En el Día Mundial del Medio Ambiente, que se celebra hoy, Cáritas Española llama la atención sobre la responsabilidad de todos para preservar la integridad del entorno natural en todo el mundo e insiste en que los graves problemas ecológicos actuales requieren un cambio efectivo de mentalidad que nos lleve a adoptar nuevos estilos de vida.
Apelación a la ciudadanía, a los Gobiernos y a la comunidad internacional
Esta apelación a favor del medio ambiente no se dirige solamente a los ciudadanos sino también a los Gobiernos y a la comunidad internacional, a los que Cáritas reclama un mayor compromiso y un apoyo decidido tanto a la hora de apoyar un acuerdo global que frene el cambio climático, un fenómeno susceptible de poner en riesgo la supervivencia de todos, como de destinar fondos de ayudar a las comunidades vulnerables más afectadas por las fluctuaciones climáticas.
Campaña ”Sembremos Justicia Climática”
Cáritas Española viene impulsando esta línea de sensibilización e incidencia desde el año 2008, en el marco de la campaña “Sembremos Justicia Climática” puesta en marcha por Cáritas Internationalis, en colaboración con CIDSE, una alianza internacional de agencias católicas de desarrollo involucradas en la justicia global. Más tarde, en 2010, la Confederación dio un paso más en ese compromiso con la puesta en marcha de su estrategia de defensa de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM), uno de los cuales, el número 7, se centra de manera específica en ese reto, al señalar la necesidad de “promover el desarrollo sostenible y disminuir la pérdida de recursos ambientales, aumentar el acceso al agua limpia y reducir la pérdida de la biodiversidad”.
“Sembremos Justicia Climática” es una campaña de carácter global apoyada por 180 organizaciones católicas para el desarrollo de todo el mundo y que reclama el acceso universal de los bienes para todas los seres humanos, porque la Creación es de todos. Esta defensa se hace especialmente en nombre de quienes más sufren las consecuencias del cambio climático y que no tienen oportunidad de exigir en los foros internacionales que los países industrializados se comprometan a reducir sus emisiones de gases de invernadero y a implementar políticas ambientales en Administraciones, empresas y familias.
En el marco de esta campaña, la red Cáritas organiza desde 2008 una intensa agenda de eventos ecuménicos y de elaboración de documentos, además de están presente de forma activa en las sucesivas cumbres internacionales sobre cambio climático, como las celebradas en Durban en 2011 y en Doha en 2012. En esta última cita, CIDSE y Cáritas Internationalis pidieron mayores recortes a las emisiones de gases de efecto invernadero, más fondos para que los países en vías de desarrollo puedan mitigar los efectos del cambio climático y adaptarse a ellos, y un plan de trabajo claro que permita alcanzar un acuerdo mundial sobre el clima en 2015.
Cáritas en acción
Junto a esta labor de incidencia, toda la red Cáritas lucha desde hace décadas para paliar el impacto de las crisis y emergencias relacionadas con el cambio climático, cuya frecuencia e intensidad no dejan de aumentar en los últimos años. De hecho, en la actualidad siete de cada diez catástrofes naturales tienen que ver el clima.
También está aumentando la población vulnerable a los efectos del cambio climático. Se estima que la supervivencia de unos 2.000 millones de personas en todo el mundo depende de unos ecosistemas muy frágiles localizados en zonas áridas y semiáridas. Y son los agricultores, pastores y pescadores pobres los más afectados por este fenómeno, y los que disponen de menos medios para adaptarse a estos cambios.
Esta es la razón por la que uno de los ejes estratégicos de la Confederación Cáritas Española en el ámbito de la cooperación internacional se dirija a la puesta en marcha en terceros países de programas de acompañamiento a las comunidades más vulnerables ante el cambio climático. Las acciones se centran en aquellas actividades relacionadas con la prevención ante futuros desastres, la consolidación de sistemas de agricultura sostenible, el cuidado del medio ambiente y la seguridad alimentaria, entre otros.
Agricultura sostenible en Filipinas
Un ejemplo de este trabajo es el apoyo al programa de desarrollo comunitario rural que, de la mano de la Cáritas local, se lleva a cabo actualmente en Filipinas, cuyo objetivo es promover la práctica de la agricultura sostenible y la gestión de los recursos naturales para posibilitar la protección del medio ambiente. Este proyecto, localizado en Luzón, una de las islas del archipiélago filipino más vulnerable a los efectos del cambio climático y al azote de los tifones, se orienta, también, a la transformación económica y social de las comunidades locales.
Huertos comunitarios en Burkina Faso
En África, las consecuencias del cambio climático son distintas, provocadas sobre todo por la sequía y que en el último año ha causado una grave crisis alimentaria en toda la Franja del Sahel. Cáritas está apoyando programas de desarrollo en toda la región para anticiparse a posibles adversidades meteorológicas y mejorar la seguridad alimentaria de la población. Una muestra de esa intervención que viene ejecutándose desde hace años, es el programa de creación de huertos comunitarios en Barsalgo (Burkina Faso), una zona donde las malas cosechas impulsan a las familias a buscar alternativas de generación de ingresos con el que comprar los cereales que logran obtener con las cosechas anuales.
La creación y el sostenimiento de huertos comunitarios –que incluye la excavación de pozos, la plantación de árboles y construcción de almacene– está permitiendo a las familias cultivar tomates, cebollas y frutas, que, además de garantizarles una fuente de ingresos, ayudan a la comunidad local a diversificar su alimentación y mejorar sus aportes vitamínicos.
Modelo alternativo de producción agrícola en Nicaragua
La seguridad alimentaria es también el objetivo del proyecto que Cáritas acaba de poner en marcha en nueve comunidades de los departamentos nicaragüenses de Estelí, Matagalpa y Juigalpa. Se trata de un programa trienal dirigido a consolidar un modelo alternativo de producción de alimentos mediante la aplicación de fórmulas de agricultura sostenible desde un punto de vista social, económico y medioambiental. Ese objetivo quiere alcanzarse mediante la conservación de la sabiduría agrícola ancestral de los campesinos de la zona y el uso de materiales biológicos conocidos y validados por la población local tras siglos de prácticas agrícolas.
Con esta iniciativa –que promueve la producción de alimentos en 270 huertos comunitarios y la creación de nueve bancos de semillas criollas–, Cáritas quiere contribuir a garantizar la alimentación de la población y mejorar su capacidad de adaptación ante las fluctuaciones impuestas por el cambio climático. Y es que esta propuesta surgió a la vista de las consecuencias de la depresión tropical que afectó a Nicaragua en 2011 y que puso de manifiesto la vulnerabilidad de estas comunidades, con vías de acceso muy precarias y poco acompañamiento, y que, cada año, sufren escasez de semillas y alimentos, debido a las variaciones climatológicas.
(www.caritas.es)
lunes, 10 de junio de 2013
El Papa Francisco en el Día Mundial del Medio Ambiente
Este es el texto completo de la catequesis del Papa Francisco del día 5 de junio, día mundial del medio ambiente. En mi opinión se trata de toda una declaración de intenciones sobre este tema.
Queridos hermanos y hermanas, ¡Buenos días!
Hoy quiero centrarme en el tema del medio ambiente, como ya he tenido ocasión de hacerlo en varias ocasiones. Me lo sugiere el Día Mundial del Medio Ambiente que celebramos hoy, patrocinado por las Naciones Unidas, que lanza un fuerte llamado a de la necesidad de eliminar los desperdicios y la destrucción de los alimentos.
Cuando hablamos de medio ambiente, de la creación, mi pensamiento se dirige a las primeras páginas de la Biblia, al Libro del Génesis, donde se afirma que Dios puso al hombre y a la mujer en la tierra para que la cultivaran y la cuidaran (cf. 2:15). Y me pregunto: ¿Qué significa cultivar y cuidar la tierra? ¿Realmente estamos cultivando y resguardando lo creado?, ¿o lo estamos explotando y descuidando?
El verbo "cultivar" me recuerda la atención que el agricultor tiene por su tierra, para que dé frutos, y éstos sean compartidos: ¡cuánta atención, pasión y dedicación! Cultivar y cuidar la creación es una indicación de Dios dada no sólo al principio de la historia, sino a cada uno de nosotros; es parte de su proyecto; significa hacer crecer el mundo con responsabilidad, transformarlo para que sea un jardín, un lugar habitable para todos. Y Benedicto XVI ha recordado en varias ocasiones que esta tarea, confiada a nosotros por Dios Creador, requiere que se capte el ritmo y la lógica de la creación.
Nosotros, en cambio, a menudo llevados por la soberbia del dominio, del poseer, de manipular, de explotar; no, no "custodiamos la creación", no la respetamos, no la consideramos como un don gratuito que debemos cuidar. Estamos perdiendo la actitud de la admiración, de la contemplación, de la escucha de la creación; y por lo tanto ya no somos capaces de leer lo que Benedicto XVI llama "el ritmo de la historia de amor entre Dios y el hombre." ¿Por qué sucede esto? Porque pensamos y vivimos de una manera horizontal, nos hemos alejado de Dios, no leemos sus signos.
Pero "cultivar y cuidar" incluye no sólo la relación entre nosotros y el medio ambiente, entre el hombre y la creación, sino que comprende también las relaciones humanas. Los Papas han hablado de ecología humana, estrechamente vinculado a la ecología ambiental. Estamos viviendo un momento de crisis; lo vemos en el ambiente, pero sobre todo lo vemos en el hombre. ¡La persona humana está en peligro! – esto es cierto ¡hoy la persona humana está en peligro! ¡He aquí la urgencia de la ecología humana! Y el peligro es grave porque la causa del problema no es superficial, sino profunda: no es sólo una cuestión de economía, sino de ética y de antropología.
La Iglesia lo ha subrayado tantas veces. Y muchos dicen: sí es justo, es verdad... pero el sistema sigue como antes, porque las que dominan son las dinámicas de una economía y de una finanza que carecen de ética. El que manda hoy no es el hombre, es el dinero, el dinero. El dinero manda. Dios, nuestro Padre ha dado la tarea de custodiar la tierra, no el dinero. Sino de custodiarnos, a los hombres y las mujeres. Tenemos este deber.
Por lo tanto, hombres y mujeres son sacrificados a los ídolos de la ganancia y del consumo: es ‘la cultura del descarte’. Si se estropea un ordenador es una tragedia, pero la pobreza, las necesidades y los dramas de tantas personas acaban entrando en la normalidad... Si una noche de invierno, aquí cerca - en la plaza Ottaviano, por ejemplo, muere una persona, esa no es una noticia. Si en tantas partes del mundo hay niños que no tienen qué comer, esa no es una noticia, parece normal. ¡Esto no puede ser! Y estas cosas entran en la normalidad.
Que algunas personas sin techo se mueran de frío en la calle no es noticia. Por el contrario, por ejemplo, una bajada de diez puntos en las bolsas de algunas ciudades, eso sí se vuelve una tragedia. La persona que muere no es noticia, pero si las bolsas bajan diez puntos, es una tragedia. De este modo, las personas son descartables, nosotros las personas somos descartables, como desechos.
Esta "cultura del descarte" tiende a convertirse en mentalidad común, que contagia a todos. La vida humana, la persona ya no se perciben como un valor primordial que ha de ser respetado y protegido, especialmente si son pobres o discapacitados, si aún no sirve -como el niño que está por nacer- o ya no es necesario -como los ancianos. Esta cultura del descarte nos ha hecho insensibles incluso a los desperdicios, a los residuos de los alimentos, que es aún más despreciable, cuando en todo el mundo, por desgracia, muchas personas y familias sufren hambre y desnutrición.
En el pasado, nuestros abuelos eran muy cuidadosos de no tirar nada de los restos de comida. El consumismo nos ha habituado tanto a lo superfluo y al desperdicio de la comida diaria, que a veces ya no somos capaces de dar el justo valor, que va mucho más allá de los simples parámetros económicos. ¡Recordemos bien, sin embargo, que la comida que se tira es como si fuera robada de la mesa de los pobres y de los hambrientos! Invito a todos a reflexionar sobre el problema del desperdicio y del derroche de los alimentos y buscar los medios que, abordando seriamente esta problemática, sean un vehículo de solidaridad y de compartir con los más necesitados.
Hace unos días, en la fiesta del Corpus Christi, hemos leído la historia del milagro de los panes: Jesús da de comer a la multitud con cinco panes y dos peces. Y la conclusión del pasaje es importante: " Todos comieron hasta saciarse y con lo que sobró se llenaron doce canastas". (Lc 9:17) ¡Jesús pide a sus discípulos que no se pierda nada: que no haya desperdicios! Y hay este hecho de las doce cestas: ¿Por qué doce? ¿Qué quiere decir esto? Doce es el número de las tribus de Israel, simbólicamente representa a todo el pueblo. Y esto nos explica que cuando la comida se comparte de manera justa, solidaria, no se priva a nadie de lo necesario, cada comunidad puede satisfacer las necesidades de los más pobres. La ecología humana y la ecología ambiental caminan juntas.
Quisiera, pues, que tomásemos todos el serio compromiso de respetar y proteger la creación, de estar atentos con todas las personas, de contrarrestar la cultura de los desperdicios y de descarte, para promover una cultura de la solidaridad y del encuentro. ¡Gracias!
Queridos hermanos y hermanas, ¡Buenos días!
Hoy quiero centrarme en el tema del medio ambiente, como ya he tenido ocasión de hacerlo en varias ocasiones. Me lo sugiere el Día Mundial del Medio Ambiente que celebramos hoy, patrocinado por las Naciones Unidas, que lanza un fuerte llamado a de la necesidad de eliminar los desperdicios y la destrucción de los alimentos.
Cuando hablamos de medio ambiente, de la creación, mi pensamiento se dirige a las primeras páginas de la Biblia, al Libro del Génesis, donde se afirma que Dios puso al hombre y a la mujer en la tierra para que la cultivaran y la cuidaran (cf. 2:15). Y me pregunto: ¿Qué significa cultivar y cuidar la tierra? ¿Realmente estamos cultivando y resguardando lo creado?, ¿o lo estamos explotando y descuidando?
El verbo "cultivar" me recuerda la atención que el agricultor tiene por su tierra, para que dé frutos, y éstos sean compartidos: ¡cuánta atención, pasión y dedicación! Cultivar y cuidar la creación es una indicación de Dios dada no sólo al principio de la historia, sino a cada uno de nosotros; es parte de su proyecto; significa hacer crecer el mundo con responsabilidad, transformarlo para que sea un jardín, un lugar habitable para todos. Y Benedicto XVI ha recordado en varias ocasiones que esta tarea, confiada a nosotros por Dios Creador, requiere que se capte el ritmo y la lógica de la creación.
Nosotros, en cambio, a menudo llevados por la soberbia del dominio, del poseer, de manipular, de explotar; no, no "custodiamos la creación", no la respetamos, no la consideramos como un don gratuito que debemos cuidar. Estamos perdiendo la actitud de la admiración, de la contemplación, de la escucha de la creación; y por lo tanto ya no somos capaces de leer lo que Benedicto XVI llama "el ritmo de la historia de amor entre Dios y el hombre." ¿Por qué sucede esto? Porque pensamos y vivimos de una manera horizontal, nos hemos alejado de Dios, no leemos sus signos.
Pero "cultivar y cuidar" incluye no sólo la relación entre nosotros y el medio ambiente, entre el hombre y la creación, sino que comprende también las relaciones humanas. Los Papas han hablado de ecología humana, estrechamente vinculado a la ecología ambiental. Estamos viviendo un momento de crisis; lo vemos en el ambiente, pero sobre todo lo vemos en el hombre. ¡La persona humana está en peligro! – esto es cierto ¡hoy la persona humana está en peligro! ¡He aquí la urgencia de la ecología humana! Y el peligro es grave porque la causa del problema no es superficial, sino profunda: no es sólo una cuestión de economía, sino de ética y de antropología.
La Iglesia lo ha subrayado tantas veces. Y muchos dicen: sí es justo, es verdad... pero el sistema sigue como antes, porque las que dominan son las dinámicas de una economía y de una finanza que carecen de ética. El que manda hoy no es el hombre, es el dinero, el dinero. El dinero manda. Dios, nuestro Padre ha dado la tarea de custodiar la tierra, no el dinero. Sino de custodiarnos, a los hombres y las mujeres. Tenemos este deber.
Por lo tanto, hombres y mujeres son sacrificados a los ídolos de la ganancia y del consumo: es ‘la cultura del descarte’. Si se estropea un ordenador es una tragedia, pero la pobreza, las necesidades y los dramas de tantas personas acaban entrando en la normalidad... Si una noche de invierno, aquí cerca - en la plaza Ottaviano, por ejemplo, muere una persona, esa no es una noticia. Si en tantas partes del mundo hay niños que no tienen qué comer, esa no es una noticia, parece normal. ¡Esto no puede ser! Y estas cosas entran en la normalidad.
Que algunas personas sin techo se mueran de frío en la calle no es noticia. Por el contrario, por ejemplo, una bajada de diez puntos en las bolsas de algunas ciudades, eso sí se vuelve una tragedia. La persona que muere no es noticia, pero si las bolsas bajan diez puntos, es una tragedia. De este modo, las personas son descartables, nosotros las personas somos descartables, como desechos.
Esta "cultura del descarte" tiende a convertirse en mentalidad común, que contagia a todos. La vida humana, la persona ya no se perciben como un valor primordial que ha de ser respetado y protegido, especialmente si son pobres o discapacitados, si aún no sirve -como el niño que está por nacer- o ya no es necesario -como los ancianos. Esta cultura del descarte nos ha hecho insensibles incluso a los desperdicios, a los residuos de los alimentos, que es aún más despreciable, cuando en todo el mundo, por desgracia, muchas personas y familias sufren hambre y desnutrición.
En el pasado, nuestros abuelos eran muy cuidadosos de no tirar nada de los restos de comida. El consumismo nos ha habituado tanto a lo superfluo y al desperdicio de la comida diaria, que a veces ya no somos capaces de dar el justo valor, que va mucho más allá de los simples parámetros económicos. ¡Recordemos bien, sin embargo, que la comida que se tira es como si fuera robada de la mesa de los pobres y de los hambrientos! Invito a todos a reflexionar sobre el problema del desperdicio y del derroche de los alimentos y buscar los medios que, abordando seriamente esta problemática, sean un vehículo de solidaridad y de compartir con los más necesitados.
Hace unos días, en la fiesta del Corpus Christi, hemos leído la historia del milagro de los panes: Jesús da de comer a la multitud con cinco panes y dos peces. Y la conclusión del pasaje es importante: " Todos comieron hasta saciarse y con lo que sobró se llenaron doce canastas". (Lc 9:17) ¡Jesús pide a sus discípulos que no se pierda nada: que no haya desperdicios! Y hay este hecho de las doce cestas: ¿Por qué doce? ¿Qué quiere decir esto? Doce es el número de las tribus de Israel, simbólicamente representa a todo el pueblo. Y esto nos explica que cuando la comida se comparte de manera justa, solidaria, no se priva a nadie de lo necesario, cada comunidad puede satisfacer las necesidades de los más pobres. La ecología humana y la ecología ambiental caminan juntas.
Quisiera, pues, que tomásemos todos el serio compromiso de respetar y proteger la creación, de estar atentos con todas las personas, de contrarrestar la cultura de los desperdicios y de descarte, para promover una cultura de la solidaridad y del encuentro. ¡Gracias!
viernes, 31 de mayo de 2013
La Iglesia Católica y la ecología: interesante artículo
Puedes leer este interesante artículo sobre la Iglesia Católica y la ecología pinchando aqui.
martes, 14 de mayo de 2013
lunes, 6 de mayo de 2013
Libro: Economía, ética y medio ambiente (en un mundo finito)
¿Cómo es posible conciliar un mundo con necesidades y deseos humanos ilimitados? En todo caso, ¿Cuánto es suficiente? Estas preguntas y sus posibles respuestas recorrerán el contenido de la presente obra.
La actividad económica humana desde la Revolución Industrial ha tenido efectos desequilibrantes en el ambiente, planteando un problema de ética intergeneracional: las futuras generaciones dispondrán de un planeta cada vez más degradado. Es que los cambios civilizatorios que se vienen sucediendo desde mediados del siglo XVIII conforman un cambio de era: hasta hace apenas dos siglos y medio nuestra civilización estaba asentada básicamente en áreas rurales, la esperanza de vida no alcanzaba los 30 años y solo se conocía una única fuente de energía, el fuego y, aparte del viento, existía una sola energía mecánica: los músculos. Es inmenso el progreso humano alcanzado en 250 años, pero tiene un alto costo ambiental y no es éticamente neutral.
Estudiantes o estudiosos de la economía y otras ciencias sociales y humanas así como también de las ciencias aplicadas que requieran en sus razonamientos una visión sistémica del problema económico, dispondrán de un aporte enriquecedor. Esta obra, constituye una historia del pensamiento económico -de Aristóteles a nuestros días- centrada en los alcances y límites de la racionalidad económica en procura del sustento humano.
Editorial Universitaria de Buenos Aires (Eudeba), Noviembre 2012
El Índice y la Introducción están disponibles en www.fundabaires.org
La actividad económica humana desde la Revolución Industrial ha tenido efectos desequilibrantes en el ambiente, planteando un problema de ética intergeneracional: las futuras generaciones dispondrán de un planeta cada vez más degradado. Es que los cambios civilizatorios que se vienen sucediendo desde mediados del siglo XVIII conforman un cambio de era: hasta hace apenas dos siglos y medio nuestra civilización estaba asentada básicamente en áreas rurales, la esperanza de vida no alcanzaba los 30 años y solo se conocía una única fuente de energía, el fuego y, aparte del viento, existía una sola energía mecánica: los músculos. Es inmenso el progreso humano alcanzado en 250 años, pero tiene un alto costo ambiental y no es éticamente neutral.
Estudiantes o estudiosos de la economía y otras ciencias sociales y humanas así como también de las ciencias aplicadas que requieran en sus razonamientos una visión sistémica del problema económico, dispondrán de un aporte enriquecedor. Esta obra, constituye una historia del pensamiento económico -de Aristóteles a nuestros días- centrada en los alcances y límites de la racionalidad económica en procura del sustento humano.
Editorial Universitaria de Buenos Aires (Eudeba), Noviembre 2012
El Índice y la Introducción están disponibles en www.fundabaires.org
Enlaces a artículos interesantes
Aquí os ponemos tres enlaces a artículos interesantes:
Cristianismo y ecología, de Antonio Francisco Serrano Molina
La visión cristiana de la ecología, de Antonio Porras
El desafío ecológico en el momento presente: Aportación del Cristianismo a la construcción de una apuesta ecológica positiva, de Julio Lois Fernández
Gracias por los enlaces, Clara.
Cristianismo y ecología, de Antonio Francisco Serrano Molina
La visión cristiana de la ecología, de Antonio Porras
El desafío ecológico en el momento presente: Aportación del Cristianismo a la construcción de una apuesta ecológica positiva, de Julio Lois Fernández
Gracias por los enlaces, Clara.
Algunos enlaces de Cristianismo y Ecología
Un par de enlaces de blogs interesantes sobre ecología y cristianismo:
La verdad es ... Verde. El blog de Carlos de Prada.
Cristianismo y Ecología
La verdad es ... Verde. El blog de Carlos de Prada.
Cristianismo y Ecología
Etiquetas:
Conservación de la Naturaleza,
Medio Ambiente
martes, 19 de marzo de 2013
Custodiar toda la Creación
El Papa Francisco ha dedicado buena parte de su homilia en la misa de iniciación de su pontificado al Medio Ambiente y al cuidado de la Naturaleza:
"Pero la vocación de custodiar no solo nos atañe a nosotros, los cristianos, sino que tiene una dimensión que antecede y que es sencillamente humana, y concierne a todos. Es custodiar toda la creación, la belleza de la creación, como se nos dice en el Libro del Génesis y como nos muestra San Francisco de Asís: es respetar a todas las criaturas de Dios y el entorno en el que vivimos. Es velar por la gente, preocuparse por todos, por cada persona, con amor, especialmente por los niños, por los ancianos, por quienes son más frágiles y a menudo permanecen en la periferia de nuestro corazón. Es preocuparse uno del otro en el seno de la familia: los cónyuges velan recíprocamente uno por otro, y luego, como padres, cuidan de los hijos, y con el tiempo, también los hijos se convertirán en custodios de sus padres. Es vivir con sinceridad las amistades, que consisten en velar recíprocamente en la confianza, en el respeto y en el bien. En el fondo, todo está confiado a la custodia del hombre, y es una responsabilidad que nos afecta a todos. ¡Sed custodios de los dones de Dios!
Y cuando el hombre desatiende esta responsabilidad, cuando no nos preocupamos por la creación y por los hermanos, entonces gana terreno la destrucción, y el corazón se agosta. Por desgracia, en todas las épocas de la historia existen «Herodes» que traman designios de muerte, que destruyen y desfiguran el rostro del hombre y de la mujer.
Quisiera pedir, por favor, a todos cuantos ocupan puestos de responsabilidad en el ámbito económico, político o social, a todos los hombres y mujeres de buena voluntad: seamos «custodios» de la creación, del designio de Dios inscrito en la naturaleza; custodios del otro, del medio ambiente; ¡no dejemos que signos de destrucción y de muerte acompañen el camino de este mundo nuestro! ¡Pero, para «custodiar», también tenemos que cuidar de nosotros mismos! ¡Recordemos que el odio, la envidia y la soberbia ensucian la vida! Custodiar significa, pues, vigilar nuestros sentimientos, nuestro corazón, porque precisamente de ahí salen las intenciones buenas y malas: ¡las que construyen y las que destruyen! ¡No debemos tener miedo de la bondad, más aún: ni siquiera de la ternura!" (Papa Francisco, 19-III-2013)
"Pero la vocación de custodiar no solo nos atañe a nosotros, los cristianos, sino que tiene una dimensión que antecede y que es sencillamente humana, y concierne a todos. Es custodiar toda la creación, la belleza de la creación, como se nos dice en el Libro del Génesis y como nos muestra San Francisco de Asís: es respetar a todas las criaturas de Dios y el entorno en el que vivimos. Es velar por la gente, preocuparse por todos, por cada persona, con amor, especialmente por los niños, por los ancianos, por quienes son más frágiles y a menudo permanecen en la periferia de nuestro corazón. Es preocuparse uno del otro en el seno de la familia: los cónyuges velan recíprocamente uno por otro, y luego, como padres, cuidan de los hijos, y con el tiempo, también los hijos se convertirán en custodios de sus padres. Es vivir con sinceridad las amistades, que consisten en velar recíprocamente en la confianza, en el respeto y en el bien. En el fondo, todo está confiado a la custodia del hombre, y es una responsabilidad que nos afecta a todos. ¡Sed custodios de los dones de Dios!
Y cuando el hombre desatiende esta responsabilidad, cuando no nos preocupamos por la creación y por los hermanos, entonces gana terreno la destrucción, y el corazón se agosta. Por desgracia, en todas las épocas de la historia existen «Herodes» que traman designios de muerte, que destruyen y desfiguran el rostro del hombre y de la mujer.
Quisiera pedir, por favor, a todos cuantos ocupan puestos de responsabilidad en el ámbito económico, político o social, a todos los hombres y mujeres de buena voluntad: seamos «custodios» de la creación, del designio de Dios inscrito en la naturaleza; custodios del otro, del medio ambiente; ¡no dejemos que signos de destrucción y de muerte acompañen el camino de este mundo nuestro! ¡Pero, para «custodiar», también tenemos que cuidar de nosotros mismos! ¡Recordemos que el odio, la envidia y la soberbia ensucian la vida! Custodiar significa, pues, vigilar nuestros sentimientos, nuestro corazón, porque precisamente de ahí salen las intenciones buenas y malas: ¡las que construyen y las que destruyen! ¡No debemos tener miedo de la bondad, más aún: ni siquiera de la ternura!" (Papa Francisco, 19-III-2013)
miércoles, 13 de marzo de 2013
¡Tenemos Papa!
Rezamos por los éxitos del nuevo Papa Francisco I, que serán los de la Iglesia de Cristo.
martes, 5 de marzo de 2013
InteRed lanza una campaña de reciclaje de móviles para apoyar proyectos educativos
“Movilízate y recicla” es la campaña que promueve InteRed en España para la recogida de móviles en desuso y recaudar fondos destinados a facilitar el acceso a una educación de calidad a personas desfavorecidas.
La campaña, que durará todo el mes de febrero, propone de forma sencilla y gratuita la donación de móviles que permitirán:
-Reciclar respetando el medio ambiente. Los móviles tienen unos componentes metálicos y baterías altamente contaminantes. Uno de sus materiales, el coltán, cuyas reservas del 80% se encuentran en R.D del Congo se extrae en un contexto de guerra y desprotección de los derechos humanos y medioambientales.
-Recaudar fondos con el objetivo de apoyar proyectos de InteRed educativos que tienen como fin el disfrute del derecho a una educación de calidad de niñas y niños desfavorecidos; mujeres indígenas, alfabetización de adultos y poblaciones de comunidades rurales de Latinoamérica, Asia y África.
Puedes entregar los móviles que no utilices en cualquier centro, sede o colegio de la Institución Teresiana, o poniéndote en contacto con ghidrología@yahoo.es
Más información.
La campaña, que durará todo el mes de febrero, propone de forma sencilla y gratuita la donación de móviles que permitirán:
-Reciclar respetando el medio ambiente. Los móviles tienen unos componentes metálicos y baterías altamente contaminantes. Uno de sus materiales, el coltán, cuyas reservas del 80% se encuentran en R.D del Congo se extrae en un contexto de guerra y desprotección de los derechos humanos y medioambientales.
-Recaudar fondos con el objetivo de apoyar proyectos de InteRed educativos que tienen como fin el disfrute del derecho a una educación de calidad de niñas y niños desfavorecidos; mujeres indígenas, alfabetización de adultos y poblaciones de comunidades rurales de Latinoamérica, Asia y África.
Puedes entregar los móviles que no utilices en cualquier centro, sede o colegio de la Institución Teresiana, o poniéndote en contacto con ghidrología@yahoo.es
Más información.
miércoles, 13 de febrero de 2013
El Papa renuncia al ministerio de Pedro
Benedicto XVI es el Papa que más documentos ha publicado sobre el cuidado y conservación del medio ambiente. Aunque su antecesor, nuestro querido Juan Pablo II, no le fue a la zaga, los escritos "ecológicos" del Papa Benedicto quedarán en los próximos decenios como referencia del magisterio de la Iglesia en estos temas.
Así que, desde este humilde blog sólo podemos decir: ¡Gracias Santo Padre!
«Queridísimos hermanos. Os he convocado a este Consistorio, no sólo para las tres causas de canonización, sino también para comunicaros una decisión de gran importancia para la vida de la Iglesia.
Después de haber examinado ante Dios reiteradamente mi conciencia, he llegado a la certeza de que, por la edad avanzada, ya no tengo fuerzas para ejercer adecuadamente el ministerio petrino. Soy muy consciente de que este ministerio, por su naturaleza espiritual, debe ser llevado a cabo no únicamente con obras y palabras, sino también y en no menor grado sufriendo y rezando.
Sin embargo, en el mundo de hoy, sujeto a rápidas transformaciones y sacudido por cuestiones de gran relieve para la vida de la fe, para gobernar la barca de San Pedro y anunciar el Evangelio, es necesario también el vigor tanto del cuerpo como del espíritu, vigor que, en los últimos meses, ha disminuido en mí de tal forma que he de reconocer mi incapacidad para ejercer bien el ministerio que me fue encomendado.
Por esto, siendo muy consciente de la seriedad de este acto, con plena libertad, declaro que renuncio al ministerio de Obispo de Roma, Sucesor de San Pedro, que me fue confiado por medio de los Cardenales el 19 de abril de 2005, de forma que, desde el 28 de febrero de 2013, a las 20.00 horas, la sede de Roma, la sede de San Pedro, quedará vacante y deberá ser convocado, por medio de quien tiene competencias, el cónclave para la elección del nuevo Sumo Pontífice.
Queridísimos hermanos, os doy las gracias de corazón por todo el amor y el trabajo con que habéis llevado junto a mí el peso de mi ministerio, y pido perdón por todos mis defectos.
Ahora, confiamos la Iglesia al cuidado de su Sumo Pastor, Nuestro Señor Jesucristo, y suplicamos a María, su Santa Madre, que asista con su materna bondad a los Padres Cardenales al elegir el nuevo Sumo Pontífice. Por lo que a mi respecta, también en el futuro, quisiera servir de todo corazón a la Santa Iglesia de Dios con una vida dedicada a la plegaria. Vaticano, 10 de febrero 2013».
Así que, desde este humilde blog sólo podemos decir: ¡Gracias Santo Padre!
«Queridísimos hermanos. Os he convocado a este Consistorio, no sólo para las tres causas de canonización, sino también para comunicaros una decisión de gran importancia para la vida de la Iglesia.
Después de haber examinado ante Dios reiteradamente mi conciencia, he llegado a la certeza de que, por la edad avanzada, ya no tengo fuerzas para ejercer adecuadamente el ministerio petrino. Soy muy consciente de que este ministerio, por su naturaleza espiritual, debe ser llevado a cabo no únicamente con obras y palabras, sino también y en no menor grado sufriendo y rezando.
Sin embargo, en el mundo de hoy, sujeto a rápidas transformaciones y sacudido por cuestiones de gran relieve para la vida de la fe, para gobernar la barca de San Pedro y anunciar el Evangelio, es necesario también el vigor tanto del cuerpo como del espíritu, vigor que, en los últimos meses, ha disminuido en mí de tal forma que he de reconocer mi incapacidad para ejercer bien el ministerio que me fue encomendado.
Por esto, siendo muy consciente de la seriedad de este acto, con plena libertad, declaro que renuncio al ministerio de Obispo de Roma, Sucesor de San Pedro, que me fue confiado por medio de los Cardenales el 19 de abril de 2005, de forma que, desde el 28 de febrero de 2013, a las 20.00 horas, la sede de Roma, la sede de San Pedro, quedará vacante y deberá ser convocado, por medio de quien tiene competencias, el cónclave para la elección del nuevo Sumo Pontífice.
Queridísimos hermanos, os doy las gracias de corazón por todo el amor y el trabajo con que habéis llevado junto a mí el peso de mi ministerio, y pido perdón por todos mis defectos.
Ahora, confiamos la Iglesia al cuidado de su Sumo Pastor, Nuestro Señor Jesucristo, y suplicamos a María, su Santa Madre, que asista con su materna bondad a los Padres Cardenales al elegir el nuevo Sumo Pontífice. Por lo que a mi respecta, también en el futuro, quisiera servir de todo corazón a la Santa Iglesia de Dios con una vida dedicada a la plegaria. Vaticano, 10 de febrero 2013».
jueves, 31 de enero de 2013
La crisis ecológica, un desafío para la Iglesia
Aprovechando que el lunes estuvo en la Universidad Católica de Ávila el cardenal don Carlos Amigo, pronunciando la lección magistral de la festividad de Santo Tomás de Aquino, os recomiendo un estupendo y reciente documento del cardenal titulado "La crisis ecológica, un desafío para la Iglesia".
Puede descargarse pinchando aquí.
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Esperanza para la Creación
Esta Navidad, leyendo el libro de Joseph Ratzinger "Y Dios se hizo hombre" (Ed. Encuentro), encontré estos párrafos, extraídos de una homilía:
"En efecto, sigue siendo siempre válida la palabra de Dios revelada por medio del profeta Isaías: "La oscuridad cubre la tierra, y espesa nube a los pueblos, mas sobre ti amanece el Señor y su gloria sobre ti aparece" (Is 60, 2). Lo que el profeta anuncia a Jerusalén se cumple en la Iglesia de Cristo: "A tu luz caminarán las naciones, y los reyes al resplandor de tu aurora" (Is 60, 3).
Con Jesucristo la bendición de Abrahán se extendió a todos los pueblos, a la Iglesia universal como nuevo Israel que acoge en su seno a la humanidad entera. Con todo, también hoy sigue siendo verdad lo que decía el profeta: "Espesa nube cubre los pueblos" y nuestra historia. En efecto, no se puede decir que la globalización sea sinónimo de orden mundial; todo lo contrario. Los conflictos por la supremacía económica y el acaparamiento de los recursos energéticos e hídricos, y de las materias primas, dificultan el trabajo de quienes, en todos los niveles, se esfuerzan por construir un mundo justo y solidario.
Es necesaria una esperanza mayor, que permita preferir el bien común de todos al lujo de pocos y a la miseria de muchos. "Esta gran esperanza solo puede ser Dios, (...) pero no cualquier dios, sino el Dios que tiene un rostro humano" (Spe salvi, 31), el Dios que se manifestó en el niño de Belén y en el Crucificado Resucitado".
Si el verde es el color de la esperanza, podríamos decir que Cristo es verde, puesto que Él es nuestra Esperanza y la de toda la Creación.
"En efecto, sigue siendo siempre válida la palabra de Dios revelada por medio del profeta Isaías: "La oscuridad cubre la tierra, y espesa nube a los pueblos, mas sobre ti amanece el Señor y su gloria sobre ti aparece" (Is 60, 2). Lo que el profeta anuncia a Jerusalén se cumple en la Iglesia de Cristo: "A tu luz caminarán las naciones, y los reyes al resplandor de tu aurora" (Is 60, 3).
Con Jesucristo la bendición de Abrahán se extendió a todos los pueblos, a la Iglesia universal como nuevo Israel que acoge en su seno a la humanidad entera. Con todo, también hoy sigue siendo verdad lo que decía el profeta: "Espesa nube cubre los pueblos" y nuestra historia. En efecto, no se puede decir que la globalización sea sinónimo de orden mundial; todo lo contrario. Los conflictos por la supremacía económica y el acaparamiento de los recursos energéticos e hídricos, y de las materias primas, dificultan el trabajo de quienes, en todos los niveles, se esfuerzan por construir un mundo justo y solidario.
Es necesaria una esperanza mayor, que permita preferir el bien común de todos al lujo de pocos y a la miseria de muchos. "Esta gran esperanza solo puede ser Dios, (...) pero no cualquier dios, sino el Dios que tiene un rostro humano" (Spe salvi, 31), el Dios que se manifestó en el niño de Belén y en el Crucificado Resucitado".
Si el verde es el color de la esperanza, podríamos decir que Cristo es verde, puesto que Él es nuestra Esperanza y la de toda la Creación.
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domingo, 16 de diciembre de 2012
miércoles, 28 de noviembre de 2012
Una salida ética de la crisis
La propuesta de Benedicto XVI para una salida ética de la crisis y el desarrollo humano integral
La compleja situación económica actual exige un análisis que supere los límites del mero pensamiento económico y se adentre en la raíz ética que subyace: la injusticia internacional, la codicia desordenada, la parasítica relación entre las naciones, que se oponen radicalmente al legítimo progreso de los pueblos, de acuerdo a la expresión del papa Pablo VI. Este trabajo pretende recuperar el pensamiento de Benedicto XVI que analiza las causas al tiempo que, con valentía y determinación, propone las soluciones que mejor se adecúen al pensamiento social de la Iglesia.
The economic crisis requires an analysis over the limits of the economic studies, which goes to the ethical root: the international injustice, the greediness, the relation between the nations, which are radically opposed to the legitimate progress of the people, according to the expression of the Pope Paul VI. This work takes into account the thought of Pope Benedict XVI who analyzes the reasons and, with valor and determination, proposes the solutions according to the Social Doctrine of the Church.
Este es un resumen de la comunicación presentada por el profesor José Antonio Calvo Gómez en el Congreso Economía y Libertad, que se celebró en Ávila (España) del 22 al 24 de noviembre.
La compleja situación económica actual exige un análisis que supere los límites del mero pensamiento económico y se adentre en la raíz ética que subyace: la injusticia internacional, la codicia desordenada, la parasítica relación entre las naciones, que se oponen radicalmente al legítimo progreso de los pueblos, de acuerdo a la expresión del papa Pablo VI. Este trabajo pretende recuperar el pensamiento de Benedicto XVI que analiza las causas al tiempo que, con valentía y determinación, propone las soluciones que mejor se adecúen al pensamiento social de la Iglesia.
The economic crisis requires an analysis over the limits of the economic studies, which goes to the ethical root: the international injustice, the greediness, the relation between the nations, which are radically opposed to the legitimate progress of the people, according to the expression of the Pope Paul VI. This work takes into account the thought of Pope Benedict XVI who analyzes the reasons and, with valor and determination, proposes the solutions according to the Social Doctrine of the Church.
Este es un resumen de la comunicación presentada por el profesor José Antonio Calvo Gómez en el Congreso Economía y Libertad, que se celebró en Ávila (España) del 22 al 24 de noviembre.
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miércoles, 21 de noviembre de 2012
504 km en 2 años por una causa: la vida
Ecuador es un país que cuenta con varias reservas naturales, pero en especial con una parte de la Amazonía llamada Yasuní, una de las últimas reservas de biosfera y la más biodiversa del mundo. Sin embargo, la conservación de la Naturaleza está perdiendo la guerra contra los petroleros y madereros. El dinero puede más que el oxígeno de futuras generaciones. La Amazonia está dividida en campos petroleros e implica un riesgo continuo de deforestación, derrames, ingreso de colonos, en suma, destrucción.
Desde allí, nos transmiten una preciosa iniciativa para concienciar sobre este problema.
Con el objetivo de despertar la conciencia de la opinión pública hacia la conservación del Yasuní y de recorrer a trote por el Ecuador, hemos llegado a la meta del Reto 21x24. El reto comenzó hace dos años y ha cumplido mes a mes 21 kilómetros en cada provincia del país.
En el momento de la largada de la última ruta en el mismo corazón del Yasuní, Lourdes Hernández comentó con los presentes:
“Antes de decir cualquier palabra, les pido que escuchen el silencio. Sientan la fuerza vital de la selva y con esa energía comencemos a correr. Aquí está Dios y el principio de su creación.
Pudimos habernos quedado tranquilamente en nuestras casas, en nuestra selva de cemento, allá en Quito, y esperar indiferentes a que destruyan el Parque. Pero vinimos. Vinimos a ver nuestro Yasuní, a apropiarnos de lo que nos pertenece. Todos necesitamos petróleo, pero principalmente necesitamos aire puro. Dice un filósofo japonés que el vuelo de una mariposa afecta al mundo entero. ¿Cuánto afecta un taladro al perforar la tierra después de talar el Bosque?
Cuando uno viene a la selva, su vida cambia para siempre. Estamos contentos pero no satisfechos. No descansaremos hasta que esta zona pueda descansar intacta.”
¿Cuándo arrancó este reto? La primera ruta comenzó el domingo 10 de octubre de 2010 con Imbabura y terminó el domingo 9 de septiembre de 2012 en el Yasuní, Orellana. Cumplimos puntualmente las 24 rutas.
¿Quiénes somos? Corredores aficionados y atletas locales de cada provincia. La coordinación está a cargo de Lourdes Hernández.
¿Por qué el Yasuní?
El Parque Nacional Yasuní es una de las últimas reservas ecológicas del mundo y la más biodiversa, y está siendo amenazada por la explotación petrolera. Es un símbolo de la naturaleza en peligro.
Resultados del reto:
504 kilómetros recorridos
634 participantes
150 Publicaciones del Reto que se traducen en miles de personas que oyen sobre el Yasuní y ahora quieren su conservación.
Los organizadores entregaron una carta al Presidente Rafael Correa con los logros del Reto 21x24 y con una misión que comparten: la de cuidar la vida en el Yasuni.
En este Reto mucha gente ha colaborado: Banco Solidario, como principal auspiciante y patrocinador. Agua Vivant, Álamo, Podium y la Fundación Amazonia por la vida. En las 24 provincias han colaborado uno o más voluntarios generosos y desinteresados.
Más información:
http://21kx24provincias.blogspot.com
www.banco-solidario.com
Desde allí, nos transmiten una preciosa iniciativa para concienciar sobre este problema.
Con el objetivo de despertar la conciencia de la opinión pública hacia la conservación del Yasuní y de recorrer a trote por el Ecuador, hemos llegado a la meta del Reto 21x24. El reto comenzó hace dos años y ha cumplido mes a mes 21 kilómetros en cada provincia del país.
En el momento de la largada de la última ruta en el mismo corazón del Yasuní, Lourdes Hernández comentó con los presentes:
“Antes de decir cualquier palabra, les pido que escuchen el silencio. Sientan la fuerza vital de la selva y con esa energía comencemos a correr. Aquí está Dios y el principio de su creación.
Pudimos habernos quedado tranquilamente en nuestras casas, en nuestra selva de cemento, allá en Quito, y esperar indiferentes a que destruyan el Parque. Pero vinimos. Vinimos a ver nuestro Yasuní, a apropiarnos de lo que nos pertenece. Todos necesitamos petróleo, pero principalmente necesitamos aire puro. Dice un filósofo japonés que el vuelo de una mariposa afecta al mundo entero. ¿Cuánto afecta un taladro al perforar la tierra después de talar el Bosque?
Cuando uno viene a la selva, su vida cambia para siempre. Estamos contentos pero no satisfechos. No descansaremos hasta que esta zona pueda descansar intacta.”
¿Cuándo arrancó este reto? La primera ruta comenzó el domingo 10 de octubre de 2010 con Imbabura y terminó el domingo 9 de septiembre de 2012 en el Yasuní, Orellana. Cumplimos puntualmente las 24 rutas.
¿Quiénes somos? Corredores aficionados y atletas locales de cada provincia. La coordinación está a cargo de Lourdes Hernández.
¿Por qué el Yasuní?
El Parque Nacional Yasuní es una de las últimas reservas ecológicas del mundo y la más biodiversa, y está siendo amenazada por la explotación petrolera. Es un símbolo de la naturaleza en peligro.
Resultados del reto:
504 kilómetros recorridos
634 participantes
150 Publicaciones del Reto que se traducen en miles de personas que oyen sobre el Yasuní y ahora quieren su conservación.
Los organizadores entregaron una carta al Presidente Rafael Correa con los logros del Reto 21x24 y con una misión que comparten: la de cuidar la vida en el Yasuni.
En este Reto mucha gente ha colaborado: Banco Solidario, como principal auspiciante y patrocinador. Agua Vivant, Álamo, Podium y la Fundación Amazonia por la vida. En las 24 provincias han colaborado uno o más voluntarios generosos y desinteresados.
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Economía
viernes, 23 de marzo de 2012
Día del agua
La escasez de los recursos necesarios para sostener la vida de los seres humanos es un gran problema al que deben enfrentarse los gobiernos nacionales y las instituciones políticas y económicas mundiales. No olvidemos que el agua es, como recuerda Naciones Unidas, el principal recurso en la producción de alimentos. Y que su escasez, sumada a la mala gestión, es el detonante de las crisis alimentarias y de las hambrunas que han azotado recientemente el cuerno de África.
El pasado domingo, durante el rezo del Ángelus, el Papa se refería a esta cuestión y recordaba un principio fundamental en la Doctrina Social de la Iglesia: todos los hombres, sin excepciones, tienen derecho a un uso equitativo y justo de los bienes de la tierra. Lo que exige que el agua, un bien del que depende la vida buena de la población mundial, llegue a todos en condiciones de higiene y salubridad. La cuestión ecológica amenaza los recursos hidrológicos, pero también la corrupción y el uso fraudulento del agua comprometen el derecho a la vida y a la nutrición de millones de seres humanos. Ésta es una cuestión de responsabilidad y de justicia que debe primar en las políticas nacionales, y en la acción de las industrias y organismos económicos que operan a escala mundial. De ello depende, en muy poco tiempo, la vida de casi 2.000 millones de seres humanos.
Línea COPE (22-3-2012) http://www.cope.es/
El pasado domingo, durante el rezo del Ángelus, el Papa se refería a esta cuestión y recordaba un principio fundamental en la Doctrina Social de la Iglesia: todos los hombres, sin excepciones, tienen derecho a un uso equitativo y justo de los bienes de la tierra. Lo que exige que el agua, un bien del que depende la vida buena de la población mundial, llegue a todos en condiciones de higiene y salubridad. La cuestión ecológica amenaza los recursos hidrológicos, pero también la corrupción y el uso fraudulento del agua comprometen el derecho a la vida y a la nutrición de millones de seres humanos. Ésta es una cuestión de responsabilidad y de justicia que debe primar en las políticas nacionales, y en la acción de las industrias y organismos económicos que operan a escala mundial. De ello depende, en muy poco tiempo, la vida de casi 2.000 millones de seres humanos.
Línea COPE (22-3-2012) http://www.cope.es/
lunes, 5 de diciembre de 2011
Benedicto XVI y la cumbre de Durban
Benedicto XVI ha pronunciado este domingo, al final del Ángelus, unas palabras de apoyo a la cumbre de la ONU sobre el clima que se celebra en Durban, Sudáfrica, a partir de este lunes 28. Un respaldo que abre un respiro a un encuentro que se produce entre el escepticismo de importantes países y las reticencias de algunas grandes potencias.
“Mañana –dijo el papa- comenzarán en Durban, en Sudáfrica, los trabajos de la Convención de la ONU sobre el cambio climático y del Protocolo de Kioto”.
“Auguro que todos los miembros de la comunidad internacional concuerden una respuesta responsable, creíble y solidaria a este preocupante y complejo fenómeno, teniendo en cuenta las exigencias de las poblaciones más pobres y de las generaciones futuras”, exhortó Benedicto XVI.
La Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, Conferencia de las Partes en la Convención, 17 período de sesiones, y reuniones de los órganos subsidiarios [resolución 62/86 de la Asamblea General], tiene lugar del 28 de noviembre al 9 de diciembre en Durban.
Nadie duda ya de los efectos perniciosos del cambio climático en numerosos sectores de la actividad humana y especialmente de sus consecuencias en los pueblos más desprotegidos y en el futuro del planeta.
Y en cambio los medios de opinión coinciden en señalar que existe una corriente de escepticismo sobre la eficacia de las conferencias del clima de la ONU, escepticismo al que no escapa la de Durban, aunque esté prevista la asistencia de 194 países.
En las pasadas cumbres de Copenhague y Cancún, se acordaron medidas para lograr que el incremento de temperaturas del planeta no supere los dos grados centígrados. Pero los planes anunciados por los países para combatir el efecto invernadero no evitarían una subida de temperaturas de entre 3 y 3,5 grados. Por tanto, objetivo no cumplido.
En la cumbre de Durban, está en juego la vigencia del protocolo de Kioto, el único pacto internacional contra el calentamiento, aunque sólo implica a 38 países industrializados. Su vigencia expira a finales del año próximo y aumenta el número de deserciones entre los países más desarrollados por la falta de implicación de las potencias emergentes. Japón, Canadá y Rusia han decidido salirse del pacto de Kioto en el nuevo periodo de cumplimiento (2012-2020).
Estados Unidos, que nunca lo ratificó, se opone con fuerza a un posible nuevo pacto mundial. China, que no tiene compromisos con Kioto, sólo promete limitar el ritmo de crecimiento de sus emisiones, pero con planes nacionales voluntarios y sin control internacional.
A pesar de todo, gracias a Kioto existen algunas decisiones beneficiosas como el comercio de derechos de emisión entre industrias, las nuevas políticas de ahorro energético, o el empujón tecnológico mundial de las energías renovables en los últimos quince 15 años.
La Unión Europea defiende Kioto, aunque su apoyo es insuficiente, pues aporta sólo el 11% de las emisiones contaminantes, mientras que China y Estados Unidos suman el 42%. China es el primer país emisor de gases del mundo e India, el tercero.
Las palabras de Benedicto XVI apuntan a la protección de los más afectados por las emisiones que crean el efecto invernadero: “las poblaciones más pobres y las generaciones futuras”.
(Fuente: Zenit.org, enlace)
“Mañana –dijo el papa- comenzarán en Durban, en Sudáfrica, los trabajos de la Convención de la ONU sobre el cambio climático y del Protocolo de Kioto”.
“Auguro que todos los miembros de la comunidad internacional concuerden una respuesta responsable, creíble y solidaria a este preocupante y complejo fenómeno, teniendo en cuenta las exigencias de las poblaciones más pobres y de las generaciones futuras”, exhortó Benedicto XVI.
La Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, Conferencia de las Partes en la Convención, 17 período de sesiones, y reuniones de los órganos subsidiarios [resolución 62/86 de la Asamblea General], tiene lugar del 28 de noviembre al 9 de diciembre en Durban.
Nadie duda ya de los efectos perniciosos del cambio climático en numerosos sectores de la actividad humana y especialmente de sus consecuencias en los pueblos más desprotegidos y en el futuro del planeta.
Y en cambio los medios de opinión coinciden en señalar que existe una corriente de escepticismo sobre la eficacia de las conferencias del clima de la ONU, escepticismo al que no escapa la de Durban, aunque esté prevista la asistencia de 194 países.
En las pasadas cumbres de Copenhague y Cancún, se acordaron medidas para lograr que el incremento de temperaturas del planeta no supere los dos grados centígrados. Pero los planes anunciados por los países para combatir el efecto invernadero no evitarían una subida de temperaturas de entre 3 y 3,5 grados. Por tanto, objetivo no cumplido.
En la cumbre de Durban, está en juego la vigencia del protocolo de Kioto, el único pacto internacional contra el calentamiento, aunque sólo implica a 38 países industrializados. Su vigencia expira a finales del año próximo y aumenta el número de deserciones entre los países más desarrollados por la falta de implicación de las potencias emergentes. Japón, Canadá y Rusia han decidido salirse del pacto de Kioto en el nuevo periodo de cumplimiento (2012-2020).
Estados Unidos, que nunca lo ratificó, se opone con fuerza a un posible nuevo pacto mundial. China, que no tiene compromisos con Kioto, sólo promete limitar el ritmo de crecimiento de sus emisiones, pero con planes nacionales voluntarios y sin control internacional.
A pesar de todo, gracias a Kioto existen algunas decisiones beneficiosas como el comercio de derechos de emisión entre industrias, las nuevas políticas de ahorro energético, o el empujón tecnológico mundial de las energías renovables en los últimos quince 15 años.
La Unión Europea defiende Kioto, aunque su apoyo es insuficiente, pues aporta sólo el 11% de las emisiones contaminantes, mientras que China y Estados Unidos suman el 42%. China es el primer país emisor de gases del mundo e India, el tercero.
Las palabras de Benedicto XVI apuntan a la protección de los más afectados por las emisiones que crean el efecto invernadero: “las poblaciones más pobres y las generaciones futuras”.
(Fuente: Zenit.org, enlace)
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martes, 29 de noviembre de 2011
La ecología humana y la cumbre de Durban
Línea editorial Cadena Cope (29-11-2011)
Con la vigencia de Kioto en juego y en medio del escepticismo con el que se afronta la cumbre de la ONU sobre el clima, la voz de la Iglesia se ha alzado nítida, cargada de esperanza. Benedicto XVI hizo este domingo una llamada a toda la comunidad internacional para que concuerde una respuesta responsable, creíble y solidaria a este preocupante y complejo fenómeno, teniendo siempre en cuenta las exigencias de las poblaciones más pobres y de las generaciones futuras.
En la misma línea se ha pronunciado el presidente de Cáritas Internacional, Cardenal Óscar Rodríguez Maradiaga, que asiste a la cumbre de Durban. El cardenal hondureño ha pedido una acción urgente, que dé un giro en la amenaza del cambio climático y ponga al mundo en el sendero de un futuro más justo y sostenible.
Por su parte Benedicto XVI ha insistido en que la ecología humana es un imperativo. El respeto por el ambiente no puede olvidar el reconocimiento del valor de la persona y de su inviolabilidad, en todas las fases de la vida y en cualquier condición. El respeto por el ser humano y el respeto por la naturaleza forman un todo. Es necesario ha dicho el Papa un cambio de mentalidad que respete la alianza entre el hombre y la naturaleza, sin la cual la familia humana puede desaparecer. Las Naciones Unidas, como también ha reconocido el Papa, son el marco natural para una reflexión de este tipo, que no sea oscurecida por motivos políticos y económicos ciegamente partidistas.
Con la vigencia de Kioto en juego y en medio del escepticismo con el que se afronta la cumbre de la ONU sobre el clima, la voz de la Iglesia se ha alzado nítida, cargada de esperanza. Benedicto XVI hizo este domingo una llamada a toda la comunidad internacional para que concuerde una respuesta responsable, creíble y solidaria a este preocupante y complejo fenómeno, teniendo siempre en cuenta las exigencias de las poblaciones más pobres y de las generaciones futuras.
En la misma línea se ha pronunciado el presidente de Cáritas Internacional, Cardenal Óscar Rodríguez Maradiaga, que asiste a la cumbre de Durban. El cardenal hondureño ha pedido una acción urgente, que dé un giro en la amenaza del cambio climático y ponga al mundo en el sendero de un futuro más justo y sostenible.
Por su parte Benedicto XVI ha insistido en que la ecología humana es un imperativo. El respeto por el ambiente no puede olvidar el reconocimiento del valor de la persona y de su inviolabilidad, en todas las fases de la vida y en cualquier condición. El respeto por el ser humano y el respeto por la naturaleza forman un todo. Es necesario ha dicho el Papa un cambio de mentalidad que respete la alianza entre el hombre y la naturaleza, sin la cual la familia humana puede desaparecer. Las Naciones Unidas, como también ha reconocido el Papa, son el marco natural para una reflexión de este tipo, que no sea oscurecida por motivos políticos y económicos ciegamente partidistas.
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miércoles, 23 de noviembre de 2011
Conferencia de la ONU sobre cambio climático
Los obispos de la Conferencia Episcopal de Sudáfrica han emitido una nota ante la próxima conferencia de la ONU sobre cambio climático. En ella muestran que la crisis de los equilibrios climáticos representa un gran desafío espiritual.
Ante esa cumbre que comenzará en la ciudad sudafricana de Durban el próximo lunes, los obispos de Sudáfrica invitan a un cambio de mentalidad capaz de incidir en el estilo de vida actual y recuerdan que nuestro planeta está seriamente amenazado por los cambios de clima determinados por actividades humanas, en particular por el excesivo uso de combustibles fósiles.
Los obispos de Sudáfrica consideran que la crisis de los equilibrios climáticos representa un gran desafío espiritual para todos los creyentes y las personas de buena voluntad.
Hacen un llamamiento a los fieles para que cada uno cumpla con su deber y para unir sus esfuerzos a los de los Gobiernos nacionales y de las Naciones Unidas para alcanzar el objetivo de disminuir las emisiones de anhídrido carbónico del planeta en beneficio nuestro y de las generaciones futuras, así como de todos los seres vivos.
(Fuente: www.cope.es)
Ante esa cumbre que comenzará en la ciudad sudafricana de Durban el próximo lunes, los obispos de Sudáfrica invitan a un cambio de mentalidad capaz de incidir en el estilo de vida actual y recuerdan que nuestro planeta está seriamente amenazado por los cambios de clima determinados por actividades humanas, en particular por el excesivo uso de combustibles fósiles.
Los obispos de Sudáfrica consideran que la crisis de los equilibrios climáticos representa un gran desafío espiritual para todos los creyentes y las personas de buena voluntad.
Hacen un llamamiento a los fieles para que cada uno cumpla con su deber y para unir sus esfuerzos a los de los Gobiernos nacionales y de las Naciones Unidas para alcanzar el objetivo de disminuir las emisiones de anhídrido carbónico del planeta en beneficio nuestro y de las generaciones futuras, así como de todos los seres vivos.
(Fuente: www.cope.es)
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domingo, 23 de octubre de 2011
Palabras de Benedicto XVI: recursos, sostenibilidad
Palabras del Papa Benedicto XVI con motivo de la Jornada Mundial de la Alimentación de la FAO (16 de octubre de 2011):
“Se trata, en definitiva, de asumir una actitud interior de responsabilidad, capaz de inspirar un estilo de vida distinto, con la sobriedad necesaria en el comportamiento y el consumo, para favorecer el bien de la sociedad. Y que valga también para las generaciones futuras, por su sostenibilidad, tutela de los bienes de la creación, distribución de los recursos y, sobre todo, el compromiso concreto por el desarrollo de pueblos y naciones enteras".
jueves, 2 de septiembre de 2010
Peregrinación verde
Un total de 14 obispos, 13 cardenales y un obispo metropolitano europeos, y los responsables nacionales para la protección de la creación comienzan este miércoles una peregrinación "verde" por Hungría, Eslovaquia y Austria que se prolongará hasta el próximo domingo para reflexionar sobre el tema escogido por el Papa para el Día Mundial de la Paz 2010 'Si quieres construir la paz, protege la creación' en relación con el medio ambiente.
La peregrinación se inaugurará este miércoles con una celebración eucarística en la Catedral de Esztergom (Hungría) y con la bendición de los peregrinos por parte del arzobispo de la basílica y presidente de la Comisión de Conferencias Episcopales de Europa (CCEE), el cardenal monseñor Peter Erdó. Esta marcha se produce seis años después del fin de las conferencias organizadas por la CCEE sobre el tema del medio ambiente y de la responsabilidad para la creación, que dio lugar al nacimiento de una red europea de delegados nacionales de las Conferencias Episcopales Europeas. Ahora, la Comisión pretende relanzar e intensificar la red y presentar ante Europa la perspectiva de la Iglesia sobre los beneficios de la creación. "La atención a la creación siempre ha formado parte del trabajo de la CCEE", explica el secretario general de la CCEE, el padre Duarte da Cunha, al tiempo que indica que "la atención que se le dedica hoy en día deriva de la conciencia de que la cuestión ecológica ha sido abordada en términos casi apocalípticos y, a veces, viendo a la persona como un enemigo de la naturaleza". "Queremos motivar nuestra reflexión y nuestra acción en favor del medio ambiente por el hecho de que la protección de la creación y el respeto a la naturaleza están en la base de la búsqueda de una solidaridad auténtica a escala mundial inspirada por los valores de la caridad, de la justicia y del bien común", apunta. Además, durante la jornada de este miércoles, el secretario de Estado para el medio ambiente del Gobierno de Hungría, Zoltán Illés, participará en la apertura de una reunión. El jueves, los participantes se dirigirán a Bratislava navegando por el río Danubio, una ocasión que, según afirma la CCEE servirá para reflexionar sobre el agua y la energía. Por otro lado, el viernes celebrarán una mesa redonda sobre la protección de la creación en la que intervendrán el presidente del Consejo Pontificio de Justicia y Paz, el cardenal monseñor Peter Kodwo, así como el comisionado europeo de educación, cultura y juventud, y ministro eslovaco de telecomunicaciones, Ján Figel. El mismo día por la tarde, los obispos se trasladarán en autobús hasta la ciudad austríaca de St. Plten, donde se celebrará una misa en la que se recitará la 'Bridge Prayer'.
El sábado, los peregrinos continuarán en tren hasta Brgeralpe, donde el arzobispo de Malinas-Bruselas y presidente de la Conferencia Episcopal Belga, monseñor André Joseph Léonard, presidirá una eucaristía. El camino concluirá el próximo domingo con la celebración de otra misa dirigida por el arzobispo de Viena y presidente de la Conferencia Episcopal Austríaca, el cardenal Christoph Schnborn.
(Fuente: www.cope.es)
La peregrinación se inaugurará este miércoles con una celebración eucarística en la Catedral de Esztergom (Hungría) y con la bendición de los peregrinos por parte del arzobispo de la basílica y presidente de la Comisión de Conferencias Episcopales de Europa (CCEE), el cardenal monseñor Peter Erdó. Esta marcha se produce seis años después del fin de las conferencias organizadas por la CCEE sobre el tema del medio ambiente y de la responsabilidad para la creación, que dio lugar al nacimiento de una red europea de delegados nacionales de las Conferencias Episcopales Europeas. Ahora, la Comisión pretende relanzar e intensificar la red y presentar ante Europa la perspectiva de la Iglesia sobre los beneficios de la creación. "La atención a la creación siempre ha formado parte del trabajo de la CCEE", explica el secretario general de la CCEE, el padre Duarte da Cunha, al tiempo que indica que "la atención que se le dedica hoy en día deriva de la conciencia de que la cuestión ecológica ha sido abordada en términos casi apocalípticos y, a veces, viendo a la persona como un enemigo de la naturaleza". "Queremos motivar nuestra reflexión y nuestra acción en favor del medio ambiente por el hecho de que la protección de la creación y el respeto a la naturaleza están en la base de la búsqueda de una solidaridad auténtica a escala mundial inspirada por los valores de la caridad, de la justicia y del bien común", apunta. Además, durante la jornada de este miércoles, el secretario de Estado para el medio ambiente del Gobierno de Hungría, Zoltán Illés, participará en la apertura de una reunión. El jueves, los participantes se dirigirán a Bratislava navegando por el río Danubio, una ocasión que, según afirma la CCEE servirá para reflexionar sobre el agua y la energía. Por otro lado, el viernes celebrarán una mesa redonda sobre la protección de la creación en la que intervendrán el presidente del Consejo Pontificio de Justicia y Paz, el cardenal monseñor Peter Kodwo, así como el comisionado europeo de educación, cultura y juventud, y ministro eslovaco de telecomunicaciones, Ján Figel. El mismo día por la tarde, los obispos se trasladarán en autobús hasta la ciudad austríaca de St. Plten, donde se celebrará una misa en la que se recitará la 'Bridge Prayer'.
El sábado, los peregrinos continuarán en tren hasta Brgeralpe, donde el arzobispo de Malinas-Bruselas y presidente de la Conferencia Episcopal Belga, monseñor André Joseph Léonard, presidirá una eucaristía. El camino concluirá el próximo domingo con la celebración de otra misa dirigida por el arzobispo de Viena y presidente de la Conferencia Episcopal Austríaca, el cardenal Christoph Schnborn.
(Fuente: www.cope.es)
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viernes, 19 de febrero de 2010
Cristianismo y ecología, ideas y propuestas
Hoy en día la conservación de un medio ambiente en condiciones es uno de los mayores retos que afronta la Humanidad, como expresa la creciente preocupación social por el tema y las cumbres al máximo nivel que, con la presencia de jefes de Estado de todo el mundo, se celebran periódicamente.
En consonancia con ello se ha manifestado también la Iglesia reiteradamente, destacando los llamamientos de papas como Juan Pablo II o Benedicto XVI.
El Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia titula su capítulo X “salvaguardar el medio ambiente” , y en él considera a la Naturaleza como “un don de Dios , el lugar y el proyecto que El confía a la guía responsable y al trabajo del hombre” y que “la relación del hombre con el mundo es un elemento constitutivo de la identidad humana. Se trata de una relación que nace como fruto de la unión , todavía más profunda, del hombre con Dios”.
(...)
Así comienza el documento "Cristianismo y ecología, ideas y propuestas", que el periodista y divulgador ambiental Carlos de Prada, lanzó a la Iglesia española en el VIII Congreso "Católicos y Vida Pública" (2006). El documento completo puede leerse en el blog del autor, en la zona de descarga de materiales de nuestro blog o pinchando aquí.
En consonancia con ello se ha manifestado también la Iglesia reiteradamente, destacando los llamamientos de papas como Juan Pablo II o Benedicto XVI.
El Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia titula su capítulo X “salvaguardar el medio ambiente” , y en él considera a la Naturaleza como “un don de Dios , el lugar y el proyecto que El confía a la guía responsable y al trabajo del hombre” y que “la relación del hombre con el mundo es un elemento constitutivo de la identidad humana. Se trata de una relación que nace como fruto de la unión , todavía más profunda, del hombre con Dios”.
(...)
Así comienza el documento "Cristianismo y ecología, ideas y propuestas", que el periodista y divulgador ambiental Carlos de Prada, lanzó a la Iglesia española en el VIII Congreso "Católicos y Vida Pública" (2006). El documento completo puede leerse en el blog del autor, en la zona de descarga de materiales de nuestro blog o pinchando aquí.
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jueves, 18 de febrero de 2010
¿Ecología, sí; y persona, no?
Carta de D. Antonio Mª Rouco Varela, Cardenal-Arzobispo de Madrid, ante la Campaña contra el hambre, de Manos Unidas.
Desde el principio de la creación Dios contempla todas las cosas creadas y se complace en la obra de sus manos. De modo singular, encuentra su complacencia en los hijos de los hombres. Por su parte, el hombre, la criatura que porta en sí misma la imagen del mismo Dios, se alegra al contemplar la belleza y perfección del cosmos.La creación entera es el jardín que Dios ha regalado al hombre como lugar donde vivir, aún más, el medio ambiente idóneo en el que llevar a cabo su vocación a la bienaventuranza divina. La tierra ha sido dada a los hombres para que, cuidándola y gobernándola, extraigan de ella el alimento necesario para su subsistencia y los demás bienes que deben ayudarles a alcanzar su desarrollo pleno y armonioso. A través de este primer don, se le ha concedido al hombre la ocasión de encontrar a Dios y alabarle como su Creador. Observamos con tristeza, sin embargo, que no siempre ha sido así. El pecado, además de dañar las relaciones con Dios, con los hermanos y consigo mismo, ha oscurecido en el corazón del hombre su capacidad para hallar el verdadero sentido de todo lo creado.Benedicto XVI nos ha recordado, en su reciente encíclica Caritas in veritate, que cuando se entiende la creación y, en primer lugar, la naturaleza humana, como un fruto del azar, se difumina la responsabilidad. Al no asumir que la creación es un don recibido, el hombre pierde la relación con el Creador. En consecuencia, la creación queda rebajada hasta el extremo de no tener un destino mayor que el de ser un puro instrumento de producción y explotación. Es claro que esta visión conduce a inaceptables abusos de la naturaleza, que, como acaba de señalar el Santo Padre en su Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz, de este año, ponen «en serio peligro la disponibilidad de algunos recursos naturales, no sólo para la presente generación, sino sobre todo para las futuras». Por lo demás, la utilización desconsiderada de los bienes de la tierra tiene un innegable efecto negativo, que afecta con singular fuerza a los pueblos menos desarrollados, pues ellos sufren con mayor virulencia las consecuencias del comportamiento egoísta de los países más desarrollados.Por ello, hemos de tomar conciencia, una vez más, de la «urgente necesidad moral de una renovada solidaridad intergeneracional, especialmente en las relaciones entre países en vías de desarrollo y aquellos altamente industrializados». Esta solidaridad nos invita a revisar seriamente el uso que hacemos de los recursos de la tierra, sin olvidar que han sido dados por Dios para beneficio de todos los hombres, y no para el bienestar y el lucro de unos pocos.
Una grave antinomia
Con motivo de su LI Campaña, bajo el lema Contra el hambre, defiende la tierra, Manos Unidas, asociación pública de fieles de la Iglesia en España para la ayuda al desarrollo, ha querido despertar nuestra conciencia sobre este punto, imprescindible a la hora de trabajar por un desarrollo integral del hombre. La Iglesia, dice Benedicto XVI, «tiene una responsabilidad respecto a la creación y se siente en el deber de ejercerla también en el ámbito público, para defender la tierra, el agua y el aire, dones de Dios Creador para todos, y sobre todo para proteger al hombre frente al peligro de la destrucción de sí mismo». Esta defensa de la creación no puede plantearse al margen de los problemas que afectan a la persona humana, centro del cosmos, como habitualmente se hace. Por ello, son especialmente luminosas las palabras del Papa que apuntan a la contradicción de posturas actuales en el campo de la defensa de la ecología cuando no van acompañadas de la defensa de la persona humana: «Si no se respeta el derecho a la vida y a la muerte natural, si se hace artificial la concepción, la gestación y el nacimiento del hombre, si se sacrifican embriones humanos a la investigación, la conciencia común acaba perdiendo el concepto de ecología humana y con ello de la ecología ambiental. Es una contradicción pedir a las nuevas generaciones el respeto al ambiente natural, cuando la educación y las leyes no las ayudan a respetarse a sí mismas. El libro de la naturaleza es uno e indivisible, tanto en lo que concierne al ambiente como en lo que concierne a la vida, la sexualidad, el matrimonio, la familia, las relaciones sociales, en una palabra, el desarrollo humano integral. Los deberes que tenemos con el ambiente están relacionados con los que tenemos para con la persona considerada en sí misma y en su relación con los otros. No se pueden exigir unos y conculcar otros. Es una grave antinomia de la mentalidad y de la praxis actual, que envilece a la persona, trastorna el ambiente y daña a la sociedad».Pidamos a Santa María de la Almudena, Reina de todo lo creado, que haga muy fecunda la campaña de Manos Unidas, aliente a todos los que la hacen posible y sirva para que la creación, nacida de las manos del Creador, tienda siempre a Él, cuidada y gobernada por el hombre, que ha recibido de Dios la responsabilidad de respetar su fin último: ser alabanza de Dios y lugar donde el hombre alcance la realización de sí mismo en perfecta comunión con todos los hombres.
Extraído del semanario Alfa y Omega.
Desde el principio de la creación Dios contempla todas las cosas creadas y se complace en la obra de sus manos. De modo singular, encuentra su complacencia en los hijos de los hombres. Por su parte, el hombre, la criatura que porta en sí misma la imagen del mismo Dios, se alegra al contemplar la belleza y perfección del cosmos.La creación entera es el jardín que Dios ha regalado al hombre como lugar donde vivir, aún más, el medio ambiente idóneo en el que llevar a cabo su vocación a la bienaventuranza divina. La tierra ha sido dada a los hombres para que, cuidándola y gobernándola, extraigan de ella el alimento necesario para su subsistencia y los demás bienes que deben ayudarles a alcanzar su desarrollo pleno y armonioso. A través de este primer don, se le ha concedido al hombre la ocasión de encontrar a Dios y alabarle como su Creador. Observamos con tristeza, sin embargo, que no siempre ha sido así. El pecado, además de dañar las relaciones con Dios, con los hermanos y consigo mismo, ha oscurecido en el corazón del hombre su capacidad para hallar el verdadero sentido de todo lo creado.Benedicto XVI nos ha recordado, en su reciente encíclica Caritas in veritate, que cuando se entiende la creación y, en primer lugar, la naturaleza humana, como un fruto del azar, se difumina la responsabilidad. Al no asumir que la creación es un don recibido, el hombre pierde la relación con el Creador. En consecuencia, la creación queda rebajada hasta el extremo de no tener un destino mayor que el de ser un puro instrumento de producción y explotación. Es claro que esta visión conduce a inaceptables abusos de la naturaleza, que, como acaba de señalar el Santo Padre en su Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz, de este año, ponen «en serio peligro la disponibilidad de algunos recursos naturales, no sólo para la presente generación, sino sobre todo para las futuras». Por lo demás, la utilización desconsiderada de los bienes de la tierra tiene un innegable efecto negativo, que afecta con singular fuerza a los pueblos menos desarrollados, pues ellos sufren con mayor virulencia las consecuencias del comportamiento egoísta de los países más desarrollados.Por ello, hemos de tomar conciencia, una vez más, de la «urgente necesidad moral de una renovada solidaridad intergeneracional, especialmente en las relaciones entre países en vías de desarrollo y aquellos altamente industrializados». Esta solidaridad nos invita a revisar seriamente el uso que hacemos de los recursos de la tierra, sin olvidar que han sido dados por Dios para beneficio de todos los hombres, y no para el bienestar y el lucro de unos pocos.
Una grave antinomia
Con motivo de su LI Campaña, bajo el lema Contra el hambre, defiende la tierra, Manos Unidas, asociación pública de fieles de la Iglesia en España para la ayuda al desarrollo, ha querido despertar nuestra conciencia sobre este punto, imprescindible a la hora de trabajar por un desarrollo integral del hombre. La Iglesia, dice Benedicto XVI, «tiene una responsabilidad respecto a la creación y se siente en el deber de ejercerla también en el ámbito público, para defender la tierra, el agua y el aire, dones de Dios Creador para todos, y sobre todo para proteger al hombre frente al peligro de la destrucción de sí mismo». Esta defensa de la creación no puede plantearse al margen de los problemas que afectan a la persona humana, centro del cosmos, como habitualmente se hace. Por ello, son especialmente luminosas las palabras del Papa que apuntan a la contradicción de posturas actuales en el campo de la defensa de la ecología cuando no van acompañadas de la defensa de la persona humana: «Si no se respeta el derecho a la vida y a la muerte natural, si se hace artificial la concepción, la gestación y el nacimiento del hombre, si se sacrifican embriones humanos a la investigación, la conciencia común acaba perdiendo el concepto de ecología humana y con ello de la ecología ambiental. Es una contradicción pedir a las nuevas generaciones el respeto al ambiente natural, cuando la educación y las leyes no las ayudan a respetarse a sí mismas. El libro de la naturaleza es uno e indivisible, tanto en lo que concierne al ambiente como en lo que concierne a la vida, la sexualidad, el matrimonio, la familia, las relaciones sociales, en una palabra, el desarrollo humano integral. Los deberes que tenemos con el ambiente están relacionados con los que tenemos para con la persona considerada en sí misma y en su relación con los otros. No se pueden exigir unos y conculcar otros. Es una grave antinomia de la mentalidad y de la praxis actual, que envilece a la persona, trastorna el ambiente y daña a la sociedad».Pidamos a Santa María de la Almudena, Reina de todo lo creado, que haga muy fecunda la campaña de Manos Unidas, aliente a todos los que la hacen posible y sirva para que la creación, nacida de las manos del Creador, tienda siempre a Él, cuidada y gobernada por el hombre, que ha recibido de Dios la responsabilidad de respetar su fin último: ser alabanza de Dios y lugar donde el hombre alcance la realización de sí mismo en perfecta comunión con todos los hombres.
Extraído del semanario Alfa y Omega.
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lunes, 8 de febrero de 2010
Decálogo católico sobre ética y ambiente
Presentado por el Consejo Pontificio para la Justicia y la Paz (Roma, 8-11-2005). Expresa la enseñanza –síntesis- de la doctrina social de la Iglesia católica sobre el ambiente.
1) La Biblia tiene que dictar los principios morales fundamentales del designio de Dios sobre la relación entre hombre y creación.
2) Es necesario desarrollar una conciencia ecológica de responsabilidad por la creación y por la humanidad.
3) La cuestión del ambiente involucra a todo el planeta, pues es un bien colectivo.
4) Es necesario confirmar la primacía de la ética y de los derechos del hombre sobre la técnica.
5) La naturaleza no debe ser considerada como una realidad en sí misma divina, por tanto, no queda sustraída a la acción humana.
6) Los bienes de la tierra han sido creados por Dios para el bien de todos. Es necesario subrayar el destino universal de los bienes.
7) Se requiere colaborar en el desarrollo ordenado de las regiones más pobres.
8) La colaboración internacional, el derecho al desarrollo, al ambiente sano y a la paz deben ser considerados en las diferentes legislaciones.
9) Es necesario adoptar nuevos estilos de vida más sobrios.
10) Hay que ofrecer una respuesta espiritual, que no es la de la adoración de la naturaleza.
1) La Biblia tiene que dictar los principios morales fundamentales del designio de Dios sobre la relación entre hombre y creación.
2) Es necesario desarrollar una conciencia ecológica de responsabilidad por la creación y por la humanidad.
3) La cuestión del ambiente involucra a todo el planeta, pues es un bien colectivo.
4) Es necesario confirmar la primacía de la ética y de los derechos del hombre sobre la técnica.
5) La naturaleza no debe ser considerada como una realidad en sí misma divina, por tanto, no queda sustraída a la acción humana.
6) Los bienes de la tierra han sido creados por Dios para el bien de todos. Es necesario subrayar el destino universal de los bienes.
7) Se requiere colaborar en el desarrollo ordenado de las regiones más pobres.
8) La colaboración internacional, el derecho al desarrollo, al ambiente sano y a la paz deben ser considerados en las diferentes legislaciones.
9) Es necesario adoptar nuevos estilos de vida más sobrios.
10) Hay que ofrecer una respuesta espiritual, que no es la de la adoración de la naturaleza.
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Cántico de las Criaturas
“De la grandeza y hermosura de las criaturas se llega, por analogía, a contemplar a su Autor”. S. S. Benedicto XVI (2005)
Omnipotente, altísimo, bondadoso Señor,
tuyas son la alabanza, la gloria y el honor;
tan sólo tú eres digno de toda bendición,
y nunca es digno el hombre de hacer de ti mención.
Loado seas por toda criatura, mi Señor,
y en especial loado por el hermano sol,
que alumbra, y abre el día, y es bello en su esplendor,
y lleva por los cielos noticias de su autor.
Y por la hermana luna, de blanca luz menor,
y las estrellas claras, que tu poder creó,
tan limpias, tan hermosas, tan vivas como son,
y brillan en los cielos: ¡loado, mi Señor!
Y por la hermana agua, preciosa en su candor,
que es útil, casta, humilde: ¡loado, mi Señor!
Por el hermano fuego, que alumbra al irse el sol,
y es fuerte, hermoso, alegre: ¡loado, mi Señor!
Y por la hermana tierra, que es toda bendición,
la hermana madre tierra, que da en toda ocasión
las hierbas y los frutos y flores de color,
y nos sustenta y rige: ¡loado mi Señor!
Y por los que perdonan y aguantan por tu amor
los males corporales y la tribulación:
¡felices los que sufren en paz con el dolor,
porque les llega el tiempo de la consolación!
Y por la hermana muerte: ¡loado mi Señor!
Ningún viviente escapa de su persecución;
¡ay si en pecado grave sorprende al pecador!
¡Dichosos los que cumplen la voluntad de Dios!
¡No probarán la muerte de la condenación!
Servidle con ternura y humilde corazón.
Agradeced sus dones, cantad su creación.
Las criaturas todas, load a mi Señor. Amén.
tuyas son la alabanza, la gloria y el honor;
tan sólo tú eres digno de toda bendición,
y nunca es digno el hombre de hacer de ti mención.
Loado seas por toda criatura, mi Señor,
y en especial loado por el hermano sol,
que alumbra, y abre el día, y es bello en su esplendor,
y lleva por los cielos noticias de su autor.
Y por la hermana luna, de blanca luz menor,
y las estrellas claras, que tu poder creó,
tan limpias, tan hermosas, tan vivas como son,
y brillan en los cielos: ¡loado, mi Señor!
Y por la hermana agua, preciosa en su candor,
que es útil, casta, humilde: ¡loado, mi Señor!
Por el hermano fuego, que alumbra al irse el sol,
y es fuerte, hermoso, alegre: ¡loado, mi Señor!
Y por la hermana tierra, que es toda bendición,
la hermana madre tierra, que da en toda ocasión
las hierbas y los frutos y flores de color,
y nos sustenta y rige: ¡loado mi Señor!
Y por los que perdonan y aguantan por tu amor
los males corporales y la tribulación:
¡felices los que sufren en paz con el dolor,
porque les llega el tiempo de la consolación!
Y por la hermana muerte: ¡loado mi Señor!
Ningún viviente escapa de su persecución;
¡ay si en pecado grave sorprende al pecador!
¡Dichosos los que cumplen la voluntad de Dios!
¡No probarán la muerte de la condenación!
Servidle con ternura y humilde corazón.
Agradeced sus dones, cantad su creación.
Las criaturas todas, load a mi Señor. Amén.
San Francisco de Asis
Fuente: blogs.21rs.es
sábado, 16 de enero de 2010
La creación está gimiendo
Discurso de Benedicto XVI al Cuerpo Diplomático acreditado en la Santa Sede (11-1-2010)
(...)
La Iglesia está abierta a todos porque, en Dios, ella existe para los demás. Ella, por tanto, comparte intensamente la suerte de la humanidad que, en este año apenas comenzado, aparece todavía marcada por la crisis dramática que ha golpeado la economía mundial, provocando una grave y vasta inestabilidad social. En la Encíclica «Caritas in veritate», he invitado a buscar las raíces profundas de esta situación, que se encuentran, a fin de cuentas, en la vigente mentalidad egoísta y materialista, que no tiene en cuenta los límites inherentes a toda criatura. Quisiera subrayar hoy que dicha mentalidad amenaza también a la creación. Cada uno de nosotros podría citar, probablemente, algún ejemplo de los daños que ella produce en el medio ambiente en todas las partes del mundo. Cito uno, entre tantos otros, de la historia reciente de Europa: hace veinte años, cuando cayó el muro de Berlín y se derrumbaron los regímenes materialistas y ateos que habían dominado durante varios decenios una parte de este continente, ¿acaso no fue posible calcular el alcance de las profundas heridas que un sistema económico carente de referencias fundadas en la verdad del hombre había infligido, no sólo a la dignidad y a la libertad de las personas y de los pueblos, sino también a la naturaleza, con la contaminación de la tierra, las aguas y el aire? La negación de Dios desfigura la libertad de la persona humana, y devasta también la creación. Por consiguiente, la salvaguardia de la creación no responde primariamente a una exigencia estética, sino más bien a una exigencia moral, puesto que la naturaleza manifiesta un designio de amor y de verdad que nos precede y que viene de Dios.
Por eso comparto la gran preocupación que causa la resistencia de orden económico y político a la lucha contra el deterioro del ambiente. Se trata de dificultades que se han podido constatar aun recientemente, durante la XV Sesión de la Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el cambio climático, que tuvo lugar en Copenhague del 7 al 18 de diciembre pasado. Espero que a lo largo de este año, primero en Bonn y después en México, sea posible llegar a un acuerdo para afrontar esta cuestión de un modo eficaz. Se trata de algo muy importante puesto que lo que está en juego es el destino mismo de algunas naciones, en particular ciertos Estados insulares.
Sin embargo, conviene que esta atención y compromiso por el ambiente esté bien establecido en el conjunto de los grandes desafíos a los que se enfrenta la humanidad. Si se quiere construir una paz verdadera, ¿cómo se puede separar, o incluso oponer, la protección del ambiente y la de la vida humana, comprendida la vida antes del nacimiento? En el respeto de la persona humana hacia ella misma es donde se manifiesta su sentido de responsabilidad por la creación. Pues, como enseña santo Tomás de Aquino, el hombre representa lo más noble del universo (cf. Summa Theologiae, I, q. 29, a. 3). Además, como ya recordé en la reciente Cumbre Mundial de la FAO sobre la Seguridad Alimentaria, «la tierra puede alimentar suficientemente a todos sus habitantes» (Discurso, 16 noviembre 2009, n. 2), con tal de que el egoísmo no lleve a algunos a acaparar los bienes destinados a todos.
Quisiera subrayar, además, que la salvaguardia de la creación implica una gestión correcta de los recursos naturales de los países y, en primer lugar, de los más desfavorecidos económicamente. Pienso en el continente africano, que tuve la dicha de visitar en el pasado mes de marzo, en mi viaje a Camerún y Angola, y al que se dedicaron los trabajos de la reciente Asamblea especial del Sínodo de Obispos. Los Padres sinodales señalaron con preocupación la erosión y la desertificación de grandes extensiones de tierra de cultivo, a causa de una explotación desmedida y de la contaminación del medio ambiente (cf. Propositio 22). En África, como en otras partes, es necesario adoptar medidas políticas y económicas que garanticen «formas de producción agrícola e industrial que respeten el orden de la creación y satisfagan las necesidades primarias de todos» (Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 2010, n. 10).
Por otra parte, ¿cómo olvidar que la lucha por acceder a los recursos naturales es una de las causas de numerosos conflictos, particularmente en África, así como una fuente de riesgo permanente en otros casos? Por este motivo, repito con firmeza que, para cultivar la paz, hay que proteger la creación. Además, hay todavía extensas zonas, por ejemplo en Afganistán o en ciertos países de Latinoamérica, donde la agricultura, lamentablemente relacionada todavía con la producción de droga, es una fuente nada despreciable de empleo y subsistencia. Si se quiere la paz, hay que preservar la creación mediante la reconversión de dichas actividades y, una vez más, quisiera pedir a la comunidad internacional que no se resigne al tráfico de drogas y a los graves problemas morales y sociales que esto produce.
(...)
El documento completo puede descargarse en el menú de descarga de materiales o pinchando aquí.
(...)
La Iglesia está abierta a todos porque, en Dios, ella existe para los demás. Ella, por tanto, comparte intensamente la suerte de la humanidad que, en este año apenas comenzado, aparece todavía marcada por la crisis dramática que ha golpeado la economía mundial, provocando una grave y vasta inestabilidad social. En la Encíclica «Caritas in veritate», he invitado a buscar las raíces profundas de esta situación, que se encuentran, a fin de cuentas, en la vigente mentalidad egoísta y materialista, que no tiene en cuenta los límites inherentes a toda criatura. Quisiera subrayar hoy que dicha mentalidad amenaza también a la creación. Cada uno de nosotros podría citar, probablemente, algún ejemplo de los daños que ella produce en el medio ambiente en todas las partes del mundo. Cito uno, entre tantos otros, de la historia reciente de Europa: hace veinte años, cuando cayó el muro de Berlín y se derrumbaron los regímenes materialistas y ateos que habían dominado durante varios decenios una parte de este continente, ¿acaso no fue posible calcular el alcance de las profundas heridas que un sistema económico carente de referencias fundadas en la verdad del hombre había infligido, no sólo a la dignidad y a la libertad de las personas y de los pueblos, sino también a la naturaleza, con la contaminación de la tierra, las aguas y el aire? La negación de Dios desfigura la libertad de la persona humana, y devasta también la creación. Por consiguiente, la salvaguardia de la creación no responde primariamente a una exigencia estética, sino más bien a una exigencia moral, puesto que la naturaleza manifiesta un designio de amor y de verdad que nos precede y que viene de Dios.
Por eso comparto la gran preocupación que causa la resistencia de orden económico y político a la lucha contra el deterioro del ambiente. Se trata de dificultades que se han podido constatar aun recientemente, durante la XV Sesión de la Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el cambio climático, que tuvo lugar en Copenhague del 7 al 18 de diciembre pasado. Espero que a lo largo de este año, primero en Bonn y después en México, sea posible llegar a un acuerdo para afrontar esta cuestión de un modo eficaz. Se trata de algo muy importante puesto que lo que está en juego es el destino mismo de algunas naciones, en particular ciertos Estados insulares.
Sin embargo, conviene que esta atención y compromiso por el ambiente esté bien establecido en el conjunto de los grandes desafíos a los que se enfrenta la humanidad. Si se quiere construir una paz verdadera, ¿cómo se puede separar, o incluso oponer, la protección del ambiente y la de la vida humana, comprendida la vida antes del nacimiento? En el respeto de la persona humana hacia ella misma es donde se manifiesta su sentido de responsabilidad por la creación. Pues, como enseña santo Tomás de Aquino, el hombre representa lo más noble del universo (cf. Summa Theologiae, I, q. 29, a. 3). Además, como ya recordé en la reciente Cumbre Mundial de la FAO sobre la Seguridad Alimentaria, «la tierra puede alimentar suficientemente a todos sus habitantes» (Discurso, 16 noviembre 2009, n. 2), con tal de que el egoísmo no lleve a algunos a acaparar los bienes destinados a todos.
Quisiera subrayar, además, que la salvaguardia de la creación implica una gestión correcta de los recursos naturales de los países y, en primer lugar, de los más desfavorecidos económicamente. Pienso en el continente africano, que tuve la dicha de visitar en el pasado mes de marzo, en mi viaje a Camerún y Angola, y al que se dedicaron los trabajos de la reciente Asamblea especial del Sínodo de Obispos. Los Padres sinodales señalaron con preocupación la erosión y la desertificación de grandes extensiones de tierra de cultivo, a causa de una explotación desmedida y de la contaminación del medio ambiente (cf. Propositio 22). En África, como en otras partes, es necesario adoptar medidas políticas y económicas que garanticen «formas de producción agrícola e industrial que respeten el orden de la creación y satisfagan las necesidades primarias de todos» (Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 2010, n. 10).
Por otra parte, ¿cómo olvidar que la lucha por acceder a los recursos naturales es una de las causas de numerosos conflictos, particularmente en África, así como una fuente de riesgo permanente en otros casos? Por este motivo, repito con firmeza que, para cultivar la paz, hay que proteger la creación. Además, hay todavía extensas zonas, por ejemplo en Afganistán o en ciertos países de Latinoamérica, donde la agricultura, lamentablemente relacionada todavía con la producción de droga, es una fuente nada despreciable de empleo y subsistencia. Si se quiere la paz, hay que preservar la creación mediante la reconversión de dichas actividades y, una vez más, quisiera pedir a la comunidad internacional que no se resigne al tráfico de drogas y a los graves problemas morales y sociales que esto produce.
(...)
El documento completo puede descargarse en el menú de descarga de materiales o pinchando aquí.
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lunes, 11 de enero de 2010
Ciclo de conferencias: "La cuestión ecológica. La vida del hombre en el mundo"
Dentro del III Ciclo de Conferencias sobre Doctrina Social de la Iglesia, se abordan este año las conclusiones del Congreso Internacional de Ecología de la Expo 2008. Como resultado de este congreso se editó el libro titulado "La cuestión ecológica. La vida del hombre en el mundo", del que ya hemos hablado en este blog. Las conferencias tendrán lugar en el Centro Joaquín Roncal (c/San Braulio 5-7, Zaragoza). El calendario es el sigueinte:
- Miércoles, 13 de enero (19,30): La relación del hombre con el mundo
Ponente: Rvdo. Sr. D. Santiago García Acuña. Profesor de Fenomenología de la Religión en la Facultad de Teología ‘San Dámaso’ (Madrid) y de Teología Fundamental en el Instituto superior de ciencias de la Religiosas ‘San Dámaso (Madrid)
- Jueves, 14 de enero (19,30): Ecología de la naturaleza
Ponente: Rvdo. Sr. D. José Mª. Andreu Celma. Profesor de Metafísica, Ética, Ética Social y Filosofía del Lenguaje en el Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón ‘CRETA’ (Zaragoza)
- Jueves, 21 de enero (19,30): Ecología humana
Ponente: Excmo. y Rvdmo. Sr. D. Manuel Ureña Pastor, Arzobispo de Zaragoza
- Miércoles, 13 de enero (19,30): La relación del hombre con el mundo
Ponente: Rvdo. Sr. D. Santiago García Acuña. Profesor de Fenomenología de la Religión en la Facultad de Teología ‘San Dámaso’ (Madrid) y de Teología Fundamental en el Instituto superior de ciencias de la Religiosas ‘San Dámaso (Madrid)
- Jueves, 14 de enero (19,30): Ecología de la naturaleza
Ponente: Rvdo. Sr. D. José Mª. Andreu Celma. Profesor de Metafísica, Ética, Ética Social y Filosofía del Lenguaje en el Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón ‘CRETA’ (Zaragoza)
- Jueves, 21 de enero (19,30): Ecología humana
Ponente: Excmo. y Rvdmo. Sr. D. Manuel Ureña Pastor, Arzobispo de Zaragoza
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viernes, 25 de diciembre de 2009
Navidad, el árbol y el belén
La Navidad es una fiesta cristiana, y sus símbolos -entre ellos especialmente el belén y el árbol adornado de dones- constituyen referencias importantes al gran misterio de la Encarnación y del Nacimiento de Jesús, que la liturgia del tiempo de Adviento y de la Navidad evocan constantemente.
Este vetusto abeto, cortado sin dañar la vida del bosque, adecuadamente adornado, permanecerá junto al belén hasta el final de las festividades navideñas (...). Es un significativo símbolo del Nacimiento de Cristo, porque con sus hojas siempre verdes recuerda la vida que no muere.
El árbol y el belén son elementos de aquel clima típico de la Navidad que forma parte del patrimonio espiritual de nuestras comunidades. Es un clima impregnado de religiosidad y de intimidad familiar, que debemos conservar también en las sociedades actuales, donde a veces parecen prevalecer la carrera al consumo y la búsqueda de bienes materiales.
Benedicto XVI (14-diciembre-2007)

miércoles, 16 de diciembre de 2009
Si quieres promover la paz, protege la creación
Mensaje de Benedicto XVI para la XLIII Jornada Mundial de la Paz (1 de enero de 2010)
1. Con ocasión del comienzo del Año Nuevo, quisiera dirigir mis más fervientes deseos de paz a todas las comunidades cristianas, a los responsables de las Naciones, a los hombres y mujeres de buena voluntad de todo el mundo. El tema que he elegido para esta XLIII Jornada Mundial de la Paz es: Si quieres promover la paz, protege la creación. El respeto a lo que ha sido creado tiene gran importancia, puesto que «la creación es el comienzo y el fundamento de todas las obras de Dios», y su salvaguardia se ha hecho hoy esencial para la convivencia pacífica de la humanidad. En efecto, aunque es cierto que, a causa de la crueldad del hombre con el hombre, hay muchas amenazas a la paz y al auténtico desarrollo humano integral – guerras, conflictos internacionales y regionales, atentados terroristas y violaciones de los derechos humanos–, no son menos preocupantes los peligros causados por el descuido, e incluso por el abuso que se hace de la tierra y de los bienes naturales que Dios nos ha dado. Por este motivo, es indispensable que la humanidad renueve y refuerce «esa alianza entre ser humano y medio ambiente que ha de ser reflejo del amor creador de Dios, del cual procedemos y hacia el cual caminamos».
2. En la Encíclica Caritas in veritate he subrayado que el desarrollo humano integral está estrechamente relacionado con los deberes que se derivan de la relación del hombre con el entorno natural, considerado como un don de Dios para todos, cuyo uso comporta una responsabilidad común respecto a toda la humanidad, especialmente a los pobres y a las generaciones futuras. He señalado, además, que cuando se considera a la naturaleza, y al ser humano en primer lugar, simplemente como fruto del azar o del determinismo evolutivo, se corre el riesgo de que disminuya en las personas la conciencia de la responsabilidad. En cambio, valorar la creación como un don de Dios a la humanidad nos ayuda a comprender la vocación y el valor del hombre. En efecto, podemos proclamar llenos de asombro con el Salmista: «Cuando contemplo el cielo, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que has creado, ¿qué es el hombre, para que te acuerdes de él, el ser humano, para darle poder?» (Sal 8,4-5). Contemplar la belleza de la creación es un estímulo para reconocer el amor del Creador, ese amor que «mueve el sol y las demás estrellas».
3. Hace veinte años, al dedicar el Mensaje de la Jornada Mundial de la Paz al tema Paz con Dios creador, paz con toda la creación, el Papa Juan Pablo II llamó la atención sobre la relación que nosotros, como criaturas de Dios, tenemos con el universo que nos circunda. «En nuestros días aumenta cada vez más la convicción –escribía– de que la paz mundial está amenazada, también [...] por la falta del debido respeto a la naturaleza», añadiendo que la conciencia ecológica «no debe ser obstaculizada, sino más bien favorecida, de manera que se desarrolle y madure encontrando una adecuada expresión en programas e iniciativas concretas». También otros Predecesores míos habían hecho referencia anteriormente a la relación entre el hombre y el medio ambiente. Pablo VI, por ejemplo, con ocasión del octogésimo aniversario de la Encíclica Rerum Novarum de León XIII, en 1971, señaló que «debido a una explotación inconsiderada de la naturaleza, [el hombre] corre el riesgo de destruirla y de ser a su vez víctima de esta degradación». Y añadió también que, en este caso, «no sólo el ambiente físico constituye una amenaza permanente: contaminaciones y desechos, nuevas enfermedades, poder destructor absoluto; es el propio consorcio humano el que el hombre no domina ya, creando de esta manera para el mañana un ambiente que podría resultarle intolerable. Problema social de envergadura que incumbe a la familia humana toda entera».
4. Sin entrar en la cuestión de soluciones técnicas específicas, la Iglesia, «experta en humanidad», se preocupa de llamar la atención con energía sobre la relación entre el Creador, el ser humano y la creación. En 1990, Juan Pablo II habló de «crisis ecológica» y, destacando que ésta tiene un carácter predominantemente ético, hizo notar «la urgente necesidad moral de una nueva solidaridad». Este llamamiento se hace hoy todavía más apremiante ante las crecientes manifestaciones de una crisis, que sería irresponsable no tomar en seria consideración. ¿Cómo permanecer indiferentes ante los problemas que se derivan de fenómenos como el cambio climático, la desertificación, el deterioro y la pérdida de productividad de amplias zonas agrícolas, la contaminación de los ríos y de las capas acuíferas, la pérdida de la biodiversidad, el aumento de sucesos naturales extremos, la deforestación de las áreas ecuatoriales y tropicales? ¿Cómo descuidar el creciente fenómeno de los llamados «prófugos ambientales», personas que deben abandonar el ambiente en que viven –y con frecuencia también sus bienes– a causa de su deterioro, para afrontar los peligros y las incógnitas de un desplazamiento forzado? ¿Cómo no reaccionar ante los conflictos actuales, y ante otros potenciales, relacionados con el acceso a los recursos naturales? Todas éstas son cuestiones que tienen una repercusión profunda en el ejercicio de los derechos humanos como, por ejemplo, el derecho a la vida, a la alimentación, a la salud y al desarrollo.
2. En la Encíclica Caritas in veritate he subrayado que el desarrollo humano integral está estrechamente relacionado con los deberes que se derivan de la relación del hombre con el entorno natural, considerado como un don de Dios para todos, cuyo uso comporta una responsabilidad común respecto a toda la humanidad, especialmente a los pobres y a las generaciones futuras. He señalado, además, que cuando se considera a la naturaleza, y al ser humano en primer lugar, simplemente como fruto del azar o del determinismo evolutivo, se corre el riesgo de que disminuya en las personas la conciencia de la responsabilidad. En cambio, valorar la creación como un don de Dios a la humanidad nos ayuda a comprender la vocación y el valor del hombre. En efecto, podemos proclamar llenos de asombro con el Salmista: «Cuando contemplo el cielo, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que has creado, ¿qué es el hombre, para que te acuerdes de él, el ser humano, para darle poder?» (Sal 8,4-5). Contemplar la belleza de la creación es un estímulo para reconocer el amor del Creador, ese amor que «mueve el sol y las demás estrellas».
3. Hace veinte años, al dedicar el Mensaje de la Jornada Mundial de la Paz al tema Paz con Dios creador, paz con toda la creación, el Papa Juan Pablo II llamó la atención sobre la relación que nosotros, como criaturas de Dios, tenemos con el universo que nos circunda. «En nuestros días aumenta cada vez más la convicción –escribía– de que la paz mundial está amenazada, también [...] por la falta del debido respeto a la naturaleza», añadiendo que la conciencia ecológica «no debe ser obstaculizada, sino más bien favorecida, de manera que se desarrolle y madure encontrando una adecuada expresión en programas e iniciativas concretas». También otros Predecesores míos habían hecho referencia anteriormente a la relación entre el hombre y el medio ambiente. Pablo VI, por ejemplo, con ocasión del octogésimo aniversario de la Encíclica Rerum Novarum de León XIII, en 1971, señaló que «debido a una explotación inconsiderada de la naturaleza, [el hombre] corre el riesgo de destruirla y de ser a su vez víctima de esta degradación». Y añadió también que, en este caso, «no sólo el ambiente físico constituye una amenaza permanente: contaminaciones y desechos, nuevas enfermedades, poder destructor absoluto; es el propio consorcio humano el que el hombre no domina ya, creando de esta manera para el mañana un ambiente que podría resultarle intolerable. Problema social de envergadura que incumbe a la familia humana toda entera».
4. Sin entrar en la cuestión de soluciones técnicas específicas, la Iglesia, «experta en humanidad», se preocupa de llamar la atención con energía sobre la relación entre el Creador, el ser humano y la creación. En 1990, Juan Pablo II habló de «crisis ecológica» y, destacando que ésta tiene un carácter predominantemente ético, hizo notar «la urgente necesidad moral de una nueva solidaridad». Este llamamiento se hace hoy todavía más apremiante ante las crecientes manifestaciones de una crisis, que sería irresponsable no tomar en seria consideración. ¿Cómo permanecer indiferentes ante los problemas que se derivan de fenómenos como el cambio climático, la desertificación, el deterioro y la pérdida de productividad de amplias zonas agrícolas, la contaminación de los ríos y de las capas acuíferas, la pérdida de la biodiversidad, el aumento de sucesos naturales extremos, la deforestación de las áreas ecuatoriales y tropicales? ¿Cómo descuidar el creciente fenómeno de los llamados «prófugos ambientales», personas que deben abandonar el ambiente en que viven –y con frecuencia también sus bienes– a causa de su deterioro, para afrontar los peligros y las incógnitas de un desplazamiento forzado? ¿Cómo no reaccionar ante los conflictos actuales, y ante otros potenciales, relacionados con el acceso a los recursos naturales? Todas éstas son cuestiones que tienen una repercusión profunda en el ejercicio de los derechos humanos como, por ejemplo, el derecho a la vida, a la alimentación, a la salud y al desarrollo.
11. Cada vez se ve con mayor claridad que el tema del deterioro ambiental cuestiona los comportamientos de cada uno de nosotros, los estilos de vida y los modelos de consumo y producción actualmente dominantes, con frecuencia insostenibles desde el punto de vista social, ambiental e incluso económico. Ha llegado el momento en que resulta indispensable un cambio de mentalidad efectivo, que lleve a todos a adoptar nuevos estilos de vida, «a tenor de los cuales, la búsqueda de la verdad, de la belleza y del bien, así como la comunión con los demás hombres para un desarrollo común, sean los elementos que determinen las opciones del consumo, de los ahorros y de las inversiones». Se ha de educar cada vez más para construir la paz a partir de opciones de gran calado en el ámbito personal, familiar, comunitario y político. Todos somos responsables de la protección y el cuidado de la creación. Esta responsabilidad no tiene fronteras. Según el principio de subsidiaridad, es importante que todos se comprometan en el ámbito que les corresponda, trabajando para superar el predominio de los intereses particulares. Un papel de sensibilización y formación corresponde particularmente a los diversos sujetos de la sociedad civil y las Organizaciones no gubernativas, que se mueven con generosidad y determinación en favor de una responsabilidad ecológica, que debería estar cada vez más enraizada en el respeto de la «ecología humana». Además, se ha de requerir la responsabilidad de los medios de comunicación social en este campo, con el fin de proponer modelos positivos en los que inspirarse. Por tanto, ocuparse del medio ambiente exige una visión amplia y global del mundo; un esfuerzo común y responsable para pasar de una lógica centrada en el interés nacionalista egoísta a una perspectiva que abarque siempre las necesidades de todos los pueblos. No se puede permanecer indiferentes ante lo que ocurre en nuestro entorno, porque la degradación de cualquier parte del planeta afectaría a todos. Las relaciones entre las personas, los grupos sociales y los Estados, al igual que los lazos entre el hombre y el medio ambiente, están llamadas a asumir el estilo del respeto y de la «caridad en la verdad». En este contexto tan amplio, es deseable más que nunca que los esfuerzos de la comunidad internacional por lograr un desarme progresivo y un mundo sin armas nucleares, que sólo con su mera existencia amenazan la vida del planeta, así como por un proceso de desarrollo integral de la humanidad de hoy y del mañana, sean de verdad eficaces y correspondidos adecuadamente.
12. La Iglesia tiene una responsabilidad respecto a la creación y se siente en el deber de ejercerla también en el ámbito público, para defender la tierra, el agua y el aire, dones de Dios Creador para todos, y sobre todo para proteger al hombre frente al peligro de la destrucción de sí mismo. En efecto, la degradación de la naturaleza está estrechamente relacionada con la cultura que modela la convivencia humana, por lo que «cuando se respeta la “ecología humana” en la sociedad, también la ecología ambiental se beneficia». No se puede pedir a los jóvenes que respeten el medio ambiente, si no se les ayuda en la familia y en la sociedad a respetarse a sí mismos: el libro de la naturaleza es único, tanto en lo que concierne al ambiente como a la ética personal, familiar y social. Los deberes respecto al ambiente se derivan de los deberes para con la persona, considerada en sí misma y en su relación con los demás. Por eso, aliento de buen grado la educación de una responsabilidad ecológica que, como he dicho en la Encíclica Caritas in veritate, salvaguarde una auténtica «ecología humana» y, por tanto, afirme con renovada convicción la inviolabilidad de la vida humana en cada una de sus fases, y en cualquier condición en que se encuentre, la dignidad de la persona y la insustituible misión de la familia, en la cual se educa en el amor al prójimo y el respeto por la naturaleza. Es preciso salvaguardar el patrimonio humano de la sociedad. Este patrimonio de valores tiene su origen y está inscrito en la ley moral natural, que fundamenta el respeto de la persona humana y de la creación.
13. Tampoco se ha de olvidar el hecho, sumamente elocuente, de que muchos encuentran tranquilidad y paz, se sienten renovados y fortalecidos, al estar en contacto con la belleza y la armonía de la naturaleza. Así, pues, hay una cierta forma de reciprocidad: al cuidar la creación, vemos que Dios, a través de ella, cuida de nosotros. Por otro lado, una correcta concepción de la relación del hombre con el medio ambiente no lleva a absolutizar la naturaleza ni a considerarla más importante que la persona misma. El Magisterio de la Iglesia manifiesta reservas ante una concepción del mundo que nos rodea inspirada en el ecocentrismo y el biocentrismo, porque dicha concepción elimina la diferencia ontológica y axiológica entre la persona humana y los otros seres vivientes. De este modo, se anula en la práctica la identidad y el papel superior del hombre, favoreciendo una visión igualitarista de la «dignidad» de todos los seres vivientes. Se abre así paso a un nuevo panteísmo con acentos neopaganos, que hace derivar la salvación del hombre exclusivamente de la naturaleza, entendida en sentido puramente naturalista. La Iglesia invita en cambio a plantear la cuestión de manera equilibrada, respetando la «gramática» que el Creador ha inscrito en su obra, confiando al hombre el papel de guardián y administrador responsable de la creación, papel del que ciertamente no debe abusar, pero del cual tampoco puede abdicar. En efecto, también la posición contraria de absolutizar la técnica y el poder humano termina por atentar gravemente, no sólo contra la naturaleza, sino también contra la misma dignidad humana.
14. Si quieres promover la paz, protege la creación. La búsqueda de la paz por parte de todos los hombres de buena voluntad se verá facilitada sin duda por el reconocimiento común de la relación inseparable que existe entre Dios, los seres humanos y toda la creación. Los cristianos ofrecen su propia aportación, iluminados por la divina Revelación y siguiendo la Tradición de la Iglesia. Consideran el cosmos y sus maravillas a la luz de la obra creadora del Padre y de la redención de Cristo, que, con su muerte y resurrección, ha reconciliado con Dios «todos los seres: los del cielo y los de la tierra» (Col 1,20). Cristo, crucificado y resucitado, ha entregado a la humanidad su Espíritu santificador, que guía el camino de la historia, en espera del día en que, con la vuelta gloriosa del Señor, serán inaugurados «un cielo nuevo y una tierra nueva» (2 P 3,13), en los que habitarán por siempre la justicia y la paz. Por tanto, proteger el entorno natural para construir un mundo de paz es un deber de cada persona. He aquí un desafío urgente que se ha de afrontar de modo unánime con un renovado empeño; he aquí una oportunidad providencial para legar a las nuevas generaciones la perspectiva de un futuro mejor para todos. Que los responsables de las naciones sean conscientes de ello, así como los que, en todos los ámbitos, se interesan por el destino de la humanidad: la salvaguardia de la creación y la consecución de la paz son realidades íntimamente relacionadas entre sí. Por eso, invito a todos los creyentes a elevar una ferviente oración a Dios, Creador todopoderoso y Padre de misericordia, para que en el corazón de cada hombre y de cada mujer resuene, se acoja y se viva el apremiante llamamiento: Si quieres promover la paz, protege la creación.
12. La Iglesia tiene una responsabilidad respecto a la creación y se siente en el deber de ejercerla también en el ámbito público, para defender la tierra, el agua y el aire, dones de Dios Creador para todos, y sobre todo para proteger al hombre frente al peligro de la destrucción de sí mismo. En efecto, la degradación de la naturaleza está estrechamente relacionada con la cultura que modela la convivencia humana, por lo que «cuando se respeta la “ecología humana” en la sociedad, también la ecología ambiental se beneficia». No se puede pedir a los jóvenes que respeten el medio ambiente, si no se les ayuda en la familia y en la sociedad a respetarse a sí mismos: el libro de la naturaleza es único, tanto en lo que concierne al ambiente como a la ética personal, familiar y social. Los deberes respecto al ambiente se derivan de los deberes para con la persona, considerada en sí misma y en su relación con los demás. Por eso, aliento de buen grado la educación de una responsabilidad ecológica que, como he dicho en la Encíclica Caritas in veritate, salvaguarde una auténtica «ecología humana» y, por tanto, afirme con renovada convicción la inviolabilidad de la vida humana en cada una de sus fases, y en cualquier condición en que se encuentre, la dignidad de la persona y la insustituible misión de la familia, en la cual se educa en el amor al prójimo y el respeto por la naturaleza. Es preciso salvaguardar el patrimonio humano de la sociedad. Este patrimonio de valores tiene su origen y está inscrito en la ley moral natural, que fundamenta el respeto de la persona humana y de la creación.
13. Tampoco se ha de olvidar el hecho, sumamente elocuente, de que muchos encuentran tranquilidad y paz, se sienten renovados y fortalecidos, al estar en contacto con la belleza y la armonía de la naturaleza. Así, pues, hay una cierta forma de reciprocidad: al cuidar la creación, vemos que Dios, a través de ella, cuida de nosotros. Por otro lado, una correcta concepción de la relación del hombre con el medio ambiente no lleva a absolutizar la naturaleza ni a considerarla más importante que la persona misma. El Magisterio de la Iglesia manifiesta reservas ante una concepción del mundo que nos rodea inspirada en el ecocentrismo y el biocentrismo, porque dicha concepción elimina la diferencia ontológica y axiológica entre la persona humana y los otros seres vivientes. De este modo, se anula en la práctica la identidad y el papel superior del hombre, favoreciendo una visión igualitarista de la «dignidad» de todos los seres vivientes. Se abre así paso a un nuevo panteísmo con acentos neopaganos, que hace derivar la salvación del hombre exclusivamente de la naturaleza, entendida en sentido puramente naturalista. La Iglesia invita en cambio a plantear la cuestión de manera equilibrada, respetando la «gramática» que el Creador ha inscrito en su obra, confiando al hombre el papel de guardián y administrador responsable de la creación, papel del que ciertamente no debe abusar, pero del cual tampoco puede abdicar. En efecto, también la posición contraria de absolutizar la técnica y el poder humano termina por atentar gravemente, no sólo contra la naturaleza, sino también contra la misma dignidad humana.
14. Si quieres promover la paz, protege la creación. La búsqueda de la paz por parte de todos los hombres de buena voluntad se verá facilitada sin duda por el reconocimiento común de la relación inseparable que existe entre Dios, los seres humanos y toda la creación. Los cristianos ofrecen su propia aportación, iluminados por la divina Revelación y siguiendo la Tradición de la Iglesia. Consideran el cosmos y sus maravillas a la luz de la obra creadora del Padre y de la redención de Cristo, que, con su muerte y resurrección, ha reconciliado con Dios «todos los seres: los del cielo y los de la tierra» (Col 1,20). Cristo, crucificado y resucitado, ha entregado a la humanidad su Espíritu santificador, que guía el camino de la historia, en espera del día en que, con la vuelta gloriosa del Señor, serán inaugurados «un cielo nuevo y una tierra nueva» (2 P 3,13), en los que habitarán por siempre la justicia y la paz. Por tanto, proteger el entorno natural para construir un mundo de paz es un deber de cada persona. He aquí un desafío urgente que se ha de afrontar de modo unánime con un renovado empeño; he aquí una oportunidad providencial para legar a las nuevas generaciones la perspectiva de un futuro mejor para todos. Que los responsables de las naciones sean conscientes de ello, así como los que, en todos los ámbitos, se interesan por el destino de la humanidad: la salvaguardia de la creación y la consecución de la paz son realidades íntimamente relacionadas entre sí. Por eso, invito a todos los creyentes a elevar una ferviente oración a Dios, Creador todopoderoso y Padre de misericordia, para que en el corazón de cada hombre y de cada mujer resuene, se acoja y se viva el apremiante llamamiento: Si quieres promover la paz, protege la creación.
(El mensaje completo puede descargarse en la zona de descargas del blog, en la parte izquierda).
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martes, 15 de diciembre de 2009
Cáritas en la Cumbre del Clima
CÁRITAS Y CIDSE DENUNCIAN QUE LOS PAÍSES RICOS ELUDEN SUS RESPONSABILIDADES EN LA CUMBRE DEL CLIMA
Instan a los países ricos a retomar las negociaciones para actualizar los compromisos de Kioto.
Cáritas. 15 de diciembre de 2009.- Ante la suspensión de las negociaciones que se produjo ayer entre los países africanos y los países ricos que participan en la Cumbre del Clima de Copenhague, Cáritas Internationalis y CIDSE han suscrito un comunicado conjunto en el que denuncian que estos últimos “están intentando eludir sus responsabilidades”.
En la nota, ambas instituciones –que, juntas, forman la mayor red internacional de desarrollo—aseguran que “los mayores países desarrollados, incluidos Japón y China, están socavando las conversaciones sobre el clima tratando de soslayar el Protocolo, en la actualidad único documento jurídicamente vinculante que regula el cambio climático. Este bloqueo incluye la reducción de la emisiones para los países desarrollados, una medida que ofrece a los países pobres una mínima protección ante el futuro devastador del cambio climático y la pobreza”.
Para los representantes de la red Cáritas y de CIDSE que están participando en la Cumbre del Clima –entre los que se encuentran, por parte de Cáritas Española, José Luis Pérez Larios, director de los Servicios Generales, e Inmaculada Cubillo y Martín Lago, técnicos del Area de Cooperación Internacional--, “a los países ricos les corresponde retomar las negociaciones sobre la actualización de los compromiso del Protocolo de Kioto, ya que la decisión africana de suspender las conversaciones sobre otras cuestiones, respaldada por la mayoría del Grupo de los 77 (G77), es consecuencia de su temor al intento de los países ricos de destruir la fortaleza legal del acuerdo vigente”.
Para los miembros de la delegación Cáritas/CIDSE “abandonar el Protocolo de Kyoto supondría un paso atrás para todos los países, especialmente para los más pobres, para quienes las negociaciones son una cuestión de supervivencia”. “Las comunidades vulnerables del mundo entero –aseguran-- necesitan un acuerdo sobre el clima justo, ambicioso y vinculante, algo para lo que el Protocolo de Kyoto es un elemento esencial”.
Encuentro a tres bandas: Cáritas, CIDSE y Consejo Mundial de la Iglesias
Bajo el lema “Renovar la faz de la tierra: una aproximación a la justicia climática desde la fe”, se celebró ayer en Copenhague un encuentro convocado conjuntamente por Cáritas, CIDSE y el Consejo Mundial de la Iglesias para reflexionar sobre la visión del cambio climático a la luz de la fe. En el evento, que fue moderado por el presidente de Cáritas Dinamarca, Jann Sjursen, la representante del Consejo Mundial de las Iglesias, Joyce Kennedy, defendió la necesidad de llegar a un acuerdo climático porque, afirmó, “creemos en nuestra capacidad para hacer una sociedad sostenible, demandando una globalización alternativa, donde la deuda ecológica debe ser pagada”.
“Si hasta ahora –explicó-- el sistema se ha basado en la avaricia, es el momento de cambiar los valores de la negociación y llegar a un acuerdo legal. Para los creyentes, es necesario un compromiso ético en un proceso incluyente y que los excluidos también puedan estar. Además hay que ‘reverdecer’ nuestra vida cotidiana: el consumo, el trasporte, los negocios…”.
Por su parte, Erny Gillen, presidente de Cáritas Europa, que también participó en el encuentro, se refirió, tras recordar que "cada persona tiene un papel muy especial en el plan de Dios” y que “hoy, el debate sobre el cambio climático nos recuerda que somos parte de la Creación", al principio de subsidiariedad, que “nos exige hacer nuestra parte y a reclamar a quienes tienen responsabilidades en un nivel superior a cumplir las suyas, por lo que los cambios tienen que ser políticos”. “Si el lema de COP15 es ‘tenemos el poder de salvar el mundo ahora”, yo digo que tenemos el poder de cambiar nuestra modo de vida ahora, pero no se trata sólo de cambios en el ámbito personal sino en la sociedad en general”, aseguró.
Otro de los intervinientes, Kofina Falan, presidente del Consejo cristiano de Asia, que ha venido a Copenhague procedente de Tuvalu, un pequeño estado insular del Pacífico --cuya altitud máxima no supera los cinco metros y tiene una población de con 12.000 habitantes— confesó que “nos sentimos tan solos en esta lucha, que les agradezco su tiempo”. Hemos sentido la amenaza de que nos hundiremos, muchos han emigrado a Australia y a Europa, queremos sobrevivir. Dios nos ha creado a todos y situado a algunos en el Pacífico”.
(Fuente: www.caritas.es/home/noticias/index.php?MjE%3D&MTIwNg%3D%3D )
Instan a los países ricos a retomar las negociaciones para actualizar los compromisos de Kioto.
Cáritas. 15 de diciembre de 2009.- Ante la suspensión de las negociaciones que se produjo ayer entre los países africanos y los países ricos que participan en la Cumbre del Clima de Copenhague, Cáritas Internationalis y CIDSE han suscrito un comunicado conjunto en el que denuncian que estos últimos “están intentando eludir sus responsabilidades”.
En la nota, ambas instituciones –que, juntas, forman la mayor red internacional de desarrollo—aseguran que “los mayores países desarrollados, incluidos Japón y China, están socavando las conversaciones sobre el clima tratando de soslayar el Protocolo, en la actualidad único documento jurídicamente vinculante que regula el cambio climático. Este bloqueo incluye la reducción de la emisiones para los países desarrollados, una medida que ofrece a los países pobres una mínima protección ante el futuro devastador del cambio climático y la pobreza”.
Para los representantes de la red Cáritas y de CIDSE que están participando en la Cumbre del Clima –entre los que se encuentran, por parte de Cáritas Española, José Luis Pérez Larios, director de los Servicios Generales, e Inmaculada Cubillo y Martín Lago, técnicos del Area de Cooperación Internacional--, “a los países ricos les corresponde retomar las negociaciones sobre la actualización de los compromiso del Protocolo de Kioto, ya que la decisión africana de suspender las conversaciones sobre otras cuestiones, respaldada por la mayoría del Grupo de los 77 (G77), es consecuencia de su temor al intento de los países ricos de destruir la fortaleza legal del acuerdo vigente”.
Para los miembros de la delegación Cáritas/CIDSE “abandonar el Protocolo de Kyoto supondría un paso atrás para todos los países, especialmente para los más pobres, para quienes las negociaciones son una cuestión de supervivencia”. “Las comunidades vulnerables del mundo entero –aseguran-- necesitan un acuerdo sobre el clima justo, ambicioso y vinculante, algo para lo que el Protocolo de Kyoto es un elemento esencial”.
Encuentro a tres bandas: Cáritas, CIDSE y Consejo Mundial de la Iglesias
Bajo el lema “Renovar la faz de la tierra: una aproximación a la justicia climática desde la fe”, se celebró ayer en Copenhague un encuentro convocado conjuntamente por Cáritas, CIDSE y el Consejo Mundial de la Iglesias para reflexionar sobre la visión del cambio climático a la luz de la fe. En el evento, que fue moderado por el presidente de Cáritas Dinamarca, Jann Sjursen, la representante del Consejo Mundial de las Iglesias, Joyce Kennedy, defendió la necesidad de llegar a un acuerdo climático porque, afirmó, “creemos en nuestra capacidad para hacer una sociedad sostenible, demandando una globalización alternativa, donde la deuda ecológica debe ser pagada”.
“Si hasta ahora –explicó-- el sistema se ha basado en la avaricia, es el momento de cambiar los valores de la negociación y llegar a un acuerdo legal. Para los creyentes, es necesario un compromiso ético en un proceso incluyente y que los excluidos también puedan estar. Además hay que ‘reverdecer’ nuestra vida cotidiana: el consumo, el trasporte, los negocios…”.
Por su parte, Erny Gillen, presidente de Cáritas Europa, que también participó en el encuentro, se refirió, tras recordar que "cada persona tiene un papel muy especial en el plan de Dios” y que “hoy, el debate sobre el cambio climático nos recuerda que somos parte de la Creación", al principio de subsidiariedad, que “nos exige hacer nuestra parte y a reclamar a quienes tienen responsabilidades en un nivel superior a cumplir las suyas, por lo que los cambios tienen que ser políticos”. “Si el lema de COP15 es ‘tenemos el poder de salvar el mundo ahora”, yo digo que tenemos el poder de cambiar nuestra modo de vida ahora, pero no se trata sólo de cambios en el ámbito personal sino en la sociedad en general”, aseguró.
Otro de los intervinientes, Kofina Falan, presidente del Consejo cristiano de Asia, que ha venido a Copenhague procedente de Tuvalu, un pequeño estado insular del Pacífico --cuya altitud máxima no supera los cinco metros y tiene una población de con 12.000 habitantes— confesó que “nos sentimos tan solos en esta lucha, que les agradezco su tiempo”. Hemos sentido la amenaza de que nos hundiremos, muchos han emigrado a Australia y a Europa, queremos sobrevivir. Dios nos ha creado a todos y situado a algunos en el Pacífico”.
(Fuente: www.caritas.es/home/noticias/index.php?MjE%3D&MTIwNg%3D%3D )
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jueves, 26 de noviembre de 2009
Conciencia ética ante el medio ambiente
Carta de Monseñor Vicente Zamora, obispo de Santander. Noviembre 2009.
La humanidad tiene planteados varios desafíos. Uno de ellos es el ecológico. El deterioro del medio ambiente está alcanzando tales proporciones que el problema ecológico se ha convertido en una de las cuestiones neurálgicas en las que la humanidad se juega su futuro.
El panorama es sombrío: contaminación atmosférica, cambio climático, debilitamiento de la capa de ozono, contaminación marítima y fluvial, extinción de especies animales y vegetales, deforestación y desertización. Estos son los puntos negros de un planeta azul que lleva camino de perder su color y calor vital. La responsabilidad que así suceda es cosa de todos, porque de todos depende esa degradación.
El tema del medio ambiente puede ser abordado desde perspectivas distintas: científica, técnica, social, cultural, política, ética, religiosa. En esta breve carta pastoral trato el tema desde la dimensión ética, a la luz del humanismo cristiano y de la Doctrina Social de la Iglesia. El humanismo cristiano contempla la creación como “hogar” y “patria” del hombre. La fe cristiana suscita una praxis de salvaguardar el carácter doméstico del mundo como espacio acogedor de la entera familia humana. La persona humana ocupa un lugar central en el mundo. De ahí que todos los programas ecológicos y todas las iniciativas en favor del desarrollo deberán tener en cuenta las necesidades del hombre, de la familia, sus valores, su propia herencia social y cultural y su responsabilidad respecto a las generaciones futuras. Porque el objetivo último de los programas en favor del medio ambiente y del desarrollo es mejorar la calidad de vida humana, de poner la
creación al servicio del hombre.
El progreso de la técnica y el desarrollo de la naturaleza exigen un desarrollo proporcional de la dimensión moral y de la ética. La crisis ecológica es también un problema moral. La comunidad internacional no puede ignorar esta dimensión ética. Por eso la Ecología está exigiendo una “Ecoética”.
La última encíclica del Papa Benedicto XVI Cáritas in veritate aborda la relación del hombre con el ambiente natural en los números 48 al 52. “La Iglesia – afirma el Papa- tiene una responsabilidad respecto a la creación y la debe hacer valer en público. Y, al hacerlo, no sólo debe defender la tierra, el agua y el aire como dones de la creación que pertenecen a todos. Debe proteger sobre todo al hombre contra la destrucción de sí mismo. Es necesario que exista una especie de ecología del hombre bien entendida. En efecto, la degradación de la naturaleza está estrechamente unida a la cultura que modela la convivencia humana: cuando se respeta la ‘ecología humana’ en la sociedad, también la ecología ambiental se beneficia” (CiV, n. 51). La Doctrina Social de la Iglesia se suma así a las voces de quienes alertan sobre la crisis y proponen vías de solución a la misma. Entre ellas, la primera es la creación de una “conciencia ecológica”.
La humanidad tiene planteados varios desafíos. Uno de ellos es el ecológico. El deterioro del medio ambiente está alcanzando tales proporciones que el problema ecológico se ha convertido en una de las cuestiones neurálgicas en las que la humanidad se juega su futuro.
El panorama es sombrío: contaminación atmosférica, cambio climático, debilitamiento de la capa de ozono, contaminación marítima y fluvial, extinción de especies animales y vegetales, deforestación y desertización. Estos son los puntos negros de un planeta azul que lleva camino de perder su color y calor vital. La responsabilidad que así suceda es cosa de todos, porque de todos depende esa degradación.
El tema del medio ambiente puede ser abordado desde perspectivas distintas: científica, técnica, social, cultural, política, ética, religiosa. En esta breve carta pastoral trato el tema desde la dimensión ética, a la luz del humanismo cristiano y de la Doctrina Social de la Iglesia. El humanismo cristiano contempla la creación como “hogar” y “patria” del hombre. La fe cristiana suscita una praxis de salvaguardar el carácter doméstico del mundo como espacio acogedor de la entera familia humana. La persona humana ocupa un lugar central en el mundo. De ahí que todos los programas ecológicos y todas las iniciativas en favor del desarrollo deberán tener en cuenta las necesidades del hombre, de la familia, sus valores, su propia herencia social y cultural y su responsabilidad respecto a las generaciones futuras. Porque el objetivo último de los programas en favor del medio ambiente y del desarrollo es mejorar la calidad de vida humana, de poner la
creación al servicio del hombre.
El progreso de la técnica y el desarrollo de la naturaleza exigen un desarrollo proporcional de la dimensión moral y de la ética. La crisis ecológica es también un problema moral. La comunidad internacional no puede ignorar esta dimensión ética. Por eso la Ecología está exigiendo una “Ecoética”.
La última encíclica del Papa Benedicto XVI Cáritas in veritate aborda la relación del hombre con el ambiente natural en los números 48 al 52. “La Iglesia – afirma el Papa- tiene una responsabilidad respecto a la creación y la debe hacer valer en público. Y, al hacerlo, no sólo debe defender la tierra, el agua y el aire como dones de la creación que pertenecen a todos. Debe proteger sobre todo al hombre contra la destrucción de sí mismo. Es necesario que exista una especie de ecología del hombre bien entendida. En efecto, la degradación de la naturaleza está estrechamente unida a la cultura que modela la convivencia humana: cuando se respeta la ‘ecología humana’ en la sociedad, también la ecología ambiental se beneficia” (CiV, n. 51). La Doctrina Social de la Iglesia se suma así a las voces de quienes alertan sobre la crisis y proponen vías de solución a la misma. Entre ellas, la primera es la creación de una “conciencia ecológica”.
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martes, 17 de noviembre de 2009
Benedicto XVI en la FAO (16-Noviembre-2009)
Benedicto XVI pronunció un discurso en la sede de la FAO en Roma, con motivo de la apertura de la Cumbre Mundial sobre Seguridad Alimentaria. A continuación insertamos un extracto del discurso, en lo referente al agua y al medio ambiente, aunque por su interés recomendamos la lectura del documento completo, que está disponible en la zona de descargas (menú de la izquierda).
"7. Tampoco se han de olvidar los derechos fundamentales de la persona entre los que destaca el derecho a una alimentación suficiente, sana y nutritiva, y el derecho al agua; éstos revisten un papel importante en la consecución de otros derechos, empezando por el derecho primario a la vida. Es necesario, por lo tanto, que madure "una conciencia solidaria que considere la alimentación y el acceso al agua como derechos universales de todos los seres humanos, sin distinciones ni discriminaciones" (Caritas in veritate, 27). Todo lo que la FAO ha realizado con paciencia, aunque por un lado ha favorecido la ampliación de los objetivos de este derecho sólo respecto a garantizar la satisfacción de las necesidades primarias, por otro lado, ha puesto de manifiesto la necesidad de una reglamentación adecuada.
8. Los métodos de producción alimentaria imponen igualmente un análisis atento de la relación entre el desarrollo y la tutela ambiental. El deseo de poseer y de usar en manera excesiva y desordenada los recursos del planeta es la primera causa de toda degradación ambiental. El cuidado ambiental, en efecto, se presenta como un desafío actual de garantizar un desarrollo armónico, respetuoso con el plan de la creación de Dios y, por lo tanto, capaz de salvaguardar el planeta (cf. ibíd., 48-51). Si toda la humanidad está llamada a tomar conciencia de sus propias obligaciones respecto a las generaciones venideras, es también cierto que el deber de tutelar el medio ambiente como un bien colectivo corresponde a los Estados y a las Organizaciones Internacionales. Desde este punto de vista, se debe profundizar en las conexiones existentes entre la seguridad ambiental y el fenómeno preocupante de los cambios climáticos, teniendo como focus la centralidad de la persona humana y, en particular, a las poblaciones más vulnerables ante ambos fenómenos. No bastan, sin embargo, normativas, legislaciones, planes de desarrollo e inversiones, hace falta un cambio en los estilos de vida personales y comunitarios, en el consumo y en las necesidades concretas, pero sobre todo es necesario tener presente ese deber moral de distinguir en las acciones humanas el bien del mal para redescubrir así el vínculo de comunión que une la persona y lo creado.
9. Es importante recordar -como he señalado en la Encíclica Caritas in veritate- que "la degradación de la naturaleza está estrechamente unida a la cultura que modela la convivencia humana: cuando se respeta la «ecología humana» en la sociedad, también la ecología ambiental se beneficia". Es verdad que "el sistema ecológico se apoya en un proyecto que abarca tanto la sana convivencia social como la buena relación con la naturaleza". Y que "el problema decisivo es la capacidad moral global de la sociedad". Por tanto, "los deberes que tenemos con el ambiente están relacionados con los que tenemos para con la persona considerada en sí misma y en su relación con los otros. No se pueden exigir unos y conculcar otros. Es una grave antinomia de la mentalidad y de la praxis actual, que envilece a la persona, trastorna el ambiente y daña a la sociedad" (ibíd., 51)."
"7. Tampoco se han de olvidar los derechos fundamentales de la persona entre los que destaca el derecho a una alimentación suficiente, sana y nutritiva, y el derecho al agua; éstos revisten un papel importante en la consecución de otros derechos, empezando por el derecho primario a la vida. Es necesario, por lo tanto, que madure "una conciencia solidaria que considere la alimentación y el acceso al agua como derechos universales de todos los seres humanos, sin distinciones ni discriminaciones" (Caritas in veritate, 27). Todo lo que la FAO ha realizado con paciencia, aunque por un lado ha favorecido la ampliación de los objetivos de este derecho sólo respecto a garantizar la satisfacción de las necesidades primarias, por otro lado, ha puesto de manifiesto la necesidad de una reglamentación adecuada.
8. Los métodos de producción alimentaria imponen igualmente un análisis atento de la relación entre el desarrollo y la tutela ambiental. El deseo de poseer y de usar en manera excesiva y desordenada los recursos del planeta es la primera causa de toda degradación ambiental. El cuidado ambiental, en efecto, se presenta como un desafío actual de garantizar un desarrollo armónico, respetuoso con el plan de la creación de Dios y, por lo tanto, capaz de salvaguardar el planeta (cf. ibíd., 48-51). Si toda la humanidad está llamada a tomar conciencia de sus propias obligaciones respecto a las generaciones venideras, es también cierto que el deber de tutelar el medio ambiente como un bien colectivo corresponde a los Estados y a las Organizaciones Internacionales. Desde este punto de vista, se debe profundizar en las conexiones existentes entre la seguridad ambiental y el fenómeno preocupante de los cambios climáticos, teniendo como focus la centralidad de la persona humana y, en particular, a las poblaciones más vulnerables ante ambos fenómenos. No bastan, sin embargo, normativas, legislaciones, planes de desarrollo e inversiones, hace falta un cambio en los estilos de vida personales y comunitarios, en el consumo y en las necesidades concretas, pero sobre todo es necesario tener presente ese deber moral de distinguir en las acciones humanas el bien del mal para redescubrir así el vínculo de comunión que une la persona y lo creado.
9. Es importante recordar -como he señalado en la Encíclica Caritas in veritate- que "la degradación de la naturaleza está estrechamente unida a la cultura que modela la convivencia humana: cuando se respeta la «ecología humana» en la sociedad, también la ecología ambiental se beneficia". Es verdad que "el sistema ecológico se apoya en un proyecto que abarca tanto la sana convivencia social como la buena relación con la naturaleza". Y que "el problema decisivo es la capacidad moral global de la sociedad". Por tanto, "los deberes que tenemos con el ambiente están relacionados con los que tenemos para con la persona considerada en sí misma y en su relación con los otros. No se pueden exigir unos y conculcar otros. Es una grave antinomia de la mentalidad y de la praxis actual, que envilece a la persona, trastorna el ambiente y daña a la sociedad" (ibíd., 51)."
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lunes, 2 de noviembre de 2009
El agua en "Caritas in veritate"
El agua es un recurso natural escaso y discontinuo en el espacio y en el tiempo. Por razones diversas, entre las que destacan los cambios climáticos, la desertificación, la sobrexplotación de aguas continentales y subterráneas, y los usos irracionales del agua, cada vez la escasez y discontinuidad se acentúan más. Además, muchas de las regiones del mundo con mayores problemas de falta de agua son también zonas donde el problema del hambre está presente en alto grado.
Benedicto XVI (como ya hiciera Juan Pablo II en 2002: http://cristianismoyecologia.blogspot.com/2009/11/el-agua-mensaje-de-juan-pablo-ii-la-fao.html ), en su última encíclica "Caritas en veritate", relaciona la falta de agua y la falta de alimento en muchos países pobres:
- "El derecho a la alimentación y al agua tiene un papel importante para conseguir otros derechos, comenzando ante todo por el derecho primario a la vida. Por tanto, es necesario que madure una conciencia solidaria que considere la alimentación y el acceso al agua como derechos universales de todos los seres humanos, sin distinciones ni discriminaciones" (27).
- "Cuando se promueve el desarrollo económico y cultural de estas poblaciones, se tutela también la naturaleza. Además, muchos recursos naturales quedan devastados con las guerras. La paz de los pueblos y entre los pueblos permitiría también una mayor salvaguardia de la naturaleza. El acaparamiento de los recursos, especialmente del agua, puede provocar graves conflictos entre las poblaciones afectadas. Un acuerdo pacífico sobre el uso de los recursos puede salvaguardar la naturaleza y, al mismo tiempo, el bienestar de las sociedades interesadas" (51).
Existen herramientas, desarrolladas por el hombre en su libertad y autonomía, que permiten un aprovechamiento sostenible del agua, la búsqueda de nuevas fuentes y la mejora del recurso en cantidad y calidad. Pero esta tecnología, hoy por hoy, no está a disposición de todas las personas. Entonces, si tenemos soluciones al problema de la escasez de agua, ¿por qué no tenemos la voluntad de aplicarlas?
Benedicto XVI (como ya hiciera Juan Pablo II en 2002: http://cristianismoyecologia.blogspot.com/2009/11/el-agua-mensaje-de-juan-pablo-ii-la-fao.html ), en su última encíclica "Caritas en veritate", relaciona la falta de agua y la falta de alimento en muchos países pobres:
- "El derecho a la alimentación y al agua tiene un papel importante para conseguir otros derechos, comenzando ante todo por el derecho primario a la vida. Por tanto, es necesario que madure una conciencia solidaria que considere la alimentación y el acceso al agua como derechos universales de todos los seres humanos, sin distinciones ni discriminaciones" (27).
- "Cuando se promueve el desarrollo económico y cultural de estas poblaciones, se tutela también la naturaleza. Además, muchos recursos naturales quedan devastados con las guerras. La paz de los pueblos y entre los pueblos permitiría también una mayor salvaguardia de la naturaleza. El acaparamiento de los recursos, especialmente del agua, puede provocar graves conflictos entre las poblaciones afectadas. Un acuerdo pacífico sobre el uso de los recursos puede salvaguardar la naturaleza y, al mismo tiempo, el bienestar de las sociedades interesadas" (51).
Existen herramientas, desarrolladas por el hombre en su libertad y autonomía, que permiten un aprovechamiento sostenible del agua, la búsqueda de nuevas fuentes y la mejora del recurso en cantidad y calidad. Pero esta tecnología, hoy por hoy, no está a disposición de todas las personas. Entonces, si tenemos soluciones al problema de la escasez de agua, ¿por qué no tenemos la voluntad de aplicarlas?
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El agua (mensaje de Juan Pablo II a la FAO) (2002)
Textos extraídos del Mensaje de Juan Pablo II a la FAO, en la Jornada Mundial de la Alimentación 2002.
- El tema elegido este año: "Agua, fuente de seguridad alimentaria", es una invitación a reflexionar en la importancia del agua, sin la cual las personas y las comunidades no pueden vivir. Como factor indispensable de la actividad humana, el agua es un elemento básico de la seguridad alimentaria. Además, no podemos olvidar que el agua, símbolo usado en los ritos comunitarios de muchas religiones y culturas, significa pertenencia y purificación. En el cristianismo, el agua se usa como signo de un proceso de transformación y conversión interior. De su valor simbólico brota la invitación a ser plenamente conscientes de la importancia de este bien tan valioso y, en consecuencia, a revisar los modelos actuales de comportamiento, para garantizar, ahora y en el futuro, que todos los pueblos tengan acceso al agua indispensable para sus necesidades, y que las actividades productivas, en particular la agricultura, puedan gozar de cantidades adecuadas de este recurso inestimable. La creciente conciencia de que el agua es un recurso limitado, pero absolutamente esencial para la seguridad alimentaria, hoy está llevando a muchos a cambiar de actitud, un cambio que se ha de fomentar por el bien de las generaciones futuras.
- Las conclusiones de los recientes encuentros internacionales han demostrado que la lucha contra el hambre y la desnutrición, y más generalmente la lucha contra la pobreza y en defensa de los ecosistemas de la tierra, se ha de librar en situaciones muy diferentes y en medio de intereses opuestos. El primer paso en este esfuerzo consiste en alcanzar un equilibrio sostenible entre el consumo y los recursos disponibles.Todos somos conscientes de que este objetivo no puede alcanzarse sin prestar atención a los principios fundamentales del orden ético y moral, principios arraigados en el corazón y en la conciencia de todo ser humano. De hecho, el orden de la creación y su delicada armonía corren el peligro de quedar irremediablemente alterados. La sabiduría bíblica nos recuerda que no debemos abandonar el "manantial de aguas vivas para hacer cisternas, cisternas agrietadas" (Jr 2, 13).Podemos ver aquí una advertencia con respecto a nuestra situación actual. En otras palabras, se nos recuerda que las soluciones técnicas, independientemente de su grado de desarrollo, no son útiles si no tienen en cuenta el carácter central de la persona humana, que, en sus dimensiones espiritual y material, es la medida de todos los derechos y, por tanto, debe ser el criterio guía de los programas y de las políticas.
- Sólo si el acceso al agua se considera un derecho de las personas y de los pueblos se garantizarán, de forma legítima y respetuosa, niveles adecuados de desarrollo en todas las áreas geográficas. Para que suceda esto, la política internacional debe prestar nuevamente atención al inestimable valor de los recursos hídricos, que a menudo no son renovables y no pueden ser patrimonio exclusivo de unos pocos, puesto que son un bien común de toda la humanidad. Por su misma naturaleza, "deben llegar a todos en forma equitativa bajo la guía de la justicia y el acompañamiento de la caridad" (Gaudium et spes, 69).
(Texto completo en la zona de descargas)
- El tema elegido este año: "Agua, fuente de seguridad alimentaria", es una invitación a reflexionar en la importancia del agua, sin la cual las personas y las comunidades no pueden vivir. Como factor indispensable de la actividad humana, el agua es un elemento básico de la seguridad alimentaria. Además, no podemos olvidar que el agua, símbolo usado en los ritos comunitarios de muchas religiones y culturas, significa pertenencia y purificación. En el cristianismo, el agua se usa como signo de un proceso de transformación y conversión interior. De su valor simbólico brota la invitación a ser plenamente conscientes de la importancia de este bien tan valioso y, en consecuencia, a revisar los modelos actuales de comportamiento, para garantizar, ahora y en el futuro, que todos los pueblos tengan acceso al agua indispensable para sus necesidades, y que las actividades productivas, en particular la agricultura, puedan gozar de cantidades adecuadas de este recurso inestimable. La creciente conciencia de que el agua es un recurso limitado, pero absolutamente esencial para la seguridad alimentaria, hoy está llevando a muchos a cambiar de actitud, un cambio que se ha de fomentar por el bien de las generaciones futuras.
- Las conclusiones de los recientes encuentros internacionales han demostrado que la lucha contra el hambre y la desnutrición, y más generalmente la lucha contra la pobreza y en defensa de los ecosistemas de la tierra, se ha de librar en situaciones muy diferentes y en medio de intereses opuestos. El primer paso en este esfuerzo consiste en alcanzar un equilibrio sostenible entre el consumo y los recursos disponibles.Todos somos conscientes de que este objetivo no puede alcanzarse sin prestar atención a los principios fundamentales del orden ético y moral, principios arraigados en el corazón y en la conciencia de todo ser humano. De hecho, el orden de la creación y su delicada armonía corren el peligro de quedar irremediablemente alterados. La sabiduría bíblica nos recuerda que no debemos abandonar el "manantial de aguas vivas para hacer cisternas, cisternas agrietadas" (Jr 2, 13).Podemos ver aquí una advertencia con respecto a nuestra situación actual. En otras palabras, se nos recuerda que las soluciones técnicas, independientemente de su grado de desarrollo, no son útiles si no tienen en cuenta el carácter central de la persona humana, que, en sus dimensiones espiritual y material, es la medida de todos los derechos y, por tanto, debe ser el criterio guía de los programas y de las políticas.
- Sólo si el acceso al agua se considera un derecho de las personas y de los pueblos se garantizarán, de forma legítima y respetuosa, niveles adecuados de desarrollo en todas las áreas geográficas. Para que suceda esto, la política internacional debe prestar nuevamente atención al inestimable valor de los recursos hídricos, que a menudo no son renovables y no pueden ser patrimonio exclusivo de unos pocos, puesto que son un bien común de toda la humanidad. Por su misma naturaleza, "deben llegar a todos en forma equitativa bajo la guía de la justicia y el acompañamiento de la caridad" (Gaudium et spes, 69).
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Los bienes de la tierra están destinados a todos los hombres (Gaudium et spes, 69) (1965)
Dios ha destinado la tierra y cuanto ella contiene para uso de todos los hombres y pueblos. En consecuencia, los bienes creados deben llegar a todos en forma equitativa bajo la égida de la justicia y con la compañía de la caridad. Sean las que sean las formas de la propiedad, adaptadas a las instituciones legítimas de los pueblos según las circunstancias diversas y variables, jamás debe perderse de vista este destino universal de los bienes. Por tanto, el hombre, al usarlos, no debe tener las cosas exteriores que legítimamente posee como exclusivamente suyas, sino también como comunes, en el sentido de que no le aprovechen a él solamente, sino también a los demás. Por lo demás, el derecho a poseer una parte de bienes suficiente para sí mismos y para sus familias es un derecho que a todos corresponde. Es éste el sentir de los Padres y de los doctores de la Iglesia, quienes enseñaron que los hombres están obligados a ayudar a los pobres, y por cierto no sólo con los bienes superfluos. Quien se halla en situación de necesidad extrema tiene derecho a tomar de la riqueza ajena lo necesario para sí. Habiendo como hay tantos oprimidos actualmente por el hambre en el mundo, el sacro Concilio urge a todos, particulares y autoridades, a que, acordándose de aquella frase de los Padres: Alimenta al que muere de hambre, porque, si no lo alimentas, lo matas, según las propias posibilidades, comuniquen y ofrezcan realmente sus bienes, ayudando en primer lugar a los pobres, tanto individuos como pueblos, a que puedan ayudarse y desarrollarse por sí mismos.
(Texto íntegro en la zona de descargas)
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