo su dominio, hecho expresado en el lenguaje del Génesis porque Adán da nombre a todas las cosas. Es cierto que el Señor confió al hombre el dominio sobre la tierra. Pero no le otorgó una potestad absoluta, sino condicionada. El hombre, al usar los bienes naturales, esta sometido a unas leyes no solamente biológicas, sino también morales.
Como expresión de este pensamiento, es significativo que el “Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia”, dedique todo el capítulo décimo a la “protección del medio ambiente”. Tomando como punto de partida la doctrina bíblica, analiza las relaciones del hombre con el medio ambiente para subrayar que se trata de una responsabilidad común. “la tutela del medio ambiente –dice- constituye un reto para toda la humanidad: se trata del deber, común y universal, de respetar un bien colectivo, destinado a todos”. Es una responsabilidad del momento presente, pero también de una responsabilidad ante las generaciones futuras.
El principio de la destinación universal de los bienes, aplicado al medio ambiente, ofrece una orientación fundamental, para deshacer el nudo complejo y dramático que une crisis ambiental y pobreza. Porque la crisis ambiental actual, señala el Compendio que he citado, golpea particularmente a los más pobres, “ya sea porque viven en tierras que están sujetas a la erosión y a la desertización, o implicados en conflictos armados, u obligados a migraciones forzosas, o bien porque no disponen de medios económicos y tecnológicos para protegerse de las calamidades”.
Por último, deseo subrayar que la protección del medio ambiente ha de encontrar una traducción adecuada en el ámbito jurídico y que en ello tienen una especial responsabilidad los gestores del bien común, aunque no sólo ellos. El tema tiene tanta relevancia como para exigir un esfuerzo por parte todos. Todos hemos de preguntarnos y revisar nuestro estilo de vida para ver si responde al uso razonable, pero también al respeto, de las cosas creadas. No sea que suceda que “el consumismo nos consuma”.

martes, 5 de mayo de 2009

La cuestión ecológica: la vida del hombre en el mundo

Hoy, 5 de mayo, se presenta en Zaragoza el libro titulado "La cuestión ecológica: la vida del hombre en el mundo". La obra ha sido editada por la Nunciatura Apostólica en España, y recoge las actas del Congreso Internacional sobre Ecología, organizado por el Pabellón de la Santa Sede, en la Expo de Zaragoza, con los auspicios del Pontificio Consejo Justicia y Paz.

(Información tomada de "Semilla Evangélica-Diócesis de Teruel y Albarracín")

Comentario de Álvaro Real en cope.es:

"En los últimos decenios, se ha suscitado dentro de la comunidad humana un hondo interés por el cuidado del medio ambiente y por la preservación de los ecosistemas.
La creciente toma de conciencia de la tierra como “casa (oikos) común del hombre y de los demás seres vivos que está amenazada en su condición de hábitat adecuado para la vida –debido al deterioro de la atmósfera, a la contaminación de las aguas, a la ruptura del equilibrio entre las diversas especies animales, a la explotación abusiva de los recursos naturales, a la pérdida progresiva de las masas arbóreas y a las crisis sociales de los hombres (guerras, pobreza, conflictos económicos, injusticias, etc..- ha ido haciendo surgir en el seno de la humanidad la urgencia de desarrollar un discurso racional o ciencias (logos) acerca de aquello que constituye el “hogar” del ser humano y la “morada” de los otros vivientes.
Por eso, a partir de las capacidades intelectuales que nos son propias y requeridos por la necesidad ineludible de “salvar” la naturaleza –con la que estamos íntimamente relacionados-, de un tiempo a esta parte, los hombres estamos procurando la conformación y el despliegue de la ciencia ecológica.
La ecología se muestra, por ello, como una ciencia interdisciplinar que demanda, casi con carácter de principio, la clarificación de cuestiones de gran alcance -¿quién es el hombre?, ¿qué es el mundo?, ¿en qué relación están hombre y su mundo?, ¿existe un contraste esencial entre el hombre y los demás vivientes?-, a la vez que se abre desde ahí a los innumerables problemas medioambientales en el horizonte de la responsabilidad ética del ser humano respecto de la naturaleza y de su propia vida en la Tierra".

Programa del IV Encuentro de Profesores Universitarios Católicos

Ya está en disponible el programa del IV Encuentro de Profesores Universitarios Católicos, que se celebrará del 24 al 26 de junio en Sevilla, con el lema: “LA UNIVERSIDAD ACTUAL ANTE EL RETO DE LA UNIDAD Y LA FRAGMENTACIÓN DEL SABER”.

“La cuestión del hombre, y por consiguiente de la modernidad,
desafía a la Iglesia a idear medios eficaces para anunciar a la cultura
contemporánea el "realismo" de su fe en la obra salvífica de Cristo.
El cristianismo no debe ser relegado al mundo del mito y la emoción,
sino que debe ser respetado por su deseo de iluminar la verdad
sobre el hombre, de transformar espiritualmente a hombres y
mujeres, permitiéndoles así realizar su vocación en la historia…
La universidad, por su parte, nunca debe perder de vista su
llamada especial a ser una "universitas", en la que las diversas
disciplinas, cada una a su modo, se vean como parte de un unum
más grande. ¡Cuán urgente es la necesidad de redescubrir la unidad
del saber y de hacer frente a la tendencia a fragmentar y a la falta
de comunicación que son, con demasiada frecuencia, la tónica en
nuestras escuelas! El esfuerzo por reconciliar la tendencia a la
especialización con la necesidad de preservar la unidad del
conocimiento puede alentar el desarrollo de la Unión Europea y
ayudar al continente a redescubrir su "vocación" cultural específica
en el mundo de hoy” (Benedicto XVI).

El programa puede consultarse en:
www.conferenciaepiscopal.es/actividades/jornadas/2009/universidades.pdf

domingo, 26 de abril de 2009

Presentaciones PPT de Naturaleza

A partir de hoy en la parte inferior izquierda de este blog, iré colgando, con la colaboración de Clara, presentaciones ppt sobre Naturaleza. Muchas de ellas sirven para meditar, reflexionar, orar...

miércoles, 15 de abril de 2009

Encuentro de profesores católicos

La Subcomisión Episcopal de Universidades ha convocado el IV Encuentro de profesores de Universidad, Investigadores y Profesionales Católicos. Se celebrará en Sevilla, del 24 al 26 de junio de 2009, con el tema central "Universidad actual ante el reto de la unidad y la fragmentación del saber".
Proximamente se publicará el programa completo y más información sobre este encuentro.

Nueva revista

Recientemente ha salido el número 1 del Boletín de Doctrina Social de la Iglesia, editado por el Observatorio Internacional "Cardenal Van Thuan International Network" (http://www.vanthuanobservatory.org/). En este primer número escriben, entre otros, Monseñor Crepaldi, Juan Velarde, José Raga y Domingo Sugranyes.

martes, 14 de abril de 2009

A vueltas con el lazo blanco y las cofradías

La polémica de esta Semana Santa ha sido sin duda la de si las cofradías deberían ponerse o no el lazo blanco para mostrar su rechazo al proyecto de ley del Gobierno sobre el aborto.
Mi opinión, que ya expresé el pasado miércoles en Cope Ávila, es que no deberían llevarlo -aunque cada una es libre de hacer lo que quiera- porque sería un precedente que llevaría cada año a ponerse el lazo de un color para revindicar todas las ideas que los cristianos debemos defender y que los diferentes gobiernos pisotean y desprecian. Además, los medios de comunicación -tan contrarios a la Iglesia la mayoría- empezarían a sacar estadísticas infundadas y manipuladoras del tipo "el 30 % de las cofradías se pusieron el lazo, así que el 70 % están a favor del aborto". De hecho la cadena que va después de Telecinco, la Secta creo que se llama, ya sacó alguna noticia el otro día en este sentido.
Quiero destacar lo que ha pasado en la Semana Santa de Valladolid, donde la Junta de Cofradías sacó un manifiesto de pleno apoyo a la Iglesia -como no podía ser de otra forma- y en defensa de la vida, y donde todas las cofradías optaron por no llevar lazo. Bien es verdad, que la Cofradía del Santo Entierro ha dado un ejemplo, al poner un panel anunciador de sus procesiones en la cabina de teléfonos que hay junto a su sede, en el que se mostraba un bien visible lazo blanco.
Pues bien, resulta que los mandos de la Guardia Civil y Policia Nacional de esta provincia, comunicaron a las cofradías que no iría ningún miembro de estos cuerpos escoltando los pasos -como hacen tradicionalmente- si la cofradía optaba por llevar lazos blancos, alegando que los agentes no podían participar en manifestaciones. Supongo que detrás de Policía y Guardia Civil estaba el Gobierno, que con este chantaje intentaba evitar las protestas. Qué vergüenza de Gobierno y qué pena que algunos le hagan el juego sucio.
Las cofradías, como parte de la Iglesia, deben estar cada vez más comprometidas con la fe que profesan. Ya saben la mayoría de los cofrades lo que significa ser cristiano. Y aunque con feas tretas se intente taparnos la boca, ni los gobiernos ni nadie nos callará cuando de lo que se trata es de defender la vida.

jueves, 19 de marzo de 2009

La Iglesia, la ley del aborto y el lince

Hace pocos días, la Conferencia Episcopal Española (CEE) presentó una campaña a favor de la vida y en contraposición a la reforma de la ley del aborto que el gobierno está preparando.
La campaña de carteles muestra la imagen de un bebé y otra de una cría de lince. Sobre el lince aparece un sello que dice "lince protegido" y el bebé dice: "¿Y yo? ... ¡Protege mi vida!". Según explicaciones de Monseñor Juan Antonio Martínez Camino, obispo secretario general de la CEE, un lince está más protegido que un niño. Aunque hay personas que parecen no haberlo leído, Martínez Camino también ha dicho que "está muy bien que se proteja a los animales en peligro de extinción y la diversidad de la biosfera", pero "esta sensibilidad debe llevar también a proteger más a los que van a nacer, porque la vida del niño es del todo indivisible, y hay que tomar conciencia de la dignidad incomparable de toda vida humana".
Claro, las reacciones desde posiciones de partidos de izquierdas y grupos anticlericales no se han hecho esperar. "Agresiva e inaceptable" (PSC), "provocadora, agresiva y extremista" (CiU y PNV), el PP no opina excepto Fraga "El lince está más protegido que el hombre", etc., etc.
Pero hay algunas declaraciones que son dignas de destacar. Ecologistas en Acción: "Pedimos humildemente y respetuosamente a la Iglesia que retire esta manipuladora campaña por el daño que le van a producir a este animal, que sólo es una víctima más y que está a punto de extinguirse en el planeta en el que todos tenemos derecho a la vida". Los que manipulan son ellos. La Iglesia, ahora y siempre, por activa y por pasiva, ha defendido la vida de todos los seres vivos como obra que son de la Creación de Dios. Y explícitamente ha dicho que las especies en peligro deben protegerse. Además, si de verdad piensan que "todos tenemos derecho a la vida", aún no he les he oido ninguna declaración a favor de la vida y en contra del aborto. Lo que pasa es que la CEE ha metido el dedo en una de las mayores llagas de los llamados ecologistas (a los que yo pondría un examen de ecología como los que me ponían a mi en la carrera, a ver si aprobaban). Y es que los ecologistas defienden animales, plantas, recursos naturales, desarrollo sostenible, energías ¿limpias?, etc., pero no defienden la vida humana.
El director de la Estación de Doñana dice que, claro, hay que proteger al lince ibérico porque quedan muy pocos ejemplares, pero en cambio al hombre no hay que protegerlo, porque existe en el mundo una superpoblación de esta especie. ¿Y qué propone este señor? ¿un descaste?. Pues este descaste ("eliminación de individuos de una población animal para mantener su población por debajo de cierto límite") ya se está haciendo, de manera casi siempre silenciosa y, para mayor vergüenza, propiciando el negocio de unos médicos sin escrúpulos.
El blog "Ecología y Cristianismo" suscribe la campaña de la CEE, y ha suscrito también el "manifiesto de Madrid" de científicos, intelectuales y docentes contra la ley del aborto.


Recobremos lo que hemos dejado ir

Luis J. Mongil Ferrer

Cada mañana al abrir nuestros periódicos, encender la radio, la televisión o insertarnos en el Internet las noticias tanto locales como internacionales nos empujan más y más hacia el borde del precipicio. Nos inundan con información sobre la crisis financiera, el crecimiento desmesurado de la tasa de desempleo, la fuga de talento, el gasto publico desenfrenado, los ingresos gubernamentales en merma, los iconos comerciales en quiebra, la productividad laboral contraída, etc., etc. Todo presagia un “armagedon” universal que cambiara el mundo como hoy lo conocemos.
Los estudiosos de la economía nos plantean una plétora de opiniones basadas en las teorías de consumo, oferta, y demanda, elementos inhibidores del crecimiento económico, eliminación o promoción de créditos contributivos, subir o bajar aquello y, o, eliminar o aumentar lo otro. En fin, todos sustentan posiciones que, como algunos medicamentos, tienen efectos secundarios más serios que la condición para la cual fueron administrados.
Habiendo tenido el privilegio de experimentar empíricamente los ciclos y va y venes de la economía desde la década de los setenta y estando tanto en lado empresarial como en el lado consultivo, he podido aislar un componente común presente en cada periodo de estrechez económica. La única diferencia estriba en la intensidad con que este se inserta.
Se define como la capacidad y deseo de actuar de manera adecuada ante una determinada situación, reforzada con la acción que se ejecute. Esta debe servir como detente a la incertidumbre, la duda y la inseguridad. Con toda probabilidad ya sabrá que este componente no es otro que la confianza. Sirve esta como la base estructural de toda institución y camina de la mano con la determinación de lograr las propias expectativas.
Según el escritor y sociólogo James Coleman, la confianza envuelve la acción de transferir recursos voluntariamente de una persona, grupo o institución a otra, sin que las que los reciba, haga representación de compromiso u obligación.
En nuestro micro mundo de 3,500 millas cuadradas notamos día tras día como vamos perdiendo la confianza en nuestras instituciones, tanto públicas como privadas. Justificamos esta perdida con las acciones desacertadas de nuestros líderes políticos, la improvisación en la política publica ante los retos reales del diario vivir y la demagogia que escuchamos incesantemente ante la falta de soluciones especificas. No obstante, la realidad del caso es que somos nosotros, si, cada uno de nosotros los verdaderos dueños de nuestro destino. Nos es mas fácil criticar que proveer alternativas, mas fácil culpar a otros que reconocer nuestras culpas, mas fácil esperar que otro actúe en vez de promover acción.
Claro que la situación económica mundial es compleja; no creo que alguien esté en desacuerdo con esta realidad. Sin embargo ya es tiempo de salir del letargo, de la queja y de la lamentación. Es tiempo de recoger los pedazos del todo que nosotros mismos hemos descompuesto y comenzar el proceso de rearmar y reconstruir nuestras estructuras. El primer paso para lograr esto es reabastecernos de combustible para impulsar nuestro mundo hacia la prosperidad, el crecimiento colectivo y el mejoramiento de nuestra calidad de vida. Necesitamos convertir un agrio limón en una dulce limonada y el azúcar que lograra este cambio es la confianza. Pensemos y actuemos en conjunto y motivemos a nuestro semejantes a cambiar el paradigma. La realidad de nuestro futuro recae en la capacidad que tengamos en el presente de retomar el control de nuestro.destino. Enfrentémoslo con esperanza, claridad en nuestro pensamiento y confianza en nuestra capacidad de reconstruir. Comencemos con nosotros mismos y digámonos de una vez que somos capaces de enfrentar la adversidad y vencer los obstáculos con el poderosos escudo de la confianza.

Luis J. Mongil Ferrer, CFE
Consultor de Negocios
Puerto Rico

miércoles, 28 de enero de 2009

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Cristianismo y Ecología es un blog que pretende formar, informar, opinar, comentar y debatir temas relacionados con la ciencia ecológica desde el punto de vista del pensamiento cristiano.
Se inicia esta página en la festividad de Santo Tomás de Aquino.